Memorias de un día desastroso (parte III)

Por Imperyus17
Enviado el 11/07/2014, clasificado en Intriga / suspense
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Posteriormente volvió a su casa, ya era de noche y nada más entrar cayó al suelo mareado, exactamente en el mismo lugar en el que antes había despertado. Se quedó dormido y siguió aclarando sus ideas incluso en ese estado, pues soñó con cosas que pasaron aquel día y sobre todo recordó el mal carácter de su jefe y su desconsideración hacia él, pues no sentía merecer ser despedido por un pequeño malentendido. Recordaba cómo le acusaba de ser un ladrón por supuestas desapariciones de material de oficina y como le mostraba frecuentemente las cintas de las cámaras de seguridad ocultas, para tratar de convencerle de que la persona delgaducha, vestida de negro y que se ocultaba el rostro con un antifaz, la cual se veía con bastante borrosidad, era él.

Ernesto también recordaba lo duro que fue para él que su novia le abandonase, sin embargo en su sueño no aparecía la causa por la cual le abandonó, sino que simplemente aparecía como él la recordaba, caminando hacia delante y dándole la espalda.

— ¡Laura, Laura, vuelve, vuelve! —repetía inconscientemente mientras pataleaba.

A la mañana siguiente se levantó sudoroso y exaltado, su corazón iba a mil por hora y se sentía al borde del abismo infranqueable, al que él mismo hubo retado anteriormente.

Pasó el día entero en su casa viendo la tele y comiendo comida precocinada, pues a pesar de haber roto la anterior, conservaba otra en un viejo armario de su cuarto y se sintió afortunado de tener algo con lo que olvidar sus problemas, aunque solo fuese por un rato, por lo tanto le limpió el polvo y lo colocó en el salón principal, lugar que ocupaba el antiguo televisor. Allí se quedó un buen rato, no obstante en la caja tonta no echaban nada interesante, solo reality shows, programas de televidentes y aburridos documentales sobre hormigón armado. Esta falta de distracción, provocó que aquellos fragmentos de realidad olvidada volvieran a su cabeza, sintetizándose y recomponiendo los recuerdos que realmente no quería recapitular. Algo horrible le pasó de pronto por la mente, rememoró haber hecho daño a su novia durante aquella fatídica noche, sin embargo no recordaba haber ido a su casa, ni siquiera recordaba haber estado con ella, pero de todas formas eso no importaba, ya que tenía una corazonada de que de alguna forma la había causado algún mal, ya fuera físico o mental y se sentía desconcertado por no poderlo evocar.

Poco después le llamó un familiar de Laura por teléfono, concretamente su hermano y ante la impotencia de no poder encontrar una escusa, con la cual hacerle entrar en razón, decidió no cogerlo. Lo que él no sospechaba, era que dicho individuo se presentaría en su casa y le pediría explicaciones aquél mismo día.

Después de ignorar aquella llamada, decidió comer algo, pues estaba hambriento y consideraba agradable disfrutar de sus “privilegios de soltero”, era como él llamaba en sus momentos monógamos, a cosas como dejarse barba, requerir los servicios de una prostituta o simplemente comer en el sofá, acción que realizó en aquel momento. De pronto alguien llamó a la puerta y él se atragantó a consecuencia de aquel abrupto sobresalto.

Era Nicolás, el hermano de su ex novia y al ver que Ernesto no abría, decidió entrar con una copia de las llaves de su casa. Al entrar le vio tirado en el suelo, morado y haciendo vagos esfuerzos por respirar, por lo que decidió actuar rápidamente, se acercó a él, le cogió, le levantó y tras presionarle fuertemente el abdomen con el puño, observó como expulsaba una patata por la boca, después, su cara recuperó el color original.

— ¿Qué haces, que haces tú aquí? —alcanzó a decir sorprendido y temblando a causa de su inoportuna visita

—Podrías empezar por agradecerme que te haya salvado la vida, pero allá tú, he venido por cosas más importantes.

— ¿Cosas, que cosas?

—Bueno, hace tiempo que mi hermana no responde a mis llamadas y claro, como tú eres su novio, pensé que sabrías donde está.

—Pues no, hemos roto y no he vuelto a saber de ella desde hace dos días.

— ¡Qué raro, lo siento!, ¿y dime, no tienes interés por saber dónde está?

Tras decirle aquellas palabras, miraba con curiosidad la casa y se sentía estupefacto por los cambios, aunque a primera vista solo pudo ver desorden y un cambio de televisor.

—Lo cierto es que me da igual, las relaciones se acaban y no hay mayor satisfacción que olvidarlas con ayuda de la bebida— Le dijo posteriormente Ernesto, tras lo cual decidió morderse la lengua, pues consideró que había hablado más de la cuenta.

—Mira, se que estás pasando por un mal momento, pero necesito que me digas algo, cualquier cosa, la he llamado a todos los sitios en los que podría estar en circunstancias normales y todo eso ha fallado.

—Lo siento, yo no sé nada, tendrás que preguntarle a otro.

—Es extraño, parece como si a ti te diera igual lo que la pudiera haber pasado.

—No es eso, simplemente quiero olvidarme de ella, no te preocupes estará bien.

—Bueno para empezar, supongo que ella se habrá ido de esta casa después de que discutieseis, pero lo que no me cuadra es que no te dijera nada—Inquirió su antiguo cuñado.

—Pues así es, ella no me dijo nada que te pudiera interesar, simplemente me dijo que nuestra relación había llegado a un punto muerto y se marchó sin decirme adonde—le mintió Ernesto, pues aunque no se acordase estaba seguro de que no ocurrió de esa forma.

— ¿Y ahora que hago? —le preguntó Nicolás

—Han pasado ya dos días, así que te sugiero que vayas a la policía y que denuncies su desaparición.

—Está bien, eso haré, gracias por el consejo—le agradeció su cuñado, aunque desconfiaba un poco de él.

—No hay de que—le dijo mientras le estrechaba la mano y se despedía de él.

Mientras observaba como se alejaba y finalmente salía por la puerta, sentía una indescriptible sensación de alivio. En el fondo sabía que con el consejo que le dio a su cuñado podría meterse en problemas, sin embargo, consideró que ningún juez condenaría a un tipo que aconseja al hermano de su ex novia que de parte a la policía, pues ningún criminal sería tan estúpido para ponerse en evidencia de tal forma. Aunque por otra parte, Ernesto se sentía culpable y quería descubrir lo que había pasado, ser detenido o no era solo una posibilidad que dependía del azar, pues él no podía hacer nada y resultaba absurdo retrasar lo inevitable.


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