¡Taxi, siga a ese coche!

Por cclecha
Enviado el 17/09/2014, clasificado en Humor
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¡TAXI, SIGA A ESE COCHE!

Se escapa… ha subido a un coche… ¡Rápido, todavía estoy a tiempo! ¡Taxi, taxi,taxi!

El taxi, me pareció que no se detenía, o al menos siguió avanzando bastantes metros, hasta que al final paró. Fui corriendo veinte metros más arriba, a por el taxi y me metí dentro.

-¡Rápido, siga a ese coche!- le dije al taxista, enseñándole mi placa de detective de la Brigada Criminal.

El taxista, que estaba atento por el espejo retrovisor, abrió desmesuradamente los ojos y me contestó:

-¡Gracias señor! Es lo que he estado esperando toda mi vida.- dijo mirando con sus desgastados ojos a un hipotético cielo.

Me fijé en el taxista. Algo desentonaba. El hombre era desmesuradamente mayor, como de la cuarta edad. La verdad es que tendría que estar jubilado hacía años. No tenía casi pelo, salvo unos mechones de pelo gris, pegados de cualquier forma a una calva que dominaba de forma absoluta. Un bigotillo de cuatro pelos mal puestos, se giró para decirme:

-No se preocupe, vamos detrás de él.

Inmediatamente, el taxi, tan viejo como su dueño, aceleró desencajándose el asiento de atrás y viéndome casi en el suelo del coche. A su vez, una nube negra de aceite mal quemado nos envolvió y un ruido como de metralleta fue claramente audible.

-Oh, no haga caso, solo pasa cuando pongo la primera con deseo de velocidad.

Continuó acelerando cuando un cojín, con el escudo de una institución deportiva, creo que era la del Betis, me cayó en la cabeza. Miré hacia atrás, por si tenía que caer algo más, cuando vi la cabeza oscilante de un perro articulado que al parecer se mantenía en su sitio.

El taxista, continuaba con su persecución implacable del coche.

Una señora viejecita con bastón, empezó a cruzar el paso cebra y temí lo peor. Mi taxista iba derecho hacia la viejecita, cuando en el último momento, dio un golpe de volante salvador y esquivamos el accidente. Este mecanismo del golpe de volante, cuando faltaban escasamente dos palmos para llegar al objetivo, el taxista lo utilizó varias veces… no sé si por pericia o por necesidad.

Yo, iba sentado cerca del suelo del coche, temiendo por mi vida, e implorando al altísimo, cuando vi que este, estaba presente en el salpicadero del coche en forma de varias placas de San Cristóbal, en donde aparecían los pequeños retratos redondos de la familia del viejo. Al lado de estos, de forma nítida, se veía el escudo metalizado del Real Betis Balompié.

El semáforo, acababa de cambiar a rojo y el viejo volvió a dar un golpe de volante para esquivar a unos coches que tenía delante…y se estaba pasando el semáforo en rojo. Entonces vino el desastre… los coches del callejón adjunto, salieron y nos cogieron, lógicamente el espacio. El viejo clavó los frenos…pero no se qué pasaba, que seguíamos avanzando, más lentamente, pero avanzando. Poco a poco, irremediablemente, nos íbamos a golpear con un coche que no tenía espacio para esquivarnos. Finalmente, como a cámara lenta, nos dimos un ligero golpe con ese coche.

-¡Rápido! ¡No se pare, continue!- le dije .

Vi, como por el espejo retrovisor me devolvía una mirada de complicidad, con una sonrisa pérfida y a modo de escusa añadía

-Son las pastillas de freno…que claro, como que están bastante gastadas…

Por decir algo, le solté:

-¿Pero buen hombre, usted no pasa la ITV?

-Je,je,je- me contestó- un amiguete me saca los papeles y me los arregla.

Mientras tanto, me volví a guardar la placa de la Brigada que había enseñado por la ventanilla del taxi al desconsolado coche del accidente.

Como que era verano intenté accionar la manivela de mi ventanilla, pero me quedé con ella en las manos. Entonces me fijé en el ventilador portátil con las aspas dobladas que el viejo tenía cerca del volante. El ventilador funcionaba a rachas… me recordaba a mi conductor.

Teníamos al coche perseguido, relativamente cerca, parado por un semáforo y una pequeña cola de coches que lo precedían

-¡Rápido! ¡Póngase detrás de los coches que voy a salir a por el individuo!

-Delo por hecho

Entonces otra vez la inoportuna nube de humo negro del coche, nos inundó. Tuve que esperar a que mi visibilidad se recobrara. Entonces fui a salir a toda pastilla detrás del delincuente y noté que la puerta estaba atrancada por el lado que quería salir.

-Oh, esta puerta está atascada.

Rápido, baje por la otra.- me dijo

Así lo hice y me lancé al trote a por el delincuente que se hallaba retenido en un ligero atasco, a pocos metros de mí.

-¡Policía! ¡Policía!.-dije hablándole desde la ventanilla.

El sujeto, abrió de improviso violentamente la puerta y de un empujón salió del coche y se alejó de mí, corriendo calle abajo. Yo, después de la sorpresa, corrí detrás de él. Me llevaba unos pocos metros y además era más joven que yo…Ya iba a rebasar mi taxi, cuando de repente, se abrió de improviso la puerta del taxi e impactó violentamente en el abdomen del individuo, haciéndolo caer de bruces al suelo…el viejo taxista estaba bregando por salir y señalando al delincuente me dijo

-¡Rápido! ¡Que no escape!

Yo, me abalancé sobre el sujeto y lo reduje. El taxista se volvió al interior del taxi, a su puesto, y yo coloqué al delincuente con las piernas abiertas y brazos encima del taxi. Le puse las esposas y pude respirar tranquilo. Di un rodeo para esquivar la puerta atrancada y obligue al delincuente a pasar al interior del taxi.

El delincuente me miró interrogativamente, sentado casi desde el suelo del coche e hice como si no le veía

Cuando me metí en el taxi, un suceso me dejó perplejo…el taxista estaba dando cabezadas…se había dormido, como hacen algunos viejos a deshoras. Le zarandeé por el hombro y le conminé

-Vamos a los calabozos de la policía en Pau Claris.

-Descuide- me dijo con satisfacción y añadió- Ha tenido usted suerte de entrar en mi taxi…si ya sé que tiene algunos defectillos, pero lo que cuenta verdaderamente es el motor…que es casi nuevo, no tiene ni siquiera 1.000.000 de kilómetros. También los neumáticos están muy bien, máximo tienen nueve años.

Cuando aceleramos bruscamente, bajo una nube de humo negro y un ruido similar a una traca, la cabeza del perro articulado, cayó encima de mi detenido, que me volvió a mirar interrogativamente y yo por supuesto, lo volví a ignorar.

El taxi, al cabo de poco, paró delante de los calabozos y le dije al taxista

-Cuanto le debo por todo

-Oh, nada por supuesto. Déjelo. Ha sido el día más feliz de mi vida. Lo recordaré siempre.

Yo, sonreí y pensé que seguramente también había sido uno de los días más felices de mi vida, sobre todo al comprobar que había salido ileso del interior del taxi y de sus peligros.


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