El pacto de Lázaro

Por Azel Highwind
Enviado el 21/03/2015, clasificado en Terror
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Para la estrella más brillante de la constelación de la fantasía.

15 de marzo del 2015

?Nadie está muerto de verdad hasta que terminan de desvanecerse las ondulaciones que ha dejado en el mundo.?

Terry Pratchett, ?El Segador?

Ya a muy temprana edad la vida de Lázaro se vio ensombrecida por el espectro de la muerte. Sus padres perecieron en un accidente de tren cuando tan sólo contaba con once años. Y unos meses después su hermana se suicidaba lanzándose a las vías del metro.

Con el paso de los años cada vez se sintió más solo y abandonado, malviviendo en un mundo de extraños, navegando a la deriva como hojarasca seca. Y así, apagado como una cerilla usada, empezó a coquetear con la muerte, inducido por el prematuro suicidio de su querida hermana.

Pensó que el veneno sería la mejor manera. Y entonces, cuando su vida se apagaba, empezó a verlo todo con más claridad. El mundo, oscuro hasta entonces para él, cobró sentido; y cuando su cuerpo moría, sus ansias de venganza nacían dentro de él. Así que suplicó. Suplicó con todas sus fuerzas al ver la sombría capa de la Muerte y una guadaña ancestral cuya pálida hoja se sentía hambrienta por su alma.

La Muerte dibujó una mueca grotesca y dijo: ?SIENTO LA IRA Y LA VENGANZA EN TU ALMA, LA PARCA TE LO HA ARREBATADO TODO. LO SÉ.?

A lo que Lázaro, aferrándose a su deseo de venganza y a lo último que le daba aliento, contestó: ?La mataré, la mataré. Dame la oportunidad y te la quitaré de en medio. Luego, mi alma será tuya.?

?ASÍ SERÁ?, pronunció la Muerte con aire solemne, y se desvaneció lentamente, esbozando un movimiento estrafalario con sus manos, bajo una mirada brillante de perversos centelleos.

Al instante un revoloteo de miles de alas llenó la habitación, y entre decenas de oscuros cuervos, un ser de cráneo grotesco y alas que proferían los gritos de sus presas apareció exhibiendo su libidinoso cuerpo como si de una fruta irresistible se tratase, despertando el deseo sexual en sus carnosos pechos o en la humedad de su sexo que parecía emitir un atrayente olor que se impregnaba en todos los sentidos del fascinado y a la vez atormentado Lázaro.

Por un momento deseó lamer su cuerpo, acariciar esos senos turgentes que parecían contener algún líquido, llenos de pasión y dispuestos a abrazar su falo ya erecto. Pero el deseo de venganza pugnaba en su interior en una lucha silenciosa contra la insinuación de los mayores orgasmos.

Entonces vio las almas contorsionándose en el interior de esas alas cuyas formas nunca se han visto en el arte humano y cuya sola visión fustiga el alma con demencia. Sintió pánico, y el deseo sexual hacia ese sexo suculento y esos pechos que danzaban con cada nuevo movimiento de la Parca se vio ofuscado por el pavor hacia su risa afilada y hacia su cráneo abultado y lleno de serpenteantes protuberancias.

El terror extremo le invadía, sintiéndose absorbido por el cuerpo de esa horrenda criatura. Por un momento creyó perder el objetivo, pero en ese preciso instante una cara reconocida se movió entre la leprosa miríada de rostros que flotaba en el interior de esas grotescas alas. Su hermana le miraba con ojos llenos de lágrimas y una expresión en el rostro más horrible que la peor pesadilla mortal.

El alma de Lázaro se agitó. Se aferró con fuerza a la vida y se levantó ante la mordaz calavera de la Parca. La risa del monstruo le amenazó con tumbarle de nuevo y someterlo a su castigo eterno, pero antes de que tan siquiera sus afiladas manos pudieran iniciar el ritual, Lázaro empuñó algo con sus manos, giró sobre él mismo, dejándose llevar, lanzándose con impulso y utilizando el último aliento de su vida para atravesar el cuerpo de la Parca con una hoja tan delgada que casi era invisible, y tan afilada que ni el cuerpo de la Parca podía resistir. Los dos cayeron al suelo, y sobre la sangre que salía a borbotones del cuerpo sesgado de un monstruo; una figura esquelética, rodeada de una gran capa, recogió su guadaña, y con una risa llena de malicie, llenó una esfera sobrenatural con el premio de las dos almas que había ganado en ese día.

 


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