SIN TÍTULO (IV)

Por El Felino
Enviado el 29/05/2015, clasificado en Intriga / suspense
371 visitas

Marcar como favorito

El doctor esperó en silencio unos segundos a que James continuara hablando, pero él volvió a refugiar la mirada en su regazo. Entonces Barrows se inclinó de nuevo hacia delante con las manos entrelazadas sobre la mesa. Arqueó las cejas y, con el mismo tono conciliador, siguió preguntando:

-¿Qué ocurrió aquel día en el porche de tu casa, James?

La voz volvió a hablar, esta vez cargada de un odio podrido de habérselo guardado mucho tiempo.

Esas zorras. Esas zorras se lo merecían.

-Esas zorras se lo merecían -dijo James en voz alta, esta vez con mucha más seguridad.

El tono de sincero desprecio que destilaban aquellas palabras hizo que Barrows sintiera una punzada de odio. Notaba un calor desagradable en la boca del estómago que le subía y le quemaba por todo el pecho. Por un instante lo achacó a que su estómago se quejaba de tanto café. Pero no: era más bien un hormigueo insistente provocado por la bestia de su interior al desperezarse. Tragó saliva para intentar contenerla dentro. Se sentía extrañamente despejado.

La conversación no avanzaba lo más mínimo, así que decidió cambiar de estrategia.

-¿Sabes por qué la Policía llegó a tu casa tan rápido? -Los agentes habían llegado justo a tiempo para evitar que James apretase el gatillo de un revólver contra su boca. El doctor respondió su propia pregunta-: La idea del alcalde de poner cámaras de seguridad por las calles hace unos años nos vino de perlas.

Sus palabras no tuvieron ni por asomo el efecto que deseaba. James le lanzó por encima de las gafas una mirada propia de un hombre lúcido, alguien que se hace cargo de la situación. Sus ojos se habían vuelto de un azul más oscuro y profundo.

El doctor, lejos de achantarlo, había conseguido provocarlo.

Craso error.

Todo el miedo que James pudo haber sentido se evaporó sin dejar rastro. Se entregó a lo que la voz tenía que decirle.

Ese cerdo está perdiendo el tiempo.

-Creo que pierdes un tiempo valioso, William -replicó tranquilamente-. No tengo ningún interés en satisfacer tu morbosidad.

Apenas hubo pronunciado esas palabras, James observó que el doctor tensaba la cara y empezaba a palpitarle la vena de la sien. Él podía tolerar que un paciente le llamara por su nombre de pila, pero no estaba dispuesto a que le tutearan sin su permiso.

Barrows le puso la cara a James lo bastante cerca como para que él pudiera oler su desagradable aliento cuando habló de nuevo:

-Ten cuidado conmigo, listillo. No te conviene enfadarme -le amenazó, abandonando toda formalidad. Pronunciaba muy lentamente, mascando las palabras. Respiró hondo para tratar de relajarse sin mucho éxito-. Te lo preguntaré por última vez: ¿qué ocurrió en el porche de tu casa?

James le dedicó una sonrisa socarrona. Había encontrado lo que buscaba.

Atacó sin piedad, como él sabía hacer.

-¿Quieres que todo el mundo sepa por qué tu hospital sigue abierto a estas alturas?

El doctor frunció el ceño de forma casi imperceptible. Un signo de debilidad.

James siguió metiendo el dedo en la llaga.

-Crees que nadie más que tú sabe lo de los sobornos y? todo lo demás. -Acompañó las últimas palabras de un vago ademán que desentonaba con su habitual frialdad. -La gente habla, William. Tus médicos dicen que si siguen contigo es solo porque les pagas bien. Pero te consideran un canalla arrogante. -Asintiendo levemente, le espetó-: Y yo también.

El doctor Barrows enrojeció de ira. La bestia se hacía fuerte y creció en su interior hasta dominarlo. Dio una fuerte palmada en la mesa y apoyó la espalda en el respaldo del sillón. Abrió la boca para hablar, y fue como si abriera la puerta de un horno.

-¡Ya basta! -gritó, levantando un amenazador y tembloroso dedo delante de James-. Dime lo que quiero saber -inspiró por los dientes- o te juro por Dios que no saldrás de aquí en tu puta y miserable vida.

Las palabras salieron en tropel de su boca, como hierro fundido. Hizo una pausa para que James las asimilara. Después, con el rostro congestionado, siguió escupiendo amenazas:

-Ordenaré que te metan en la «bola» y? -Chasqueó los dedos-. Desaparecerás de los registros. Nadie volverá a verte la maldita cara. ?Con una sonrisita de suficiencia en los labios, añadió-: Es así de fácil.

En aquel momento, de no ser por cómo iban vestidos, habría resultado difícil decir quién era el cuerdo de los dos.

Una nueva sonrisa se dibujó muy poco a poco en los labios de James, mostrando todos los dientes. Tras ella soltó una carcajada limpia que le brotaba de dentro.

Barrows no lo esperaba; se debatía entre la incredulidad, la ira y, tal vez, el miedo. Todo eso se le notaba en la cara, que dudaba entre enrojecer o palidecer. Optó por lo segundo.

Sus ojos volvieron a encontrarse con los de James, y le pareció ver algo más que un par de lagunas azules. Tenían un brillo extraño; se habían vuelto aún más oscuros, casi negros. El doctor se dio cuenta de que no podía dejar de mirarlos.

Eran magnéticos. Los de un depredador.

James había fijado a su presa. No desperdició la oportunidad.

Acaba con él. ¡AHORA!

El director se tiró distraídamente del cuello de la camisa; de pronto notaba una ligera presión en la nuez. Esa sensación fue a más, obligándolo a quitarse la corbata, pero no se sintió más aliviado. Empezaba a respirar con dificultad, como si un par de manos invisibles se hubieran cerrado alrededor de su garganta.

-¿Qué...? ¿Qué demonios...? -alcanzó a decir entre dos resuellos.

Antes de que pudiera gritar para pedir socorro, James lo perforó con la mirada y la vía aérea se le cerró del todo. Se agarró con ambas manos a los brazos del sillón, atrapando desesperadamente bocanadas de aire, como un pez al que han sacado del agua.

Pero todavía quedaba lo peor.

 

 

Inciso:

Espero que te haya gustado la cuarta parte del relato. No dudes en comentar abajo haciéndome saber cualquier detalle que cambiarías, por pequeño que parezca, con respecto a la prosa, la estructura narrativa y el diseño de los personajes. Es la única forma que tengo de aprender y mejorar. También puedes ayudarme a encontrar un título, si se te ocurre. Cualquier aportación es bienvenida siempre, de verdad.

Gracias.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com