El gatito negro y la locura de Tomas 1ª parte

Por albertocubeiro
Enviado el 01/03/2015, clasificado en Drama
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 ¿Sería capaz de arreglárselas con lo que le iba a quedar del paro?, ¿podría seguir  pasándole la paga para la manutención de Sara?

La incertidumbre fue una excelente excusa para empezar otra Xibeca, la cuarta desde que se había despertado de la siesta dos horas antes.

 

 

- Miau, -maulló el gatito.

Tomás cogió al pequeño gato y lo abrazó con ternura, éste se dejaba querer. Acariciando la pequeña cabeza negra le asaltó la urgencia de hablar con Cristina y con Sara. Y eso era tan sencillo como realizar una llamada telefónica...

 

Al intentar marcar el número comprobó lo complicado de introducir la punta de su dedo en los agujeros del disco  (sexo), descubrió que ya estaba bastante borracho.

 

Dejó al gato en el suelo y sentándose en el sillón se dispuso a relajarse mirando la tele que puso en marcha desde el mando a distancia...

Estaban dando una serie americana de jovencitas norteamericanas arrastrando sus problemas existenciales por las playas de Miami. Empezó a alterarse observando aquellos esculturales cuerpos (sexo), exuberantes, tapados por unos minúsculos biquinis (sexo).

 

Se desabotono el pantalón bajándoselos hasta los tobillos. Sacó al mundo un ridículo pene arrugado por el alcohol.

 

El gatito subió de un salto al sillón atraído por la curiosidad y el hambre, quería averiguar si aquello que su nuevo dueño le mostraba era para comer o simplemente para jugar. Así que de un salto se plantó en la entrepierna de su nuevo dueño y?????..

 

El puñetazo le alcanzó de lleno en su pequeño cuerpo. Tomás había reaccionado en el preciso instante en que el gatito había levantado la patita enseñando las garras como pequeños alfileres que ya había empezado a ir en dirección de aquella especie de salchichita que tanto le atraía.

 

El cuerpo del gatito voló estrellándose contra el rostro de una jovencita que arrastraba problemas existenciales por una playa de Miami. El maullido lastimero e increíblemente infantil aceleró algo más que el corazón de Tomás...

 

Una voz interior le previno, -disfrutaste haciéndole daño ¿verdad?

-Estoy borracho- se oyó decir en voz alta para acallar aquella vocecita misteriosa que había surgido muy dentro de su cerebro.

 

Buscó relajarse centrando su atención de nuevo en aquellos cuerpos maravillosos de las jovencitas americanas que arrastraban sus problemas existenciales por las playas de Miami (sexo). De nuevo su cuerpo se excito y a pesar de los litros de alcohol notó su miembro que estaba semierecto, ?morcillón-, le espetó la voz de su cerebro.

 

Haciendo oídos sordos a su propia estupidez comenzó a masturbarse. A medida que su mirada devoraba aquellos cuerpos hermosos iba ganando en velocidad y cuando ya estaba a punto del clímax la pantalla del televisor se llenó con un primer plano del padre de algunas de aquellas jovencitas norteamericanas que arrastraban sus problemas existenciales por las playas de Miami.

 

La rabia e  impotencia hizo que apretase demasiado fuerte su pene y lanzase un gritito ridículo y solitario.

 

De nuevo las imágenes de ellas. Su excitación era ya descontrolada, su mano llegó a velocidad de crucero. Notaba que ya estaba  a punto de eyacular. Adivinaba que iba a ser una corrida de escándalo puesto que llevaba ya muchos días sin dedicarse a esa adicción masturbadora que no le había abandonado desde aquella primera y temprana paja de su niñez.

 

En ese preciso momento una de las chicas que aparecían en la pantalla protagonizaba una escena de ducha bastante subida de tono.

 

?Ya, yaaaaa... exclamó completamente fuera de sí acelerando el movimiento de su mano con una velocidad casi imposible.

El semen saltó con fuerza en el mismísimo instante en que la pantalla del televisor se fundió en negro apareciendo el rostro de Aznar en un avance informativo.  

El chorro de  semen aterrizó de lleno en su rostro en el mismísimo instante que observaba a Aznar que desde su televisor le dedicaba una sonrisa forzada.

-! Mierda ¡ gritó.

- Miau, -pareció responder el gatito desde alguna esquina del apartamento.

(Sexo)

La voz no dejaba de reírse.

 


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