ATRAVESANDO EL TUNEL (PARTE 3 DE 3)

Por cclecha
Enviado el 26/12/2014, clasificado en Intriga / suspense
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ATRAVESANDO EL TUNEL (PARTE 3)

 

Berenguer le dijo muy quedamente a Jaime

         -No nos podemos quedar aquí, detrás de una mata, esperando que nos descubran. Tenemos que arriesgarnos. Creo que a unos pocos metros se encuentra un sendero por el que podremos caminar. Vamos

       Jaime siguió fielmente a su jefe hasta el sendero y solo poner los pies en el mismo, una voz a sus espaldas les conminó

       -¡Alto! ¿Quiénes sois?

       La voz autoritaria pertenecía al jefe de una patrulla de reconocimiento del ejército invasor.

       La lucha sucedió casi de inmediato. Jaime se vio inmediatamente rodeado por cuatro guerreros. Detrás de la parapeto de Jaime, Berenguer empezó a verlo todo perdido; desenfundó su espada y esperó al desenlace de la lucha. Jaime, se desembarazó del primer guerrero con facilidad, el segundo cayó de una hábil estocada de la espada de Jaime como si fuera de mantequilla tibia, el tercero se vio obligado a doblar las rodillas, presa del dolor y los mandobles certeros del soldado-cura. El cuarto empezó a correr en retirada… a escasos metros se encontraba el resto de la partida observando…entonces paso lo inevitable, al darse la vuelta Jaime para seguir en dirección contraria y escapar de la patrulla, dos flechas certeras se clavaron en la espalda de Jaime, haciéndole perder el equilibrio y la vida.

         Berenguer se vio perdido y aún abandonando de inmediato a su soldado, se vio pronto rodeado de guerreros que poco a poco le fueron ganando la partida.

       Lo peor de todo, era que su brazo ya no tenía la fuerza de unas horas antes…el miedo se había apoderado de él y su espada era timorata. Entre la lucha, una espada, surgida de no se sabe dónde, alcanzo la parte superior de su malla y le efectuó un corte profundo en el cuello. Empezó a desangrarse sin remedio. Los rivales, viéndose ganadores le hicieron un pequeño corro y dejaron que fuera desangrándose lentamente. Berenguer alzó la vista y volvió a ver como un manto infinito de estrellas y pequeñas luces, que poco antes había visto desde las almenas del castillo, ahora le esperaban con un destino incierto.


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