Duro (y deseado) entrenamiento... 2

Por Satine1991
Enviado el 22/12/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Diana lanzaba miradas disimuladas al otro lado de la mesa. Estaban en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Era la cena de Navidad que todos los años organizaba el gimnasio. Ella se había sentado al lado de Alex (su entrenador personal), mientras que Óscar se había ubicado estratégicamente entre dos mujeres que no paraban de lanzarle piropos y sonrisas afectadas. 

- No intentes disimular-dijo Alex bebiendo un poco de vino.

- No sé de qué me estás hablando-contestó ella.

- ¡Por favor! ¿Qué ocurrió cuando yo me fui de vacaciones? Las cosas ya estaban tensas antes de que me marchase pero es que ahora es inaguantable. 

A la mente de Diana acudieron las imágenes de Óscar y ella enredados en el suelo de la sala de boxeo. Él dentro de ella. Él agarrándola fuerte de las caderas... 

- Repito: no sé de qué hablas.

Alex se limitó a sonreír y a mirar como Óscar tonteaba descaradamente con las féminas que le rodeaban. Vio que se levantaba y se acercaba a ellos. 

- Bueno, ¿qué tal lo lleváis?-y se colocó entre Alex y Diana tocándole a ella la espalda. En cuanto notó su mano sobre la piel desnuda que dejaba al descubierto su vestido, se quedó congelada en su silla. 

- Bien. ¿Y tú? Te has ido muy lejos- contestó Alex. 

- Quería darte tiempo para que pensases las nuevas torturas que nos esperan mañana durante el entrenamiento.

- Pues sí. Recuerda que mañana a las 9 tenéis que estar en el gimnasio. 

Óscar resopló. 

- Sin agobios ¿de acuerdo? Me reclaman en mi sitio- y se marchó. 

Diana le fulminó la espalda con la mirada. No había pronunciado una palabra en su presencia.

- El muy idiota seguro que llega tarde-dijo bebiendo de su copa. 

La noche transcurrió tal y como ella había esperado. Fueron todos a tomar una copa. Óscar continuó con su flirteo generalizado con todas las mujeres que se le cruzaban por delante. Diana se marchó a casa pronto y se metió en la cama deseando dormirse cuanto antes y sin querer pensar qué estaría haciendo su "compañero" de entrenamiento. 

A la mañana siguiente ella llegó quince minutos antes de la hora acordada al gimnasio y se puso a correr en la cinta. Alex la saludó cuando la vio llegar y comenzó a preparar el circuito que Óscar y Diana debían realizar ese día. Pasaron dos horas hasta que él llegó. Diana harta de esperar había hecho los ejercicios pero al no tener a su compañero no había podido hacerlos todos correctamente. 

Alex ya no estaba, se había marchado a otro entrenamiento dejando a Diana sola estirando. Óscar entró tranquilamente por la puerta.

- ¡Eres un perfecto imbécil!-le dijo en cuanto le vio en la puerta. 

- Tranquila gatita, no me presiones, me duele la cabeza. ¿Cuándo empezamos?-le contestó colocándose las muñequeras. 

- Tú te puedes ir al infierno y empezar cuando quieras. Yo he terminado ya y esto se ha acabado. Búscate a otra persona para entrenar-y acto seguido Diana desapareció en dirección al vestuario. 

Maldiciendo se empezó a quitar la ropa para ducharse. ¿Qué se había creido? Cogió la toalla, se puso las sandalias y se metió a una de las duchas. 

Óscar con remordimientos se fue al vestuario de los hombres. Miraba significativamente la puerta de la sauna. Sabía que si no estaba cerrado desde el otro lado, podría atravesar la sauna (apagada ese día) y colarse al vestuario femenino. Se quitó la ropa y sólo cogió una toalla. Giró el picaporte y la puerta estaba abierta. La sauna estaba a oscuras. Caminó despacio por los tablones de madera para no hacer ruido. Rezó para que la siguiente puerta no estuviera cerrada desde el otro lado. Sonrió cuando se dio cuenta de que no lo estaba. 

Abrió despacio y esperó para comprobar que Diana estuviera sola. No escuchaba ningún ruido salvo una ducha. Andó hacia la zona de las duchas. Y entonces la vio. La mampara apenas dejaba nada a la imaginación. Ella estaba de espaldas a él aclarándose el pelo. Dejó caer la toalla al suelo y abrió la mampara. 

De repente Diana sintió como la agarraban por detrás. Se llevó un gran susto e intentó girarse. Pero él no la dejó. 

- Tranquila soy yo-le susurró al oído mientras rozaba su polla contra su culo mojado. 

- ¿Qué te crees que estás haciendo?

- Venga, no me digas que no lo deseas tanto como yo-y una mano fue directamente a su coño, mientras que un dedo de la otra trazó un sinuoso camino hasta uno de sus pezones. 

- Sal de aquí inmediatamente. Puede vernos alguien-e intentó librarse de él. No funcionó. Él le rodeó la cintura con un brazo y la pegó por completo a su cuerpo. 

- ¿Por qué estás tan suave? Anoche no pude dejar de pensar como sería quitarte ese vestido que llevabas-hablaba y la acariciaba despacio. Al tener el cuerpo mojado su mano resbalaba y a ella se le erizaba la piel. El agua había parado y él volvió a pulsar el botón para que saliese de nuevo. 

La empujó suavemente hasta que los dos quedaron debajo del chorro de agua. Le besó el cuello y cuando estuvo seguro de que ella no intentaría escaparse la giró. Estaban cara a cara. Él alzó la cabeza y tras tener algo de agua en su boca se inclinó hacia ella. La besó mientras dejaba escapar despacio el agua entre sus labios. Ella se abrazó a él. Era todo lo que necesitaba. 

Óscar la levantó en brazos y la apoyó contra la pared. Diana le rodeó con las piernas. Él la tenía agarrada del culo y hacía resbalar su polla en la entrada de su coño. Le mordió suavemente la barbilla. 

- Dime que seguirás entrenando conmigo-le dijo. 

- No-y al decir eso ella cayó en la cuenta de lo que estaba pasando de nuevo y trató de deshacerse de él. 

No funcionó. Óscar la agarró de las muñecas y se las puso sobre la cabeza. Se las sujetó con una sola mano y con el otro brazo la cogió de la cadera y la penetró de un solo golpe. Ella se encontraba entre la pared y él cuerpo de él. Apenas podía moverse. 

Él empezó con embestidas suaves y mirándola a los ojos. La besó y cuando notó que ella dejaba de resistirse le soltó las manos. Diana las llevó a su pelo y comenzó a gemir. Él pudo agarrarla mejor y aceleró el ritmo. Sentía que sus músculos comenzaban a rebelarse contra el esfuerzo que estaban realizando pero poco le importó. Paró para realizar movimientos circulares contrá el clítoris de ella. Diana empezó a arañarle la espalda inconscientemente en un intento por no hacer ruido. 

- Dilo...dí que seguirás entrenando conmigo-le susurró mientras llevaba una mano a su culo e introducía un dedo mojado en él. 

Diana asintió mordiéndose el labio. Él empezó a follarla de nuevo. Realizaba el mismo movimiento con su polla que con su dedo. La penetraba por ambos orificios y disfrutó viéndola correrse. Tampoco él tardó en hacerlo. 

No dijeron nada. Se quedaron abrazados y con la respiración agitada bajo el agua que seguía cayendo. Tras unos minutos Óscar se movió. 

- Nos vemos mañana-dijo saliendo de la ducha. Y se marchó. 

 


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