CREEP capítulo seis
Por Pretorius
Enviado el 19/05/2026, clasificado en Amor / Románticos
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Mientras tanto, en el segundo piso cerca de la terraza había dos sillones donde uno podía disfrutar de la terraza cuando llovía y estaban dispuestos uno al lado del otro, Gabriel intentaba concentrarse en un corte transversal de un edificio que tenía en su cuaderno, pero sus oídos estaban sintonizados a otra frecuencia. Kaira estaba sentada en el sillón de al lado, cerca de él, ignorando el teléfono inalámbrico que no dejaba de sonar, siete llamadas, siete chicos que representaban la "normalidad" de una joven de dieciocho años en 1995, pero ella los había rechazado a todos.
?Gabriel la miró de reojo, ella estaba hojeando una revista tv grama, pero su mirada avellana no se movía por las páginas; estaba fija en él, analizando cómo sus dedos temblaban ligeramente al sostener el tiralíneas.
?— ¿Por qué no saliste? —preguntó Gabriel, rompiendo el silencio con una voz que le sonó extraña.
?Kaira cerró la revista sin hacer ruido, se levantó con esa gracia de gata y se sentó al lado de él, apoyando el codo sobre el respaldo del sillón , invadiendo el espacio de donde estaban las notas de Gabriel.
?— Porque el mundo de afuera es aburrido, Gabriel —dijo ella, bajando la voz para que sus padres no la oyeran desde la cocina—. Todos esos chicos son como edificios prefabricados, iguales, sin alma, se inclinó un poco más, y Gabriel pudo oler de nuevo ese brandy frutal mezclado con el aroma del papel nuevo.
?— En cambio tú... —continuó ella, estirando un dedo para rozar el borde de la regla metálica de Gabriel—, tú eres una estructura compleja. Y a mí siempre me han gustado los desafíos arquitectónicos.
?Gabriel sintió que el aire desaparecía, las palabras de su madre en la cocina sobre "ser el hermano mayor" y la "luz de la casa" resonaban en su cabeza como una advertencia de incendio, el era el anclaje, pero Kaira era la tormenta que estaba disfrutando ver cómo el ancla empezaba a ceder.
?— Tú tienes miedo y te comprendo —continuó ella, bajando el tono, convirtiendo la sala en un confesionario—. El mundo es malo conmigo... y también es malo contigo, a mí me ven como un objeto,un objeto sexual, por eso no confío en los hombres, me miran, pero no me ven.
?Gabriel tragó saliva, la honestidad de Kaira era un arma más peligrosa que su belleza, al mostrarse como una víctima del mundo, le estaba dando a él el papel de aliado, de alguien que, por sus propias cicatrices, era el único capaz de entenderla realmente.
?— Pero, ¿eso te da la opción de tener que sufrir encerrado? —preguntó ella, deslizando los dedos apenas unos milímetros, una presión mínima pero devastadora—. El mundo afuera puede ser tuyo, como también puede ser mío, solo tienes que relajarte... disfrutar lo que la vida te quiere dar.
Gabriel miró la mano de ella sobre su pantalón,en su mente de arquitecto, sabía que estaba cruzando una línea de propiedad, un límite que su madre y Rodolfo habían trazado con amor y esfuerzo, pero la lógica de Kaira era seductora: si el mundo era injusto con ellos por su apariencia o por su pasado, ¿por qué debían ellos respetar las reglas de ese mundo?
?— No podemos, Kaira... la familia... —alcanzó a decir él, aunque su voz carecía de convicción.
?Kaira apretó ligeramente la pierna de Gabriel y esbozó una sonrisa que no llegó a formarse, una sonrisa llena de ese sarcasmo triste que él tanto admiraba.
?— La familia es un plano en un papel, Gabriel. Lo que sientes ahora en la pierna... Eso es real, deja de pensar en el diseño y empieza a sentir la estructura, Gabriel se levantó y se encerró en su cuarto.
El silencio de la casa se volvió absoluto, los ruidos metálicos de la televisión se habían apagado y el eco de los pasos de Rodolfo y Gloria hacia su dormitorio marcó el fin de la jornada. Gabriel se quedó solo con la luz de su lámpara de escritorio, la única estructura brillante en medio de la penumbra de la sala, sus dedos, manchados de grafito, repasaban las líneas finales del corte transversal. Había logrado recuperar el ritmo, respirando aliviado porque la presencia eléctrica de Kaira se había desvanecido tras la puerta de su cuarto. "Solo son nervios", se dijo a sí mismo, intentando convencerse de que la tensión en la cocina había sido producto de su imaginación de arquitecto, siempre buscando catástrofes en los cimientos.
?Pero entonces, el aire cambió, no hubo ruido de pasos, solo un sutil desplazamiento de aire y el aroma a brandy frutal que ya se había instalado en su memoria sensorial. Gabriel sintió un peso cálido y suave sobre sus hombros, al voltear, el corazón le dio un vuelco que casi le hace soltar el tiralíneas.
?Kaira estaba allí, envuelta en un chaleco rosado que la hacía parecer más joven, casi frágil, si no fuera por la seguridad de su mirada, sus dedos rozaron el cuello de Gabriel al acomodar la manta, fue un contacto de apenas un segundo, pero la piel de Gabriel reaccionó como si hubiera tocado un cable de alta tensión.
?— Se está poniendo fresco —murmuró ella, su voz no tenía el sarcasmo de la cena ni la energía del grunge, era una observación plana, casi clínica, pero cargada de una intimidad que no necesitaba explicación, antes de que Gabriel pudiera decir "gracias" o articular una palabra, ella ya se había dado la vuelta.
—- perdón por lo del sillón yo, mira, es difícil, nuestros padres si se enteran — trato de justificarse Gabriel, Kaira le sonrió y empezó a tocarle el cabello — no te preocupes, fui yo que estoy demasiada, necesitada, solo quiero que comprendas qué no es justo que no tomes lo que te mereces, solo por culpa de la opinión del mundo, solo piensa en lo que trato de decirte— Kaira le sonríe con una serenidad que hizo que Gabriel mantuviera en silencio.
?La vio caminar hacia el pasillo, con la melena rubia balanceándose suavemente sobre el rosa del chaleco, el sonido de su puerta cerrándose con un click seco fue el punto final de la noche.
?Gabriel se quedó inmóvil bajo la manta. Estaba caliente, demasiado caliente, olía a ella, miró sus planos: la estructura que estaba dibujando era perfecta, simétrica y lógica,pero él, sentado allí en la oscuridad de octubre, se sentía como un edificio a punto de colapsar bajo el peso de un gesto tan simple como una manta sobre los hombros, ella no le había pedido nada, no le había dicho nada explícito, pero al cuidarlo, lo había marcado. Gabriel sabía que esa noche no iba a soñar con estructuras de hormigón, sino con el rastro de esos dedos sobre su cuello y el enigma de una chica que decía no encajar en el mundo, pero que encajaba perfectamente en cada una de sus debilidades.
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