Creep capítulo diez
Por Pretorius
Enviado el 01/06/2026, clasificado en Amor / Románticos
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Afuera, la luz del sol de octubre caía de sesgo sobre el pasto. Kaira, vistiendo aún el vestido corto y el escote en V del restaurante, se había instalado cerca del viejo tronco cortado del jardín. Gabriel no podía escuchar una sola palabra, pero la mímica era devastadora.
?Ella conversaba de forma amena, con una soltura que a Gabriel le cortaba la respiración, movía las caderas con suavidad, dictando un ritmo que solo ella y el tipo al otro lado de la línea compartían, en un movimiento pausado, levantó la mano y repitió el gesto del auto: se pasó los dedos por la melena rubia, enganchando el mechón izquierdo detrás de la oreja, como si estuviera escuchando un secreto prohibido, luego, ejecutó el golpe de gracia, levantó el pie izquierdo, apoyando la Converse blanca sobre la superficie rugosa del tronco cortado, al inclinarse, el vestido cedió y la mano que le quedaba libre comenzó a deslizarse de forma perezosa por su propia pierna, acariciando el muslo con la misma cadencia con la que obligó a Gabriel a hacerlo bajo la mesa del restaurante.
?Gabriel pegó la frente al vidrio frío, sintiendo que la cicatriz de su labio palpitaba con fuerza, cada movimiento de Kaira en el patio era una señal diseñada para él, ella sabía perfectamente dónde estaba su mesa de trabajo; sabía que él la estaba mirando desde la penumbra de la sala, al actuar de forma tan provocativa con un extraño, le estaba demostrando que el encaje negro y el calor de sus piernas eran un territorio que él había rechazado, pero que otros estaban más que dispuestos a conquistar, la gata no había dejado de jugar; simplemente había cambiado de estrategia, usando la distancia para obligar a Gabriel a desear lo que antes tanto le temía.
Kaira cortó la llamada y entró a la casa con paso rápido, manteniendo la cabeza baja mientras una sonrisa cómplice se dibujaba en sus labios, al cruzar el umbral del ventanal, levantó los dedos hacia su cuello y jugueteó con el escote en V de su vestido, tirando de la tela ligeramente hacia abajo en un gesto descarado, como si recordara algo íntimo de la conversación. Gabriel sintió el golpe directo en el estómago: para él, no había dudas de que el papel que él rechazó en el restaurante ya tenía dueño y que Kaira estaba planeando su próxima jugada fuera de esa casa.
El resto de la tarde-noche se disolvió en una confusión asfixiante. Gabriel deambulaba por la sala con los planos bajo el brazo, esperando un comentario, un sarcasmo, cualquier señal que rompiera el hielo, pero ella se mantuvo hermética, flotando en su propia órbita.
?A la hora de la cena, mientras Gabriel se preparaba un café negro cargado para intentar ordenar las piezas de su cabeza, sintió una mano suave posarse en su hombro.
?— ¿Tienes hambre? —preguntó Kaira. Su tono ya no tenía la urgencia erótica de la mañana; era plano, casi doméstico.
?Gabriel, sintiendo que esa pequeña muestra de aceptación era el único salvavidas que tenía, asintió de inmediato.
— Sí, sí tengo hambre.
?— Bien. ¿Qué tal si hago unas papas fritas con huevo? ¿Te gustaría?
?— Sí, me gustaría—
?Ella se movió hacia el mesón y encendió la radio de la cocina, el dial estaba sintonizado en la Rock & Pop, y la música empezó a llenar el espacio mientras el aceite comenzaba a chisporrotear en la sartén. Gabriel entró a la cocina con la excusa de ayudar, pero se quedó quieto al verla. Kaira estaba seria, tranquila., de vez en cuando esbozaba una sonrisa leve, pero era una risa para sí misma, para sus propios pensamientos, ya no era la chica desordenada que sacudía el tarro de cerezas al ritmo de Nirvana; era alguien que había cerrado las compuertas de su mundo privado y había dejado a Gabriel afuera, en la radio empezó a sonar “ Caliente “ se los Pericos, Kaira sonríe y aumenta el volumen, pero se mantiene tranquila, cuando suena el primer estribillo “ Cómo te digo, cómo te digo, como te digo mami, a mí me pone así, cómo te digo, cómo te digo, La soberana amanda, a mí me deja así, Caliente, caliente, caliente”… al interpretar el estribillo ella comienza a,mover las caderas de adelante hacia atrás, como un péndulo, en una coreografía erótica como si la llamada telefónica le hubiera abierto las puertas a una invitación sexual, Gabriel la miraba con ojos muy abiertos, sentía que su corazón se quemaba en el aceite juntos a las papas fritas pero antes de reaccionar ella a toda voz comienza a cantar la segunda estrofa “Ven, ven, cómo mueve la patita, Ven, ven ven, si es la leyenda aquí.. " y al sonar es segundo estribillo Kaira intensifica el movimiento de sus caderas y levantando la mano con el espumero empieza a doblar las rodillas unos cuantos centímetros, luego se detiene retoma la postura y le dice a Gabriel
?— Pon la mesa, por favor —le pidió sin mirarlo.
?Sirvió las papas fritas con los huevos encima, y se sentaron a comer en un mutismo técnico,la conversación que siguió fue la de dos hermanos normales, una fachada perfecta. Kaira le preguntó de forma casual por sus estudios, por la entrega del lunes, y Gabriel respondía con monosílabos, con los celos quemándole la garganta, quería sacar el tema de la llamada del patio, quería exigirle saber quién era el tipo del papel, pero la timidez y el miedo a romper la tregua le amarraban la lengua, de pronto, la pesadez del comedor se rompió con unos pasos pesados. Rodolfo entró al comedor todavía con los ojos un poco achinados por la siesta. Se acercó a Kaira por la espalda, la rodeó con sus brazos de constructor y le plantó un beso cariñoso en la mejilla.
?— Te voy a contar un secreto, hija —le susurró Rodolfo al oído con una sonrisa cómplice que le iluminó el rostro.
?Kaira cambió instantáneamente, dejó atrás la seriedad y soltó una risa alegre, asintiendo como si compartiera un código antiguo con su padre, se levantó de la silla de golpe y comenzó a seguirlo hacia el pasillo. Gabriel, empujado por la curiosidad y por el alivio de romper la tensión con ella, se levantó también y caminó detrás de ellos en silencio, llegaron hasta la puerta entornada del dormitorio principal, al asomarse, la luz tenue de la lámpara de noche iluminaba a Gloria, que seguía profundamente dormida, ajena a todo el drama que había techado su casa ese domingo, pero lo que llamó la atención de los tres no fue solo su descanso, sino lo que Rodolfo tenía preparado para mostrarles
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