Abel y Caín

Por Libertad
Enviado el 07/08/2014, clasificado en Varios / otros
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Los soldados seguían esperando el comienzo de la batalla. Llevaban horas apostados tras los anchos muros de la ciudadela. El capitán Abel había dado orden de no atacar hasta que el enemigo se adentrara por completo en la fortaleza. La noche, lúgubre y salvaje, se cernía sobre ellos ávida de sangre. La luna no quería ser testigo del cruento espectáculo. Los nervios de los hombres estaban a flor de piel. Sus corazones latían desbocados. Los pueblos vecinos, devastados por el miedo y la muerte, rendían homenaje a los caídos. Sólo unos pocos privilegiados habían conseguido sobrevivir.

De pronto, el capitán emergió de entre las sombras y se dirigió a los allí presentes diciendo:

—Sé que nuestros adversarios avanzan con rapidez, pero ésta no es la primera vez que un ser humano con ínfulas de dios intenta someternos. Luchemos por nuestras familias, nuestras tierras y la oportunidad de ver un nuevo amanecer hasta que las Moiras corten nuestros hilos «aunque eso signifique tu muerte, hermano», pensó con la angustia devorando su ser.

La tropa respondió al unísono con un fragoroso grito de guerra.


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