CREEP capítulo cuatro

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Desde la mesa del comedor, el marco de la puerta de la cocina funcionaba como una pantalla de cine antiguo. Rodolfo y Kaira se movían en una coreografía de torpezas fingidas y risas estruendosas mientras servían la comida tailandesa. Rodolfo hacía malabares con los palillos y Kaira le seguía el juego con una rapidez mental que Gloria celebraba con carcajadas limpias. Era un show de Laurel & Hardy en pleno 1995, una comedia slapstick que llenaba la casa de una calidez inédita.

?Gloria se volvió hacia su hijo, con los ojos brillando de satisfacción.

?— Veo que te llevas bien con Kaira —le dijo en un susurro, como si no quisiera romper el encanto del momento.

?Gabriel jugueteó con la servilleta carmesí, sintiendo el peso de la mirada de su madre. La palabra "bien" se le quedaba corta, o quizás, le quedaba prohibida.

?— Sí, mamá, pero… —empezó a decir, y se detuvo.

?— ¿Pero qué? —Gloria lo miró con curiosidad, ladeando la cabeza.

?Gabriel buscó las palabras en su vocabulario de arquitecto, intentando describir una estructura que se veía sólida por fuera pero que vibraba peligrosamente por dentro.

?— Es muy… muy… —hizo una pausa, tragando saliva mientras veía a Kaira reírse de un chiste de su padre en la cocina—. Es muy loca y espontánea. Y me gusta su sarcasmo. Es… diferente—

?Gloria le puso una mano sobre la suya, con una ternura que a Gabriel le dolió en el pecho.

?— Te está haciendo bien estar con ella, hijo. Ahora eres el hermano mayor, ella cumplió recién los 18, necesita ese anclaje que tú tienes.

?"Hermano mayor". La frase cayó sobre Gabriel como una losa de hormigón. Gloria le estaba asignando una labor, un rol estructural dentro de esa nueva familia: el protector, el guía, el pilar, pero mientras escuchaba a Kaira imitar la voz de un locutor de radio antiguo desde la cocina, Gabriel sabía que el anclaje se estaba soltando.

?Kaira apareció en el comedor cargando una fuente de Pad Thai, moviéndose con esa melena rubia alborotada por el baile de hace un momento. Al pasar al lado de Gabriel, su cadera rozó ligeramente el hombro de él. Fue un contacto fugaz, casi accidental, pero sus ojos avellana se clavaron en los de él con esa precisión de Virgo que Gloria no podía ver.

?— ¿De qué hablan los intelectuales de la casa? —preguntó Kaira con un tono cargado de ese sarcasmo que Gabriel acababa de elogiar—. ¿Están planeando cómo sobrevivir a la comida picante?

?Gloria rió de nuevo, encantada por la espontaneidad de la chica. Gabriel solo pudo forzar una sonrisa, sintiendo que el "show de los años treinta" era solo el telón de fondo de una función de terror y suspenso mucho más compleja que estaba a punto de empezar.

 

El comedor se había sumergido en ese silencio mecánico de las cenas familiares, donde solo el tintineo de los tenedores y la batalla perdida de Gloria contra los palillos marcaban el ritmo. Kaira, en cambio, manejaba la madera con la precisión de una experta, moviéndose entre los sabores tailandeses con una calma insultante.

?— ¿Está buena la cena? —preguntó Rodolfo, rompiendo el hielo.

?— Lástima que no pude con los palillos —suspiró Gloria, dejando el cubierto de madera con resignación.

?— Bueno, para eso están las manos —soltó Kaira con naturalidad.

?Tomó un camarón entre sus dedos, fue un gesto simple, pero Gabriel sintió que la temperatura de la sala subía varios grados. Kaira inclinó la cabeza hacia atrás, mirando al techo, y llevó el camarón a su boca. No fue un bocado rápido; Gabriel la miraba, petrificado, mientras ella movía la lengua alrededor del marisco con una lentitud deliberada, casi coreográfica, era una provocación envuelta en inocencia, un mensaje directo a los sentidos de Gabriel que sus padres, ocupados con sus platos, no lograban decodificar.

?— Así que Gloria me dijo que quieres comprometerte con una chica al salir de la universidad, ¿no? —preguntó Rodolfo, mirando a Gabriel.

?Gabriel se atragantó ligeramente con el arroz. El contraste entre la imagen erótica de Kaira y la pregunta sobre su futuro formal lo descolocó.

?— Sí… bueno, si es así, yo solo quiero sacar mi carrera primero —logró articular, sintiendo la mirada avellana de Kaira fija en él.

?— Bien, es una desicion sensata —asintió Rodolfo—. De hecho, mi sobrino José Luis piensa igual. ¿Te acuerdas de él, hija? El gordito.

?Kaira ni siquiera pestañeó, siguió mirando al frente con esa sobriedad de Virgo, pero sus palabras salieron como un dardo envenenado:

?— Sí… pero ese es gordo de puro semen acumulado.

?El efecto fue atómico. Gloria, que estaba bebiendo, soltó una risa explosiva que hizo que el vino tinto saliera disparado por sus narices. Gabriel apretó los dientes, intentando mantener la compostura de "hijo ejemplar", pero la risa le salió desde el pecho como el gas a presión de una bebida recién destapada.

?— ¡Kaira! —gritó Rodolfo, tratando de sonar severo, aunque sus ojos empezaban a brillar de diversión.

?— ¿Pero qué tiene? Solo digo la verdad —replicó ella, encogiéndose de hombros con una naturalidad aterradora.

?Rodolfo intentó mantener la mirada estricta, pero la risa de Gloria era contagiosa. Al final, el "Constructor Civil" se desmoronó y se unió a la carcajada general. En medio del caos de servilletas manchadas de vino y risas familiares, Kaira retomó su tono analítico y sereno.

?— Además, está bien —dijo, haciendo una pausa dramática mientras lanzaba una mirada relámpago a Gabriel, una que le atravesó los principios éticos, su timidez y las defensas morales—. Yo también esperaré… hasta que encuentre al hombre ideal—

?Ese último comentario quedó flotando en el aire como el humo de un cigarrillo. Para Gloria y Rodolfo, era la declaración de una chica joven y juiciosa. Para Gabriel, era una declaración de guerra.

 

Después de la comida, Kaira se levantó 

-¿ a dónde vas? Aún queda el postre— dijo su padre 

— voy a buscar algo para limpiar el desastre—

 

Kaira se puso de pie, un movimiento lento que pareció romper el aire tenso del comedor, no miró a Gabriel, pero la acción estaba dirigida a él. Inclinó la cabeza hacia atrás, dejando que su melena rubia, todavía alborotada, girará con un látigo suave de izquierda a derecha. Gabriel no pudo apartar la mirada de la curva expuesta de su cuello, con una economía de gestos que resultaba devastadora, subió ambas manos. Sus brazos se estiraron, tensando ligeramente la tela del chaleco de hilo blanco, mientras recogía el cabello y lo sujetaba en lo alto, era un gesto cotidiano, ejecutado con una calma insultante, la declaración final de que ella siempre controlaba la provocación.

 

 


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