CREEP capítulo dos

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Kaira dejó el tarro de cerezas sobre la encimera con un movimiento preciso, sin ruido, sus ojos avellana recorrieron el rostro de Gabriel, no se detuvieron con lástima en la cicatriz de su labio ni esquivaron su nariz prominente, lo miró como quien analiza un plano complejo, con esa sobriedad analítica de quien nació bajo el signo de la tierra, un 9 de septiembre, su seguridad era espontánea, casi desapegada.

?—Te quedaste dormido sobre los planos otra vez —dijo ella, no era una pregunta, era una observación técnica—. Tienes la marca de la regla en la mejilla.

?Gabriel se llevó la mano a la cara, avergonzado, sintiendo el calor subir por su cuello, la naturalidad de Kaira era lo que más lo perturbaba. Si ella fuera una "diva", él podría despreciarla o alejarse; pero su tranquilidad lo obligaba a bajar la guardia, y eso era lo peligroso.

?—Son para el lunes —logró articular él, sintiendo que su voz sonaba demasiado grave en el silencio de la cocina.

?Kaira sonrió, no fue una sonrisa de conquista, sino una de camaradería sobria que, irónicamente, resultó mucho más devastadora para Gabriel, ella dio un paso hacia él, trayendo consigo ese aroma frutal y aquel rastro de brandy que parecía ser su única concesión al desorden, se detuvo a una distancia que cualquier otro consideraría normal, pero que para Gabriel, consciente de la transparencia de ese chaleco de hilo blanco, era una zona de desastre.

 

?—Mi papá y Gloria traerán comida tailandesa —comentó ella, mirando el reloj de la pared con precisión—. Deberías lavarte la cara. Te ves... —hizo una pausa corta, analizándolo de arriba abajo con una calma que le robaba el aliento— ...atribulado, Gabriel

 

?Él asintió, incapaz de sostener la mirada por más de tres segundos. En la mente de un arquitecto, la belleza de Kaira era una estructura perfecta que él no sabía cómo habitar sin destruir los cimientos de su propia familia. Ella, en cambio, se movía por la cocina como si el mundo entero estuviera exactamente donde debería estar.

 

Kaira no se movió con prisa, sus movimientos tenían esa economía de gestos de quien sabe exactamente cuánto espacio ocupa en el mundo, extendió la mano hacia la mesa y tomó su Walkman Sony, un objeto de plástico negro y bordes redondeados que en sus manos parecía un artefacto sagrado.

?Con una calma que a Gabriel le pareció casi cruel, conectó el cable a unos mini parlantes portátiles. El clic de la tecla Play sonó como el martillo de un arma antes de disparar, la guitarra distorsionada de Creep volvió a llenar la cocina, pero esta vez con una intención distinta. Kaira no se alejó; se apoyó contra la encimera, cruzando sus piernas enfundadas en las calcetas rosadas, y empezó a tararear. Su voz era suave, casi un susurro que cortaba el aire denso de la cocina.

?— “You float like a feather... in a beautiful world...” —cantó, y por un segundo, sus ojos avellana parecieron brillar con una luz analítica, fija en Gabriel, él se sintió como una estructura de papel frente a un ventilador, ella siguió, su voz ganando una pizca de intensidad justo en la parte más cruda, esa que hablaba de no pertenecer, de ser un extraño en un mundo de belleza:

?— “I wish I was special... you’re so fucking special... But I'm a creep... I'm a weirdo...”

?Kaira detuvo su canto, pero dejó que la música siguiera fluyendo.

 

Se acercó un paso, invadiendo ese espacio que Gabriel intentaba proteger, sus uñas pintadas de blanco rozaron la etiqueta del tarro de cerezas antes de clavar la mirada en los ojos oscuros y pequeños de él.

?— ¿Sabes lo que dice la letra, Gabriel? —preguntó ella, con una curiosidad que no parecía inocente—. ¿Sabes de qué trata realmente?

?Gabriel tragó saliva, sintiendo que la cicatriz de su labio palpitaba, ella lo estaba diseccionando, sabía que él se sentía el "creep", el bicho raro al lado de su perfección, pero lo que era más peligroso: ella estaba jugando a que ella era la que no pertenecía allí, invirtiendo los roles para confundir sus defensas.

?— Dice que alguien se siente fuera de lugar —logró responder él, con la voz un poco rota—. Que alguien no es lo suficientemente bueno para estar cerca de lo que admira—

?Kaira ladeó la cabeza, su melena rubia rozando el blanco de su chaleco, una sonrisa imperceptible, casi clínica, asomó en sus labios.

?— Interesante —dijo ella, acortando la distancia hasta que Gabriel pudo oler de nuevo ese brandy frutal—. Yo creo que habla de alguien que no puede dejar de mirar lo que desea, aunque sepa que lo va a destruir, ella no era una diva, era algo mucho más peligroso: una estratega que conocía el material del que él estaba hecho. No quería devorarlo, al menos no todavía; quería ver cuánto peso podía soportar su estructura antes que él cediera.

 

Kaira se separó de él con la misma naturalidad con la que se había acercado. El juego de la gata se detuvo por un instante, dando paso a algo más denso, volvió a su lugar junto a la encimera, pero esta vez no lo miró a él. Inclinó la cabeza hacia atrás, dejando que su melena rubia colgará hacia el suelo, y clavó los ojos en las vigas del techo de madera terciada.

?— “What the hell am I doing here?... I don't belong here...” —tarareó, casi para sí misma.

?La música del Walkman parecía flotar en el aire caliente de la cocina, mezclándose con el olor a brandy y cerezas. Kaira bajó la vista lentamente, pero no hacia Gabriel, sino hacia sus propias manos, que apretaban el borde del mueble.

?— Sabes, Gabriel... —dijo con una voz que había perdido su filo analítico para volverse opaca—. Yo soy una creep, siento que no encajo en este mundo.

?La declaración golpeó a Gabriel con más fuerza que cualquier seducción. Él, que había pasado toda su vida sintiéndose un error de diseño, una estructura con fallas visibles en el labio y en el alma, no podía procesar que "la perfección" compartiera su mismo diagnóstico.

?— ¿Por qué? —preguntó Gabriel, la palabra salió pequeña, cargada de una curiosidad genuina que venció, por un momento, a su miedo.

?Kaira no respondió de inmediato. Apretó los labios, formando una línea fina y tensa que borró su sonrisa. Sus ojos de avellanas se oscurecieron, perdiéndose en algún punto del suelo de baldosas.

?— No lo sé —respondió finalmente, y él "no lo sé" sonó a la vez honesto y aterrador.

 

 


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