Modosita

Por anfioxus
Enviado el 12/11/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Subí al ómnibus y me tocó pararme al costado izquierdo de un asiento en el que estaba sentada una chica algo atractiva. Lo hubiera sido más si no hubiera estado con una ropa muy seria. Miré la hora, iba a llegar algo tarde. Estaba cansado, pero quizás me alcanzaría las energías para ver una película por TV y despertar por propia cuenta mis instintos. Recordé los afanes que tenía con mi enamorada, y un ramalazo de deseo recorrió mi cuerpo. Imaginaba el momento en que ella caería rendida en alguna cama, piso o jardín.  

Estaba así, ensimismado, cuando de pronto sentí una mano, que como distraída, había bajado hasta mi entrepierna. Mi sorpresa e incredulidad iniciales dieron paso a la certeza de que aquella chica sentada al costado sabía lo que estaba haciendo, pues inmediatamente su dedo índice recorrió el largo de mi miembro, que, lo acepto, estaba como un fierro.

Nunca hubiera pensado que esa chica sentada, tan modosita hasta ese momento, se hubiera podido dar cuenta de la dureza de mi pieza y, menos aun, que actuara con esa desfachatez. Yo la miré de reojo y ella me correspondió con una efímera e impúdica mirada.

Placer de un infinito tiempo encerrado en no más de cinco minutos. Cuando ya casi explotaba:

—Bajan en el paradero —dijo la dama y se levantó, respetable. Todos le abrieron paso, yo también. 

Me quedé ahí parado pensando si mi mamá hubiera botado al perro que me había perseguido la madrugada anterior hasta la casa si yo no llegaba a tiempo para limpiarlo, darle de comer y ponerlo en la azotea, pobrecito, chiquito, mojado, hambriento, una piltrafa.

—¡Ey, joven!, ¿se va a sentar o no?

—Ah, ok, siga nomás, señora.

Me quedé en el ómnibus. Faltaba todavía un trecho largo para mi paradero. No sabía si sentirme afortunado o ultrajado. “Está bien, así —me dije—. Seguro que hubieras perdido un riñón. Bueno, a la mierda, ahora solo falta que no te hayan guardado comida en casa”.   


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