CUENTOS DE LA LUNA ROTA (13)

Por
Enviado el , clasificado en Amor / Románticos
18 visitas

Marcar como relato favorito


   CUENTOS DE LA LUNA ROTA (13)



                       DIGRESIÓN


La mano se distanció trémula y sudorosa de picaporte. Lo vio reflejado en el largo rectángulo del vidrio de la puerta. Sin prolegómenos: lo había amado; ¿cuantas noches no lo habría amado en sueños, humedos, violentos...?; se había despertado con el llanto de la desesperación y el abandono en los labios fruncidos, el moqueo sobre el labio superior; el puño cerrado sobre la tela blanca de la sábana...

Sus ojos se convirtieron en una brújula que buscaba el norte móvil de la imagen refleja. ¿Y el corazón? El maldito reloj desacompasado golpea violento y libertario en su pecho aún juvenil, todavía desamparado de afectos desde que él se fue. Cada "ahora" es ya un "fue": exactamente como ella se narraba a sí misma lo que estaba pasando.

Continuaba llevando sus cabellos lacios y caídos a cada lado de la cara, cubriendo parte de las mejillas; cazadora tejana, pantalones blue jeans, zapatillas deportivas de las antiguas, sin marca...; su aire indolente. El paso medido: un pie muy cerca del otro como si bailara frente al mundo. Algo despectivo, incluso groseramente altivo.

La imagen de disgregó. ¿Le había visto de verdad? ¿De verdad era él...?

Y ahora, ahora mismo: ¿qué se quebró en su pecho? «Podría ir tras él: lo alcanzaría. De nuevo sus ojos verdes puros, amables, comprensivos, ardientes en la cama, suplicantes cuando se despertaba en las pesadillas... y crueles en la despedida.

Apretaba el picaporte helado. A través del cristal otra imagen: la del hall vacío, la lámpara de diseño, blanca, indiferente; los suelos de mármol negro, la luz cenital ambarina, con sus ojos de párpados metálicos dorados. ¿Y el calor de la imagen de ek9? ¿Por qué había permitido ella que se disolvuera ante sus ojos anhelantes?

Giró, al fin, el picaporte con sus manos frías y temblorosas. El aire del pasillo la recibió sin memoria. Ni rastro, ni pasos, ni ese vaivén insolente que creía reconocer sin pensar, sin ver..... sólo el eco de sus propios pies, demasiado presentes, demasiado solos. Avanzó unos metros, como si el cuerpo supiera algo que la razón negaba, y se detuvo.

Entonces comprendió: no era él quien se había disuelto.

Era la imagen.

Y, sin embargo, el temblor persistía, como si en algún pliegue del tiempo todavía caminara, ajeno, con esa forma de no mirar que tanto dolía.

Soltó el picaporte que ya no sostenía nada y, por primera vez en mucho tiempo, no corrió tras el recuerdo.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed