Una presencia diferente

Por cclecha
Enviado el 15/08/2014, clasificado en Terror
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     Hoy ha sido un día muy extraño. Todo ha ocurrido de forma muy poco habitual a lo cotidiano. Parecía como si todas las cosas anunciaran que iba a pasar algo. Todas las situaciones sucedían al revés o de forma distinta. Yo no creo ni en presagios ni en intuiciones poco racionales, mi carácter es más bien científico, pero reconozco que estoy desconcertado.

      Dos cosas, entre otras muchas que me han sucedido, me han sorprendido. La primera es que al salir del trabajo, mi coche no arrancaba. Puede ser una situación relativamente frecuente, pero lo que no es tan común, es que se trate de una avería en un coche casi nuevo…en fin, que no me quería llevar a casa, …mañana ya llamaré a la grúa para que lo lleve al taller. La segunda cosa también me ha producido extrañeza, es que he estado luchando con la cerradura de la puerta de entrada de mi casa unos buenos minutos. No había manera que se desatascara y de que cediera. No conseguía que la cerradura diera la doble vuelta pertinente y que se abriera la puerta. He estado a punto de abandonar cuando finalmente he conseguido que la cerradura se abriera correctamente. Parecía como si la puerta prefiriera mantenerse cerrada y no dejarme entrar en casa. Las dos cosas, el coche y la puerta, parecía que se habían puesto de acuerdo para que no accediera a mi casa.

      Afortunadamente ha pasado el día y he conseguido entrar en mi vieja casa que me aguardaba, como cada día, ajena a todo. Lo mejor que puedo hacer es que la cotidianidad y la costumbre, actúen, desentendiéndome de cualquier suceso extraño.

     Cené como cada noche, muy frugalmente y viendo las noticias en la televisión. Entonces, me apeteció ir a leer a la cama de mi dormitorio. Al vivir solo, cualquier ruido inusual, hace que le prestes atención. Sabía de los ruidos cotidianos de las viejas casas: las vigas de madera crujen, la vieja librería de roble se mueve, incluso la antigua estructurara de las paredes padece…... pero un ruido infrecuente, atrajo mi atención. Provenía de una habitación, no muy alejada de la mía. Agucé el sentido del oído, se escuchaba como si hubieran cerrado violentamente una puerta del armario. Me sobresalté, no había nadie más que yo en la casa. Permanecí inmóvil, con mi libro entre las manos y sin saber qué hacer. Yo, como buen neurótico había cerrado un par de veces todas las habitaciones que no usaba y había comprobado que la luz de las habitaciones estuviera apagada. Esperé por si todo era una jugarreta de mi imaginación. De momento el silencio más absoluto me rodeaba. Pasaron los segundos y nada, cuando de repente otro ruido potente, algo parecido al volcar de una silla, en la misma habitación, me asustó.

     ¿Qué podía hacer? Solo tenía dos opciones, o la cobarde, esto es meterme debajo de las sábanas y rogar por que todo pasara, pasándome toda la noche en vela, o la segunda, que pasaba ineludiblemente por ver que ocurría. Sabía, que aunque el miedo me paralizara y el sudor frio me invadiera, no tenía más remedio que levantarme y ver lo que ocurría. Me levanté y me dirigí hacia la habitación que generaba todos estos ruidos. Lentamente atravesé el pasillo y me plante delante de la puerta de la habitación. Estuve unos segundos dudando si accionar o no la manecilla de la puerta y al final me armé de valor y decidí y abrir la puerta.

      Me quedé blanco como la cera, no por lo que viera; la puerta del armario abierta, una silla volcada y la luz accionada; sino por la evidencia de que no estaba solo, de que allí, aunque no lo viera, allí había alguien más. No me atreví a entrar completamente en la habitación, cerré la luz y la puerta y reculé hacia mi habitación.

       Lentamente me puse el pantalón para encontrarme más seguro. Ante el miedo a veces reacciono con grandilocuencias, bravuconería y haciéndome ver. Así que empecé a hablar fuerte como para hacer ver que no tenía miedo. Se me ocurrió cantar el trozo de ópera “La dona e mobile” a todo pulmón para espantar mi terror. Pero el efecto fue desastroso, los ruidos se agudizaron y fueron en crescendo hasta que dejé de cantar. Mi mente pensaba rápido y mal. Cavilé en los fenómenos Poltergeist, puede que esto estuviera relacionado con ello. Intenté serenarme y pensar que la presencia que había en mi casa, quizás no quisiera sacarme de ella. Recordé el relato de Julio Cortázar sobre la “Casa tomada”, en que los dos hermanos que habitan en una casa clásica van escuchando como unos intrusos que no llegan a ver; estos, se van apoderando de las diversas habitaciones y estancias de la casa, hasta que consiguen que los propietarios huyan de ella, arrojando la llave a la alcantarilla. Quizás esta no sea la intención del intruso...

      Ensordecí al máximo mi corazón y mi respiración y me mantuve en estado de alerta. Intenté mantener el pulso racional de la situación, yo era amante de la razón y de la ciencia y esta decía que aquellos ruidos podían ser causados por electricidad estática, campos electromagnéticos, infrasonidos o ultrasonidos…también por telequinesis inconsciente derivada de estrés o tensión emocional…No nos podemos olvidar que sucesos que hasta poco se consideraban como endemoniados o diabólicos, más recientemente la ciencia ha demostrado que eran producto de meras patologías mentales. La ciencia ha ido avanzando y arrinconando la superstición…

      Entonces empezó todo. El espanto llegó de todas partes. Las puertas de la casa, empezaron a abrirse y a cerrarse violentamente, los cajones de mis mesitas de noche, lo mismo. La lámpara de techo a moverse violentamente…y me llegó un estruendo de la cocina de puertas de armario golpeadas y vajillas rotas. Además un olor penetrante, no descifrable, me llegaba de todos los rincones de la casa.

      Un miedo insuperable, me recorrió todo el cuerpo y el pánico se apoderó de mí. Salí corriendo con veloces gambadas, sin mirar a ningún lado. Abrí despavorido la puerta y me lancé sin mirar a la calle. Allí, ocurrió todo. Noté como un coche se abalanzaba sobre mí y me reventaba interiormente. Salí despedido por los aires. Me acababan de atropellar. Noté que estaba en medio de un charco de sangre y que no podía ver ni oír lo que me rodeaba.

       Muy pronto distinguí las luces amarillas, me supongo que de una ambulancia y las azules de la policía. No podía ver a nadie, ni el personal sanitario, ni a los policías,… miento, ahora si podía ver a alguien que se arrodillaba junto a mí. Era un individuo alto, delgado, incorpóreo…, un tanto inmaterial, de pelo largo y vestido con ropas no actuales. Yo no oía nada, pero pude escucharlo perfectamente mientras me acariciaba el pelo y me decía sin mover los labios ni la boca, “"Tranquilo, todo irá bien. Será un momento”"

      Poco a poco, las luces amarillas y azules se fueron difuminando y en su lugar, una potente luz blanca, casi infinita empezó a abarcarlo todo y adueñarse de mis percepciones. Finalmente solo me acompañaba la poderosa luz.


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