EL NOVELISTA

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EL NOVELISTA

 

Cuando el médico le diagnosticó el cáncer, se le cayó el mundo encima.

Acababa de cumplir 42 años y calculaba que le quedaban por lo menos otros 40 por delante. Pero de un plumazo se los habían arrancado y oía como le decían que, aunque nunca podía saberse con exactitud, se suponía que en 2 años todo habría terminado, dado lo avanzado de su enfermedad.

Avisó por teléfono al instituto que no iría ese día a dar sus clases y se dirigió a su casa, donde se derrumbó en el sofá. A su mente llegaban toda clase de pensamientos, de los que el suicidio le parecía el más apropiado. Para qué pasar 2 años de sufrimientos en aumento, si podía acabar de una vez en 1 minuto. Con abrir la ventana y tirarse al vacío, todo se acabaría de la forma más sencilla. Pero algo le decía que 2 años, eran 24 meses y estos a su vez 720 días de 24 horas.

El daba clases de literatura  a los alumnos de bachillerato en un instituto, pero eso lo hacía para su manutención, pues su verdadera vocación era la de novelista y ya llevaba publicadas 4 novelas, con una atención creciente por parte de la crítica y unas ventas suficientes para complementar su salario de docente. En realidad su sueño era poder dedicarse en exclusiva a escribir, pero sabía que aun no había llegado el momento de dar ese paso trascendental. Como era muy metódico, había previsto escribir 15 novelas a lo largo de su vida, cifra a la que había llegado convencido de que sería suficiente para alcanzar su meta literaria.

Ahora, sin embargo, no disponía de 40 años para lograrlo, sino de 2 ridículos años, en los que como mucho podría escribir su quinta novela, eso si la enfermedad no se lo impedía.

Mientras barajaba ideas en su cabeza, recordó que su madre le había dejado al morir una casita en el pueblo, la cual él había restaurado y alquilado. El alquiler vencía el mes siguiente y los inquilinos ya le habían anunciado que se iban a trasladar a otra parte del país. Así pues, este era un momento propicio para venderla y conseguir de paso unos ahorros suficientes para poder vivir los 2 años que le habían pronosticado. En tal caso podría dejar el instituto y dedicarse por completo a escribir todos los días a su antojo.

Hizo cálculos mentales y llegó a la conclusión de que si se dedicaba 12 horas al día a escribir, sumaría 84 horas cada semana, cuando hasta la fecha le dedicaba  solo 10 o 12 horas semanales, es decir  como la octava parte. Continuó con sus cálculos de modo que llegó a la conclusión de que si cada dos meses escribía una novela (lo cual equivaldría a 720 horas de trabajo) podría llegar a terminar las 11 que le faltaban para completar la cifra de 15 que se había propuesto. Calibró si debía elegir el suicidio o la locura de escribir 11 novelas en 2 años y paradójicamente se decantó por esto último.

Al día siguiente pidió la baja en el instituto, puso la casa del pueblo en venta y se aprovisionó de café y cigarrillos. Seguidamente abrió su portátil y comenzó a teclear sin descanso, mientras consumía tazas de café cargado y llenaba ceniceros con colillas. Así permaneció 6 horas seguidas; luego se preparó un par de sándwiches  y descansó una hora, al cabo de la cual volvió al ordenador con renovados ímpetus. Cuando terminó su primera jornada había escrito 10 folios, lo que le pareció suficiente y se fue directamente a la cama donde, pese al café consumido, se desplomó como un tronco.

Al cabo de una semana ya tenía establecida la rutina diaria. Se levantaba a las 9 y tras ducharse y desayunar, se sentaba frente al ordenador, donde escribía 4 horas hasta las 14.00. A continuación comía y descansaba hasta las 16.00, hora en que comenzaba otro turno de 4 horas de escritura. A las 20.00 salía pasear una hora y tras cenar a las 21.00, reanudaba a las 22.00 el último turno de trabajo hasta las 02.00, hora en la que se acostaba extenuado.

Consiguió llegar a una media de 12 folios diarios, que mantenía con tenacidad, de modo que a los 2 meses  completó su quinta novela, que inmediatamente entregó a su editor. La novela tuvo buena crítica y el número de lectores se incrementó con respecto a las 4 anteriores.

