Mirando por la ventana

Por cclecha
Enviado el 15/07/2014, clasificado en Intriga / suspense
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Me encuentro exactamente como James Stewart en la película de Alfred Hitchcock , “La ventana indiscreta”, es decir con la pierna izquierda completamente escayolada por una fractura múltiple. ¿Os acordáis de esa película? En ella James Stewart, es un fotógrafo que se ve postergado por su lesión a estar en una silla de ruedas, delante de su ventana y que acaba descubriendo un asesinato en el edificio de enfrente.

        Pues bien, yo no voy a descubrir ningún asesinato, pero si mis condiciones son muy similares a las de James. Mi única distracción es el  “fisgoneo” de las ventanas de enfrente y el de calibrar la vida de los demás. Las condiciones son similares: hace un calor apabullante-mes de julio-,la ventana se encuentra abierta porque no hay más remedio y las horas de espera delante de la ventana se hacen eternas, a pesar de mirar la vida de los demás con unos prismáticos.

         He de reconocer que yo no tengo la suerte de James Stewart de tener una novia tan guapa como Grace Kelly en la película. Yo estoy solo como una rata y mi única compañía es una asistenta que viene de tanto en tanto y me hace la comida. Bueno… también tengo la compañía de los seres que observo delante de mí.

         En particular hay tres ventanas, en las que me centro. La primera, creo que es un piso compartido de jóvenes, que a menudo hacen fiestas y reuniones de todo tipo. Está bien ver la efervescencia  de vida que se da entre ellos. Seguro que forma parte del desenfado de la juventud. Parece como si nadie se preocupara de nada y como si todos fueran eternos. Gozan del Carpe Diem y viven el instante. Hacen bien… hay que vivir la vida, mientras te dejen.

         Al igual que en la película, me he acostumbrado a observar a oscuras, por miedo a que me vean. Además, te llegas a acostumbrar a la oscuridad y puede que estés mejor, más relajado, más de incognito y con un pensamiento más claro.

          La segunda ventana, corresponde a una familia típica. En ella no hay novedades que destacar. Televisión, a ciertas horas; comida, siempre a horas muy concretas; padres que se preocupan por sus hijos… parece como si fuera la siguiente fase de la etapa de los jóvenes, mas responsable, más ordenada, previsible y apacible. Desde luego con más preocupaciones económicas e incluso de salud.

           Pero la ventana que verdaderamente me intriga es la tercera…. Esa que siempre está abierta y a oscuras. Nunca he visto a nadie. El piso siempre está en penumbra, como si estuviese deshabitado, como si su oscuridad pudiera hacernos volar la imaginación hacia cualquier parte. Solo se intuye una estancia apagada por la que pueden vagar cualquier  personaje o situación. 

            Desde mi atalaya de observación, nunca he visto ningún movimiento…salvo hace un par de días que cuando me fui a dormir, la ventana permanecía abierta y por la mañana, apareció cerrada.

            Me imagino cualquier cosa de esa estancia. Incluso le he cogido un poco de miedo… miro y no veo nada, o como mínimo, si veo, no veo nada esclarecedor. Desde luego, no hay monstruos, ni crímenes ni nada anormal, pero a mí me gustaría comprender el porqué de todo aquello. ¿Qué sentido tiene un piso, o cualquier cosa que parece que no tiene un fin en sí? ¿Por qué todo aquello no es comprensible? ¿Por aquello y no nada? No entiendo el sentido que después de tanto observar, no consiga comprender el porqué de todo aquello. A lo mejor es que no hay nada que comprender, en que todo es así y ya está.

            Para más inri, el otro día, yo con mi luz apagada, creí ver un movimiento dentro del piso que observaba. Me puse en guardia y ajusté mis prismáticos al máximo por si acaso, desde la oscuridad. Sí, estaba seguro de haber visto algo…una sombra…más aún, un reflejo como el de un cristal. Entonces comprendí ¿y si fuera el reflejo de un prismático o de un objetivo de largo alcance? ¿Me observaba desde las sombras? Me asusté. ¿Y si fuera el cazador cazado? ¿Y si a su vez me estuvieran observando? Pero mi vida era anodina ¿Para qué controlarla? ¿Y si todo fueran figuraciones de mi pobre cabeza?

           Estos días, todo ha continuado igual de incomprensible. No se entiende nada. Dentro de pocos días me sacarán el yeso y podré salir a pasear con muletas. Seguro que me irá bien, puesto que creo que empiezo a crear paranoias varias.

            Todo ha seguido igual de enigmático… salvo que  por fin ha llegado el día que me he liberado de la escayola. Esta noche, resulta particularmente calurosa, creo que daré un pequeño paseo por la manzana. Antes de irme miro hacia la ventana por si acaso. Nada, no hay ningún cambio. Bajo con ascensor hasta el portal y muy lentamente me dirijo hacia la esquina. Pero antes de llegar, me giro intuitivamente, como una costumbre adquirida, hacia la maldita ventana y entonces veo… ¡Oh Dios! Que la luz del piso se acaba de encender. La estancia está  iluminada, seguro que desde el sitio conveniente, se podrá ver todo.

             Por un momento quedo paralizado. No sé qué hacer. Pero entonces, todo lo rápido que mí  mermado cuerpo puede, dando pequeños  saltos y ayudado por las muletas, me dirijo hacia el único sitio en que se divisa la estancia de marras. Mi propio piso. Pero cuando llego a la puerta de la portería,  sucede la catástrofe para mí. Justo en el momento de poner las llaves en la puerta de la portería, vuelven a apagar la luz de la ventana, vuelve la oscuridad. La claridad ha sido solo por un momento y yo no estaba en la zona adecuada.

             Ha sucedido lo que tenía que pasar. Me quedo de pie, junto a la puerta de la portería, mirando como un estúpido hacia la ventana. ¿Qué puedo hacer? Nada. Estoy condenado a no saber nada, a vivir en la oscuridad. Noto como una suave depresión va invadiendo mi mente y me dejo ir sin plantearme nada más.



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