...Desde almohadas distintas

Por Cielo
Enviado el 07/03/2016, clasificado en Amor / Románticos
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“Cómo no amarte?” me dice con un semblante que refleja seriedad, ternura y algo de sorpresa en un solo gesto, mientras sonrío embelesado al pensar que me ha robado las palabras de la boca y me acerco para besarla nuevamente, al tiempo que mi mente se cuestiona cuántas veces me ha pasado lo mismo: que exprese mis pensamientos, o adivine lo que pasa por mi cabeza. Pareciera que nuestras mentes se han sincronizado de tal forma, que compartimos lo que pensamos del mismo modo en que hemos compartido un sentimiento en nuestros corazones, y una pasión que arde alimentada por la unión de nuestra mutua piel desnuda.

Nuestro beso es intenso y apasionado al mismo tiempo, ignorando por completo el lugar en el que estamos. Cuando nos separamos, me pregunta por qué sonrío, y al decirle la razón le escucho decir “Seguramente yo estaría igual si viera una pareja besándose de ese modo junto a mi mesa en el restaurante… pero no me importa” y la sonrisa que dibujan sus labios, me enamora todavía más.

Muerdo ligeramente su labio inferior y volvemos a besarnos, mientras nos fundimos en un abrazo que nos hace sentir que la mesa, y el espacio entre nuestras sillas es sólo un estorbo. El mesero tose ligeramente para llamar nuestra atención y nos deja la cuenta sobre la mesa, mientras nos miramos sorprendidos por la evidente intención de hacernos dejar el restaurante. Como otras veces, se adelanta para tomar el ticket y pagar a pesar de mis protestas.  La cuenta está saldada, pero aún tenemos casi media botella de vino pendiente, así que seguimos conversando entre besos apasionados y abrazos furtivos. 

La tarde va cayendo y con ella el momento de separarnos, no sin antes decirnos hasta el cansancio lo mucho que nos extrañaremos, lo intenso de este amor que surgió de manera súbita e inesperada, y la curiosa y ambigua pertenencia que sentimos ante la relación que estamos viviendo.

En el estacionamiento seguimos besándonos y nos aferramos a los últimos instantes juntos, antes de abordar cada quien su auto. Y con un gesto que raya en lo ridículo, nos despedimos como adolescentes enamorados en su primer noviazgo.

Cuando llega a su destino, me manda un mensaje para confirmarme que llegó bien, y casi al mismo tiempo, le respondo que también llegué a casa.

Ahora estamos donde debemos, con quien decidimos compartir la vida. Ella con su marido y yo con mi esposa.

Ajenos y perteneciéndonos al mismo tiempo.

Compartiendo un sueño, desde almohadas distintas…


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