CREEP capítulo tres

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En ese silencio, Gabriel sintió una urgencia peligrosa, quería decirle que si ella no encajaba, entonces el mundo era el que estaba mal construido, quería cruzar la cocina y decirle que él entendía ese vacío mejor que nadie, pero se quedó quieto, consciente de que ese sentimiento de "hermandad en la miseria" era el cebo más efectivo que Kaira podría haber lanzado, si ambos eran extraños, si ambos eran creeps, entonces las reglas de Rodolfo y Gloria, las reglas de la arquitectura y la moral, ya no se aplicaban a ellos, estaban solos en un mundo que no los comprendía, y esa era la base más peligrosa sobre la cual construir cualquier cosa.

 

?El silencio que siguió a la confesión de Kaira no duró nada. Antes de que Gabriel pudiera procesar la tristeza de sus labios apretados, el Walkman escupió un sonido distinto: cuatro acordes sucios, secos y violentos. La batería de Dave Grohl entró como un martillo rompiendo una pared.

?— ¡Oh, qué buena! —exclamó Kaira.

?El cambio fue instantáneo. La chica vulnerable y analítica de hace un segundo desapareció tras un torbellino de melena rubia, empezó a bailar con una energía desordenada, sacudiendo los hombros al ritmo de Smells Like Teen Spirit, sus Converse blancas golpeaban el piso de la cocina con una confianza que hacía vibrar las tazas en los estantes.Gabriel se quedó petrificado, con la espalda pegada a la puerta no sabía qué hacer con sus manos ni con su cuerpo, el era un chico de planos, de ángulos rectos, de estructuras estables; y Kaira era, en ese momento, puro movimiento sísmico,

?de pronto, ella extendió el brazo y, sin dejar de moverse, lanzó el tarro de cerezas con una parábola perfecta hacia él.

?— ¡Atrapa! —gritó sobre el estruendo de la guitarra de Kurt Cobain.

?El instinto de Gabriel fue más rápido que su timidez, sus dedos largos de pianista o de dibujante se cerraron sobre el metal frío del tarro justo antes de que golpeara su pecho. El impacto le dolió un poco, pero el choque de realidad lo sacó del trance. ?Kaira se detuvo un momento, con el cabello cubriéndole la mitad del rostro y la respiración empezando a agitarse, el chaleco de hilo blanco subía y bajaba con sus pechos, revelando de nuevo esa transparencia que a Gabriel lo hacía sentir que estaba pecando solo por tener ojos.

?— ¡Vamos, lánzamela! —desafió ella, con una chispa salvaje en sus ojos avellana.

?Gabriel miró el tarro en sus manos, era un objeto pequeño, insignificante, pero en ese juego se había convertido en el único puente entre su mundo rígido y el universo eléctrico de ella, si lanzaba el tarro, aceptaba el juego, si lo lanzaba, aceptaba que ya no era solo el "hermanastro" tímido, sino un jugador en una partida que podría terminar con la casa en llamas.

?

Él apretó el labio superior sintiendo la cicatriz bajo sus dientes, y por primera vez en toda la tarde, una sonrisa torpe y nerviosa asomó en su rostro, separó los pies, buscó el equilibrio y lanzó el tarro de vuelta, no con miedo, sino con la precisión de quien decide que, por una vez, las estructuras están hechas para ser desafiadas, el juego comenzó,la paz y la calma volvieron a Gabriel, era el paso que Kaira deseaba, que la confianza derritieran el miedo de hielo que a Gabriel lo tenía congelado.

 

?El estruendo de Nirvana todavía rebotaba en las paredes cuando la puerta se abrió de par en par, la entrada de Rodolfo y Gloria trajo consigo el aire fresco de la calle y el olor a comida tailandesa, interrumpiendo el microclima eléctrico que Kaira había construido.

?— ¡Lánzamelo, hija! —bramó Rodolfo con una carcajada ronca, contagiado por el caos rítmico de la cocina.

?Kaira no lo dudó con la misma fluidez con la que había estado jugando con Gabriel, giró sobre sus Converse y lanzó el tarro de cerezas con la potencia y precisión de un mariscal de campo, el objeto surcó el aire de la sala, pasando por encima de las sillas carmesí, hasta que Rodolfo, en un desplante de agilidad impropio de su edad, se lanzó sobre el sillón café para atraparlo contra su pecho.

?— ¡Anotación! ¡ Touch Down!—gritó él desde el sofá, riendo con la satisfacción de un niño se puso a bailar de una forma descoordinada, Kaira se puso al frente de su padre y empezó a bailar moviendo las piernas como un baile pascuense y a mover los brazos como alas de pollo.

?Gloria se quedó en el umbral, con las bolsas de comida en las manos, mirando la escena con una mezcla de asombro y alivio, por un momento, el orden rígido de su casa se había transformado en algo vivo y desordenado, pero lo que más la impactó no fue la pirueta de su futuro marido, sino la cara de su hijo.

?Gabriel estaba allí, de pie junto a la mesa de madera, con el cabello crespo revuelto y una sonrisa auténtica que le iluminaba los ojos negros, hacía años que Gloria no veía a Gabriel tan... conecado, para ella, esa sonrisa era la prueba de que la "nueva familia" estaba funcionando, de que su hijo finalmente había encontrado un lugar donde encajar.

?— Veo que ya se llevan bien —dijo Gloria con una voz suave, dejando la comida sobre la mesa de madera —. Me alegra tanto que te estés divirtiendo, Gabriel—

?Gabriel asintió, pero cuando su mirada se cruzó con la de Kaira, sintió un vuelco en el estómago, ella lo miraba de reojo mientras se acomodaba la melena rubia, con esa expresión analítica de Virgo que solo él parecía notar. Rodolfo y Gloria veían una integración familiar perfecta; Gabriel, en cambio, sentía el peso del secreto que acababa de nacer entre los acordes de Kurt Cobain, habían construido un puente, sí, pero Gabriel sabía —como buen estudiante de arquitectura— que algunos puentes están diseñados para colapsar bajo demasiada presión.

?— ¿Comemos? —preguntó Kaira con una naturalidad aterradora, como si hace cinco minutos no hubiera estado diseccionando el alma de Gabriel con una canción.

 


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