!SOCORRO! !SOCORRO!

Por cclecha
Enviado el 01/10/2014, clasificado en Terror
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     “María, María… Nada, por mucho que la llame no hay manera. Esto de estar viejo y muy enfermo es engorroso…depender de alguien, aunque sea tu mujer, es muy enojoso”

     “Sin embargo, en el piso se escucha movimiento, hay como un rumor de gente, muy perceptible”

       Ding, dong, ding, dong… “Ahora suena el timbre… menudo follón…”

       “Se escuchan pasos del pasillo hacia aquí…se va accionando la manecilla de de la puerta de mi dormitorio y por fin…se ve a María entrar… pero detrás de ella van dos individuos…

         “María, menos mal, te he estado llamando y no me oías…”

         “María, me ignoró y con el semblante apesadumbrado se dirigió hacia el armario, sacando uno de los trajes míos y dándole al par de visitantes les dijo”

         -Aquí les dejo. Tengan el traje, una camisa y su corbata. Hagan el favor de avisarnos cuando terminen

         -Descuide señora. Enseguida estaremos.

         “Quise comunicarme con los hombres, pero al igual que mi mujer pero no oían mis quejas. Aquel par de empleados, me cogieron sin ninguna atención, me sacaron mi pijama y me pusieron la camisa y el traje. Pensé que con el trajín, al moverme sin cuidado, me harían daño… pero esto no ocurrió. Poco a poco, mientras me peinaban a toda prisa, empecé a comprenderlo todo. Era evidente que consideraban que estaba muerto… pero esto no podía ser…mi conciencia y mi pensamiento, continuaban aquí, mi identidad continuaba presente, me daba perfecta cuenta de todo.”

         “Uno de los individuos, salió en busca de mi mujer. María entró y detrás de ella, toda la familia y el empleado de la funeraria.

         Mis dos hijas se arrojaron a mi maltrecho cuerpo y con lamentos se pusieron a llorar…noté como mi nieta me cogía y apretaba la mano, la pobre niña, no sabía cómo expresar sus emociones… mis yernos, ponían cara de circunstancias y creo que también experimentaban dolor. Al final, mi extenuada mujer también se puso a llorar.

         Yo, intenté moverme a toda costa… quise hablar para tranquilizar a todos…para demostrarles que no pasaba nada…que yo seguía estando allí y que la apariencia no se correspondía con la realidad. Pero la verdad es que ninguna palabra salía de mi boca y que no me podía mover bajo ninguna circunstancia.”

         -Señora-dijo uno de los empleados de la funeraria- Ahora nos lo tenemos que llevar. A partir de esta tarde, lo podrán velar en la capilla que les digan en el tanatorio.

         -Oh, sí claro- respondió mi mujer con un sollozo, secundado por toda la familia.

 

       “Ya estoy en la capilla del tanatorio…completamente inmóvil y sin poder hablar…me han cerrado los ojos pero me doy perfecta cuenta de todo, además los pensamientos de la gente me llegan sin necesidad de palabras.

         No creí que tuviera tantos amigos…todos se despiden de mí, recuerdan momentos en que vivimos juntos…algunos se arrepienten de pequeñas cosas con respecto a mí y todos quisieran haber sido más buenos conmigo. Los buenos pensamientos me llegan de todas partes. La gente va desfilando por la salita para despedirse, mientras que en la sala adjunta, se escucha fluir la vida y hablar de trivialidades, desentendiéndose un poco de mí.

         Pero no todo son buenas intenciones… ahora tengo delante al Miquelet, que cuando éramos jóvenes, cometió un suceso innoble, del cual yo fui testigo…ahora esta aligerado de que el único observador de este hecho, se vaya a la tumba…percibo claramente su alivio.

           También pasa a verme la Carmeta, ya muy mayor, que en su día estuvo a punto de ser mi mujer, pero al final opté por María… Carmeta, en vez de recordar los buenos momentos juntos, me despide con resentimiento por no haber sido lo que podíamos…sus pensamientos son agrios…

         Ahora pasa a verme un vecino con el que coincidíamos en el ascensor y que claramente me tiene manía…sus pensamientos son desconsiderados… En fin, opto por bloquear mi mente…

           Vuelve a entrar María. Ella repasa uno por uno, todos los recuerdos importantes de nuestra vida en común…hay cosas que yo no recordaba, pero la memoria de ella, acaricia todas las situaciones. Me agradece la vida que he pasado con ella. Me apena que no me pueda escuchar y que sepa que estoy consciente. Veo que estamos muy unidos…sin embargo, a última hora me reprocha una cosa… el que la deje sola delante de este sórdido mundo.”

           “Paso la noche solo, esperando la misa y el entierro de mañana. Se han apagado las luces y me he quedado solo conmigo mismo. Estoy completamente agobiado de mostrarme dueño de mis pensamientos, con la conciencia y con la angustia se sentirme en parte vivo. ¿Qué pasa? ¿Por qué no muero del todo? Esto es un castigo divino, algo insoportable. ¿Pasará mucho tiempo sin que pueda descansar en paz?

               “Acaban de accionar la luz del tanatorio… y vienen a buscarme para ir a la misa. Veo que me colocan en un ataúd con el barniz color caoba y en la tapa un crucifijo dorado, enorme. Yo no soy creyente y esto debe ser cosa de mi familia… De todas formas, me bajan a la capilla, donde hay bastante gente y me dejan delante del altar, junto al cura.

                 Este empieza a hablar como si me conociese de toda la vida y enumera unas supuestas cualidades mías que son refrendadas por movimientos de cabeza afirmativos por los presentes. A mí me da un poco de vergüenza ajena, el ver la multitud de buenas palabras de aquel hombre. Finalmente acaba y vienen a buscarme. Entonces ocurre lo peor de todo, la luz de afuera se va apagando, cerrándose lentamente la tapa del ataud y se haciéndose la oscuridad total.

               Sin ver lo que ocurre en el exterior, noto como me colocan, al cabo de un rato, creo que un coche fúnebre…lo digo por el ruido de motor.

           Quiero chillar, pero no me salen las palabras…mi angustia es delirante…me doy perfecta cuenta de todo, pero no puedo hacer nada… solo percibo oscuridad y mi conciencia que no deja de acosarme. ¿Qué puedo hacer?... Se acaba de parar el coche… Por favor, que vuelvan a abrir la tapa…es mi última oportunidad. ¿La agonía, que sufro yo, forma parte de la normalidad de la muerte? ¿O por el contrario, el que me sienta parcialmente vivo, solo me pasa a mí y es producto de una mente diabólica? ¿Será el futuro siempre así? La duda me corroe. Continúo encerrado. Me sacan del coche y me llevan no se adonde.

           No han abierto la tapa… estoy asustado, no sé qué puede ocurrir, ningún muerto ha venido del más allá, para contar lo que verdaderamente sucede. Se escuchan los sonidos creo de un albañil que está manipulando un nicho. Intento volver a chillar. ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!.

           Nada, el único sonido vuelve a ser el del paleta que creo que está cerrando el nicho. Finalmente no se escucha nada, ni tan siquiera los pájaros y el viento que oía hace poco. Lo único que oigo es la insistencia de mis pensamientos y una angustia que me desborda y que me horroriza y que temo que sea para siempre.

 

 

 

 

         

    


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