Ensoñaciones de un Lutier

Por cclecha
Enviado el 27/09/2014, clasificado en Varios / otros
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     Estoy en mi pequeño taller artesanal. Un banco de madera, como los de los carpinteros, es la estrella. Estoy rodeado de sierras, limas, colas de todos tipos, barnices distintos, maderas de varias clases... Encima del banco está una estantería de pino en la que están preparadas todo tipo de herramientas para cuando se las requiera… Soy un lutier.

     Estoy acabando de reparar una guitarra que compré en el rastro y que me intrigó. Me pareció una pieza antigua, pero muy deteriorada. El mástil, estaba desencolado; del clavijero, faltaban varias clavijas; en el rosetón, también faltaban trozos de marquetería y el barniz estaba muy desgastado, sino pelado en algunos lados. Todo lo demás me encantó, su madera de palisandro, el mástil de cedro, el frontal de limoncillo…el puente de palosanto… incluso veo que hay una desproporción mínima en sus medidas de la caja de resonancia. Ya casi la tengo reparada y cuando la he utilizado para hacer pruebas, me ha intrigado.

     ¿Por qué me ha intrigado? Pues cuando he tocado piezas conocidas de Tárrega, Sors o Gaspar Sanz, por ejemplo, me ha parecido; no, no, más bien estoy seguro que las piezas musicales se veían mejoradas… mi interpretación no es mala, al contrario, pero con esta guitarra, el lenguaje musical salía muy favorecido. Si, ya sé que todo esto se puede ver como la ensoñación de un lutier…pero yo más bien creo que esta guitarra perteneció a algún gran guitarrista y las piezas clásicas ya habían sido interpretadas antes por ella. Por favor no me tomen por un chalado. Creo que en cierta manera esta guitarra antigua, “recuerda” de alguna forma las piezas que ya se han interpretado en ella y mejora lo que pueden hacer mis dedos. Estoy seguro que se da una impregnación de sonidos en su estructura y que perdura hasta hoy.

       Cuando estoy en mi taller, reparando una pieza, acostumbro a poner una emisora clásica de música en mi radio. Precisamente ha sonado un famoso pasacalle de Gaspar Sanz en Radio Nacional de España, interpretado por Andrés Segogia. Curiosamente, volví a escuchar la pieza, más adelante, en otra emisora, interpretada por Narciso Yepes.

       Se me ocurre un pensamiento no muy antiguo que nos dice que la audición de una pieza musical y el arte en general nos aleja de los instintos, la voluntad y el egoísmo. Es una anulación de todo esto y por consiguiente nos aparta del sufrimiento y el dolor de la vida que quedan como en suspenso. Es algo parecido a lo que hacen los santos y los ascetas, que consiguen el nirvana en vida. Pero no todo el mundo puede ser santo, por eso nos queda la vertiente artística o musical. Es un estado de absoluta paz consigo mismo. El goce artístico, produce situaciones de ensimismamiento… la voluntad de vivir queda en un segundo plano.

     La música es una vibración sonora, que no está compuesta de materia, nos ofrece los movimientos ocultos de nuestro ser de una manera abstracta, sin estar ligada a hechos concretos. La música traduce él en sí del mundo en notas musicales. Bueno…todo esto son pensamientos y como tales opiniones…también se podrían considerar como ensoñaciones

     Hay otro elemento que si se puede contemplar como otra ensoñación de un lutier. Me explico. La sala contigua, está preparada para dar clases. En realidad varias tardes a la semana, se desplazan varios alumnos para recibir clases mías. Viene gente preparada, incluso tengo un par de alumnos del Esmuc. Pero lo que realmente me impacta es la presencia de un joven que me rompe todos los esquemas. Esta persona tiene escasamente los dieciocho años, una buena técnica, pero sobre todo una emotividad interior espatarran te. Los sentimientos afloran de él en una cascada sin orden pero siempre con gran belleza. Parece que conecta invariablemente con lo que los grandes intérpretes querían expresar, pero con el deseo de superarlos. Además tiene la cualidad de gozar de un oído total…puede reconocer cualquier nota y por consiguiente cualquier melodía es reconocible.

       Pues bien, a este joven guitarrista, le he dejado la partitura del pasacalle de Gaspar Sanz, para que se la estudie y la interprete con la vieja guitarra que he reparado. Me intriga el resultado, aunque ya me imagino que el efecto será apabullador.

       Finalmente, el joven me dice que ya domina la partitura y que cuando quiera hacemos la audición. Egoístamente, me espero a que los otros alumnos vayan desfilando de la academia, para que así pueda estar completamente por el chico. Le entrego mi vieja guitarra y empieza a interpretar la partitura. Con sus manos regordetas, va acariciando las cuerdas y va deslizándose por el mástil. Sus dedos van lo suficientemente rápidos como para no detenerse en ningún traste y no querer tratos con la materialidad de la madera. Sin embargo, el interior del artista no cesa de fluir, de manifestarse, llegando incluso a difuminar las versiones que escuchado por mi radio de los grandes Segovia y Yepes.

       Cuando termina la partitura, ya sé que no puedo ser acaparador y el disfrute de este alumno será muy temporal. Cuando los promotores musicales, se den cuenta de su valía, me lo quitarán de las manos. Así que su música, que a mí se me antoja como total o ideal, será muy pasajera y temporal para mí.

         Esta segunda ensoñación, la de gozar de la música de un verdadero genio…sé que es real y que dentro de muy poco, no podré disfrutar de este contexto. Mi poder sobre las personas, en este caso de un músico, es inexistente. El siempre se me escapará, obrará según criterios contrapuestos a los míos. Esto también pasa con los amigos, mujeres y demás personas…no podemos controlar todo esto. No depende de nosotros. Es decir que la audición de este músico la perderé, irremediablemente se apartará de mi lado. También me he dado cuenta que la escucha de una pieza es única, ya que el momento anímico de autor, también es irrepetible. Es decir, el mismo fragmento, al día siguiente, suena completamente diferente, porque el paso del tiempo, ha hecho que el artista también cambie.

   En cambio, con la primera ensoñación, la de poseer un objeto material (La guitarra antigua), es muy improbable que no goce de este objeto, ya que mi intención es no contárselo a nadie y no agitar la envidia de los demás. Si no hay una desgracia, seguiré poseyendo el objeto.

         De todas formas siempre me quedará mi radio, con la que podré seleccionar sin problemas las emisoras clásicas que quiera. También es muy quimérico que me quede sin mi aparato.

  

     

     


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