Miedo a las inyecciones, miedo a la oscuridad, miedo a...

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Enviado el , clasificado en Intriga / suspense
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     Desde pequeña siempre me ha dado miedo la oscuridad.

        Bueno, la oscuridad y las inyecciones, aunque el miedo a estas, a medida que fui cumpliendo años y ganando en perspectiva, fue desapareciendo.

     Sin embargo, con el miedo a la oscuridad no ocurrió lo mismo, a mis 34 años sigue ahí presente, y cada vez que suena un ruido y la luz está apagada, me entra una sensación de desasosiego muy grande. 

    Hace muchos años, casi veinte, el miedo a lo segundo, a las inyecciones, estaba muy presente en mi vida, la amenaza era real. Recuerdo aquella tarde de verano como si fuese ayer. Estaba de vacaciones en la casa del pueblo, con mi madre. Fuera hacía sol y un grupo de niños y niñas reían jugando a perseguirse. 

      Yo no estaba con ellos, estaba en cama. Hacía dos días una tormenta me había sorprendido y había llegado a casa empapada y estornudando. Aquello fue a peor. La tos seca se agarró a la garganta y la garganta se infectó. 

Mi madre decidió llamar al médico.

          Incluso entonces, con el miedo metido en el cuerpo, creo que era consciente de la necesidad de que me curasen, aunque aquello no fuese muy agradable. Sin embargo, mi mente, selectiva, se empeñaba tozudamente en recordar aquel episodio del pasado, en casa de mi primo mayor. La puerta estaba entornada, la habitación en penumbra. No ví nada, pero oí sus sollozos y me quede con la frase de mi tía, que sonaba a condena.

 " El niño llora porque le han pinchazo en el culete".

        Después de aquello imagine muchas cosas, probablemente exageradas, pero claro, yo entonces no sabía eso y en aquel momento la imaginación me parecía muy real.

       El caso es que cuando mi madre fue a abrir al doctor, yo me levanté en pijama y miré a mi alrededor como un animal encerrado en busca de escapatoria. Estaba débil, pero el peligro inminente multiplicaba mis fuerzas. Los pasos se acercaban, no había tiempo para pensar, me tiré al suelo y rápidamente me arrastré bajo la cama, sin mirar ni siquiera,  si algún coco se escondía allí, en la temida oscuridad.

        Recuerdo que mi madre dijo algo de ir a buscarme cuando no me vio. También recuerdo que el médico dijo que iba a preparar la medicina. Recuerdo que el "eufemismo" no me engañó, que sabía que estaba preparando algo que me iba a doler.

Mi madre volvió. 

"No está." dijo.

A lo que el hombre respondió, "no andará lejos".

      Creo, sinceramente, que tarde o temprano hubieran dado con mi improvisado escondite. Aun así, adelanté el momento al toser. Mi madre levantó las faldas de la cama y me miró con esa cara que ponía antes de ir a por la zapatilla. Intenté huir por el otro lado, pero sus manos me agarraron con fuerza por los tobillos y tiraron de mi.

       Luego, de alguna manera, quedé tumbada boca abajo sobre la cama. Levanté la vista, ví la jeringa coronada por una aguja enorme,y empecé a llorar de lo nerviosa que estaba. Apenas sentí vergüenza cuando me desnudaron, apenas noté el alcohol sobre mi nalga, solo fui consciente del picotazo y del escozor del líquido.

   Dolió, pero el drama que monté no era ni de lejos proporcional a los hechos.

       Como decía, hoy tengo miedo, sobre todo, a la oscuridad. A lo que se puede esconder en ella a...

      "Solo ha sido un ruido".... además, aquí hay luz, si no no podría estar escribiendo estas líneas. Acabo de sonreir, siempre sonrío cuando digo algo que me parece de perogrullo, también cuando algo me preocupa.

       A lo mejor soy un poco tonta por preocuparme de algo que pasa todos los días cuando el sol se retira a descansar.

       Las cortinas tapan los cristales de la ventana protegiéndome de la noche. La puerta de la habitación está abierta, el pasillo... imposible saber que hay allí, ya que está lleno de sombras y  falta la luz.

"Otra vez el ruido. ¿Lo habré imaginado?, ¿estará solo en mi cabeza o será real?"

     Por un momento miro a la cama de mi habitación. Por un momento pienso en meterme ahí debajo.

    Se oyen pasos... imposible, hoy no estoy enferma. Lo voy a hacer otra vez, me voy a meter debajo de la cama y voy a estar muy callada... para que no me oigan, para que no...


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