No obstante, sin descanso, inició la sexta al mismo ritmo que ya tenía establecido de 1 folio a la hora, como media. En esta sexta novela el argumento fue más intrincado y la resolución brillante.

Cuando la entregó al editor no se habían cumplido todavía 4 meses desde que comenzó su aventura. La novela fue galardonada con un premio de la crítica y se tradujo a 4 idiomas.

La séptima, octava y novena empezaron a cimentar su fama literaria, de tal modo que la última fue traducida a 12 idiomas, y llegó a vender 80.000 ejemplares.

Cuando comenzó a escribir la décima faltaban 16 días para completar el primer año desde su diagnóstico, así que el ritmo era justo el que se había propuesto en un principio.

Esta la acabó en 53 días y tuvo un éxito inmediato, hasta el punto de que hubo de ser reeditada en 3 ocasiones, para satisfacer la demanda de los lectores.

Aunque su salud se iba quebrantando visiblemente, no cejaba en su empeño espoleado por la  buena  acogida que recibían sus novelas. Así que cuando comenzó la decimocuarta faltaban ya solo tres meses y medio para cumplirse el plazo de los 2 años que le habían otorgado los médicos.

Ahora ya no seguía la rutina, pues sus fuerzas menguaban día a día, de manera que escribía recostado en la cama sobre unos cojines. Había contratado una mujer para que se encargase de  la casa y le preparase la comida y una enfermera para atenderle por las noches. Pero en cualquier caso de su ordenador seguían saliendo las palabras que el tecleaba con los dedos faltos de energía.

El triunfo arrollador de esta novela, le supuso el reconocimiento mundial y la candidatura a premios internacionales, traduciéndose a 42 idiomas. La primera tirada fue de 500.000 ejemplares y tuvo que ser reeditada en un plazo muy breve.

Cuando inició la escritura de la decimoquinta y última, restaban apenas 56 días para llegar a los 2 años de vida que le habían pronosticado. Su enfermedad era terminal pues se había producido ya la metástasis en su organismo, y aunque él era consciente de su estado, no quiso poner punto final a su andadura literaria sin culminar su obra, tal y como lo había planeado. Para entonces, la fiebre, los dolores y el cansancio le tenían postrado, pero no se sabe de dónde sacaba fuerzas para seguir escribiendo todos los días al mismo ritmo que tenía por costumbre.

A ratos entre delirios, a ratos entre neblinas, a ratos somnoliento, a ratos drogado por los calmantes, no dejaba de teclear párrafos enteros y conseguir reunir los 12 folios diarios que necesitaba para concluir la novela antes de que la enfermedad pusiera punto final a su existencia.

Una semana antes de cumplirse el segundo aniversario la completó exhausto. Los editores le habían dado una sustanciosa suma de adelanto por los derechos de su publicación, por lo que a estas alturas era de hecho millonario, aunque eso a él no le importaba lo más mínimo. En esta ocasión se editaron un millón de ejemplares para cubrir la demanda prevista. Se lanzó al mercado con gran publicidad en los medios y se puso a la venta inmediatamente.  No habían transcurrido ni 12 horas desde su lanzamiento, cuando las redes sociales hervían de internautas que comentaban que la novela no tenía pies ni cabeza, que era absolutamente incomprensible y que incluso la mayoría de las palabras no existían en ningún idioma conocido.

Las ventas, que habían comenzado por la mañana se paralizaron inmediatamente, y del millón de ejemplares editados quedaron sin vender
más de 950.000.

La editorial se declaró en bancarrota al no poder atender las facturas de los acreedores y los ejemplares no vendidos fueron quemados en piras gigantescas.

Pero la reacción del novelista no fue de desesperación, al haber fracasado  cuando su obra llegaba a su culminación, justo cuando esperaba que su novela fuese imperecedera.

Tampoco se resignó pensando que el éxito ya lo había conseguido con sus obras anteriores, las cuales le habían dado renombre y gran consideración.

No, en realidad no se supo a ciencia cierta su reacción, por cuanto falleció la noche anterior a la publicación de la novela.

 

 


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