En su despacho profesor... 4

Por Satine1991
Enviado el 11/04/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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El agua resbala por mi cara. Cierro los ojos y me acuerdo de él. Sonrío y salgo de la ducha. Me ha calificado el examen con un miserable notable. Totalmente inaceptable para mí. Lo sabe. Por eso lo ha hecho. Yo no me doy por vencida tan fácilmente. Miro el reloj y falta exactamente una hora para que finalice su horario de tutoría. 

Elijo cuidadosamente mi ropa. Una falda vaquera, camiseta blanca y pañuelo rosa. Cojo mi móvil, echo un último vistazo a mi reflejo en el espejo y mi cara revela una inmensa satisfacción por mi aspecto. Camino hacia la universidad y saco mis gafas de sol del bolso. 

Llego al edificio, opto por las escaleras y el ambiente un tanto fresco hace que me recorra un escalofrío. Voy por el pasillo. Su puerta es la última a la derecha. No hay nadie a la vista. Eso me hace sonreír. Mejor, nos ahorraremos posibles interrupciones. 

Escucho voces desde su despacho y eso me desanima. Camino más despacio hasta que me quedo parada a escasos metros de la puerta. Me apoyo en la pared.

- No sé por qué has tenido que venir aquí. Te marchas y ya hablaremos en casa-le escucho decir a él y no precisamente en un tono amable. 

- Estoy cansada de tu actitud. Sé que ocurre algo y quiero saber qué es-esa voz no la identifico. Es de mujer y un tanto melosa. 

Caigo en que él está casado. Parpadeo y esa idea revolotea en mi cabeza. Yo ya lo sabía pero ahora me siento una intrusa. Y más al estar escuchando una conversación personal. Debería marcharme pero mis piernas no responden. 

- He dicho que te largues. No me hagas repetirlo-y escucho como abre la puerta bruscamente. Me giro e intento ocultarme detrás de una de las columnas del pasillo. 

- Nunca has sido un hombre. No me sorprende que no lo seas ahora.

- Se ve que no lo he sido si te viste en la necesidad de acostarte con el primero que se te cruzó por delante. 

Escucho eso y me quedo fulminada en el sitio. Creo que "ella" también ha sido fulminada porque solo escucho las patas de una silla que rozan el suelo y el ruido de unos tacones que se aproximan. Me acerco más a la columna y cierro los ojos en un intento infantil de que ella no me vea al pasar por allí. 

Por lo visto funciona porque cuando los abro la veo alejarse. La miro con curiosidad. No he visto su cara pero es casi tan alta como yo, aunque es morena. Me siento algo celosa cuando observo sus pantalones ceñidos y un cuerpo bastante voluptuoso. 

Salgo de mi escondite y no sé si marcharme o entrar. Me decido por lo primero y me giro para seguir a la "señora" que acaba de retirarse. 

- Sara. 

Me quedo quieta. Él ha salido al pasillo. ¿En busca de ella? ¿Ha escuchado algún ruido?

- Pasa-menudo tono autoritario. 

- No. Pablo yo ya me marchaba. Había venido a ver a otro profesor pero no está-le digo mirándole ya de frente. 

Me traspasa con la mirada. No dice nada, me agarra del brazo y me arrastra hasta el despacho. Miro hacia todos los lados. No hay nadie. Me suelta cuando cruzamos la puerta, la cierra de un portazo y me empuja contra ella. Se pega a mi espalda. 

- Niña mientes muy mal. Ya lo sabes-sus manos agarran mis caderas y me aprietan contra él. Siento su polla dura contra mi culo. Está cachondo. 

Me lo quito de encima y me acerco a la mesa. 

- Me voy a marchar-le digo muy seria. 

Sonríe. Se aproxima a mí. Me agarra de nuevo, me gira y pone mis manos sobre su escritorio. Se coloca a mi espalda. Intento retirarme pero se pega más a mí. Siento su respiración en la oreja. Me muerde suavemente y lleva su mano bajo mi falda. Retira con facilidad mi tanga. 

- Estás tan cachonda como yo. ¿Por qué te quieres marchar?-me dice metiendo un dedo dentro de mí. Intento no jadear pero quiero más. Quiero su polla dura y caliente entrando despacio en mí. 

- No quiero ser tu polvo de consuelo después de que hayas discutido con tu mujer-digo con la cara sobre la fría madera. 

No dice nada. Creo que me he pasado. Intento ponerme de pie pero su mano empuja mi espalda y me obliga a colocarme sobre el escritorio de nuevo. No veo su cara. Sólo siento su cuerpo pegado al mío. Noto como sus manos me suben la falda y desabrocha su pantalón. 

- Déjate de consuelos. Yo prefiero follarte y punto-y me baja el tanga dejándolo a la altura de mis rodillas. Me obliga a juntar las piernas y me penetra. Despacio. Sí, así como me gusta. Sentir su polla bien. Lo siento muy justo, muy fuerte y muy duro. Me encanta. Me tiene sujeta de las caderas y mantiene un ritmo suave. Mis manos se aferran al borde del escritorio y hago que mi culo vaya más deprisa. Capta la indirecta. 

-¿Quieres más rápido? Será como quieras-y entonces me folla como siempre lo hace. Rebota con fuerza contra mí y noto mis piernas que empiezan a fallarme. Lleva una de sus manos a la parte delantera de mi coño y sus dedos trazan círculos que me hacen gemir. Sin previo aviso se retira. Me coge de los hombros, me gira y me sienta sobre el escritorio. 

Se coloca entre mis piernas, me coge del culo y me vuelve a penetrar. 

- Quiero ver tu cara cuando te corras. Esa cara de viciosa y morbosa. Esa boca que está siempre dispuesta a comerse mi polla-me susurra mientras su lengua pasea por mi cuello. Estoy tan mojada y tan apunto que los gemidos se escapan de mi garganta sin control. 

No tiene que repetirlo dos veces, me corro y me abrazo a su cuello. Con dos embestidas más termina él y me deja despacio en el suelo. No me retiro. Sé que si me suelto me caeré al suelo. Me abraza, me rodea la cintura con un brazo y con el otro coloca mi pelo. 

- ¿Estás bien?-me pregunta intentando mirarme a los ojos. Cree que me ocurre algo. Yo lo que intento es que mi cuerpo vuelva a responder a las órdenes de mi cerebro. ¿Qué me sucede con él? Me enloquece. Eso en cierto modo me asusta. Pero yo soy dueña de mis actos, nadie más. 

- Sí. En realidad yo venía porque no estoy de acuerdo con la nota de mi examen-digo con naturalidad bajándome la falda y sentándome en la silla que hay enfrente del escritorio.

Miro la superficie de madera lisa y veo que hay una mancha húmeda. Me pongo colorada, son flujos míos. 

Él también los ve. Se abrocha el pantalón y se sienta en su silla con parsimonia. Pasa un dedo por la mancha mojada y se lo lleva a la boca. Lo chupa con cuidado. Miro su boca y siento que ardo de nuevo. 

- Estoy dispuesto a negociar-y se echa hacia atrás cómodamente cruzando los brazos y me sonríe. 

Yo pongo un codo sobre el escritorio, apoyo la barbilla sobre mi mano y también sonrío. 


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