EXENTO DE CULPA (PARTE 1 DE 2)

Por cclecha
Enviado el 26/12/2014, clasificado en Intriga / suspense
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EXENTO DE CULPA (PARTE 1)

¿Hay progreso y evolución en el mundo? Iba pensando en esto sin tenerlo demasiado claro. Miraba la casa regia de enfrente, desde la ventana, menuda casa, rezuma dinero y categoría. Acaba de salir Mónica, la sirvienta, supongo que para hacer unas compras. El Sr. Paco, es el acaudalado propietario de la mansión, un Sr. Muy mayor que no sale casi nunca… supongo que se dedica a custodiar y admirar sus riquezas.

Volví a pensar en el progreso y evolución en el mundo. Qué duda cabe que no podemos comparar nuestra vida de ahora con la de hace trescientos años. Guerras, ejecuciones públicas, economías depauperadas, venta de esclavos, egoísmos de todas clases sin regular… parece que ahora hemos mejorado en todos los sentidos… bueno…. En casi todos. Puede que en el aspecto moral quizás es el sentido en que hemos evolucionado menos, siguen existiendo guerras (fuera del primer mundo), penas de muerte, lapidaciones, trata de blancas, guantánamos, egoísmos varios… si bien todo eso existía igual hace muchos años. Parece que la evolución humana nos lleva por un camino de ascendente que nos va haciendo progresar lentamente. A veces parece que vayamos en retroceso, como en la primera y segunda guerra mundial y otros muchos sucesos, pero luego volvemos a ascender. Es evidente que se trabaja menos horas que no hace mucho, que los descubrimientos sanitarios y técnicos van sucediéndose, yo diría que cada vez con más cotidianidad, cada día en este sentido hay una buena nueva. Fruto de todo ello es que existe un índice de bienestar cada vez más alto.

       Existirá ¿un progreso evolutivo de la consciencia? Igual que progresa la economía, la ciencia, la técnica, la cultura, etc. puede decirse que nuestra consciencia va ascendiendo y ¿no es la misma que en siglos anteriores? Me parece que sí. No creo que solo sea cuestión de cultura, ya que los clásicos estaban imbuidos en ella. Parece que no somos tan bestias como en tiempos antiguos, pero en el fondo somos animales que incompresiblemente tenemos un punto de luz en nuestro interior en forma de razón.

Ya vuelve Mónica con la compra hecha… a veces he hablado en la calle con esta chica y el tema de nuestra conversación siempre ha sido el Sr. Paco. Parece como si los dos confluyéramos como único tema, los hábitos del propietario de la casa. A los dos, sin conocernos demasiado, nos gusta hablar del Sr. Mayor, de sus horarios, sus manías, de su interés en ocultar de la mirada de extraños su mansión y sobre todo su despacho, al que no deja entrar ni siquiera para limpiar a su sirvienta.

Sigo en la ventana. Tenemos un cuerpo animal, venimos de los primates, pero con un punto de razón y de luz en nuestro interior, es apasionante. La evolución de nuestro cuerpo ya la vamos conociendo, diversas especies de homínidos han pasado antes que nosotros. Pero y la evolución de nuestra consciencia ¿existe? Tendría.

Todo está en movimiento. Creemos erróneamente que hay cosas fijas, pero como vemos que en la evolución, todo se mueve. Nuestro cuerpo ha ido evolucionando, nuestro cerebro también, los centímetros cúbicos de capacidad del mismo, no son los mismos desde Homo Habilis hasta el Sapiens. Entonces, seguramente también se mueve la consciencia… seguro que evoluciona.

Mónica acaba de salir al umbral de la puerta. Mira hacia mi ventana. Me acaba de hacer una señal. Creo que ¿a mí? Si, seguro que se dirigía hacia mí. En fin, voy a bajar a averiguarlo. En un momento estoy a su lado

- Hola ¿Cómo estás? Quería hablarte – dijo casi sin mirarme- pero no quiero que nos vean juntos. Me gustaría que quedáramos en el bar de la plaza Mayor, el jueves a las siete. De acuerdo, allí estaré.-le contesté lacónicamente

Sin decirme nada más, desapareció con urgencia detrás de la puerta de casa. Casi sin quererlo, había concretado una cita expréso con Mónica.

Me volví hacia casa, a mis pensamientos y a mi ventana. Al cabo de muy poco, pasó una cosa inusual. Salió muy lentamente el Sr. Paco. Iba con un bastón y andaba a cero por hora. Creo que intentaba pasear por la acera, parecía que intentaría andar como máximo veinticinco metros y siempre sin bajar de la acera. Su aspecto era de una persona excesivamente mayor. Aquello se me antojaba injusto. Yo tan joven, con un cuerpo perfecto y con gran capacidad mental y el, justo lo contrario… pero sin embargo tan rico. ¿Porqué él tenía que tener la capacidad económica que yo no tenía? ¿Para qué quería el dinero con semejante cuerpo? Yo, podría aprovechar como es debido, todas sus riquezas, podía gozar en todos los sentidos y en cambio él, solo podía disfrutar, contemplándolas. Al cabo de muy poco, el Sr. Paco no aguantó en la calle y volvió a entrar en su redil.

     Desvié mis pensamientos hacia Mónica y hacia la cita. La chica sin decirme nada, me lo había dicho todo. Creo que todo iba relacionado con el Sr. Paco. Sin embargo tendría que esperar hasta el jueves para enterarme bien. Mónica, me supongo que se tenía por muy guapa y pensaba que tenía cierto ascendiente conmigo. Me figuro que se creía que me tenía hipnotizado con sus piernas y cuerpo. A mí, sin embargo, esto me importaba muy poco, lo único que me interesaba era el Sr. Paco.

     El tiempo, hasta el jueves, pasó muy lentamente. Esto del tiempo es muy subjetivo. El único truco para que no vaya rápido es aburrirse, entonces no hay manera de que pase. Si te diviertes, el tiempo pasa en un periquete. También me he fijado que le cuesta mucho de pasar, cuando estas esperando a alguna persona y esta se retrasa. Cada minuto de espera es como una eternidad. Hay una anécdota al contrario, más bien graciosa: Un hombre debido a las prisas, tropieza con otro por la calle. El segundo le dice al primero, hacia ¿dónde vas con tanta prisa? , y el primero le contesta… no tengo ni idea, pero lo que sí seguro es que voy deprisa. Conclusión: la gente va apresurada pero no sabe dónde va, desconoce el sentido último de su apresuramiento, va deprisa porque es la tónica de nuestra sociedad.

     Ya es jueves. El bar de la Plaza Mayor está a tope. Todavía no ha venido Mónica. Me siento en una mesa metálica negra con sobre de mármol blanco. Pido una cerveza sin alcohol. Contemplo a los parroquianos y no veo nada que despierte mi curiosidad en ellos, las conversaciones son triviales, política, actualidad, football… es fin, nada arriesgado, cuando la veo que con determinación se sienta en una silla delante de mí.


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