El cantante de ópera

Por cclecha
Enviado el 21/01/2016, clasificado en Terror
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     Estoy asustado….creo que no dormiré en mucho tiempo. Me ha sucedido algo que me supera…necesito contarlo, pero quizá que antes explique los prolegómenos de la historia

     En el piso superior mío vive un cantante de ópera con el que nos hemos hecho amigos íntimos. Normalmente desde mi casa, cuando ensaya, acompañado por una pianista, la música atraviesa las paredes y un suave y embriagador rumor, me llega nítidamente. Para mí, es todo un lujo para mis oídos que las arias de Mozart, Verdi, Wagner, o de Puccini, dulcifiquen mi soledad.

       Algunas veces, cuando la pianista se va y considero que ha acabado de ensayar, me gusta subir a hablar con él.

       El cantante es una persona con el físico exuberante…quiero decir, que sin ser demasiado grueso, es una persona ancha, con una caja torácica importante, la cara redonda y el cabello, todavía negro.

       Solo hace tres días que subí a cambiar impresiones:

       -He escuchado que estas ensayando una ópera en concreto…o por lo menos eso me ha parecido

       -Dices bien…ensayo sin descanso, mi papel en el “Otelo de Verdi”. Tú como artista que eres, me podrías decir lo que opinas

         - Ya sabes que no soy artista…si soy crítico literario y si te puedo decir que Shakespeare, que en este caso habla por boca de Otelo, es uno de los máximos exponentes de la verdad de los humanos en la literatura. En cuanto a la música de Verdi, la considero superior… me llega en forma de armonía…seguramente la música es el arte más elevado. ¿A ti te gusta Verdi?

         El cantante sonrió y me dijo –Ya sabes que al pastelero no le gustan los pasteles… a mí sí me gusta la opera italiana, pero me he visto obligado a trabajarla con esfuerzo y esto hace que sin estar saturado de ella, la contemple con cierta distancia- Entonces abrió el baúl que le servía de mesita de centro y extrajo un CD de Mahler y lo introdujo en el aparato de CDS

         A mí, como siempre que él abría el baúl, se me iban los ojos de envidia mirando su extensa colección de música clásica. El cantante de ópera, sabía de mi admiración por su colección y yo creo, que esto le halagaba.

         Seguimos hablando si él era partidario de la ópera italiana o por el contrario de la alemana…también volvieron a surgir comentarios sobre Shakespeare e incluso sobre Cervantes…la velada acabó con estas y otras opiniones.

     Dejemos los prolegómenos de la historia y pasemos o la tremendo que se oculta en ella.

     El asunto es el siguiente. Exactamente hace un par de noches, mi amigo el cantante, sufrió un ataque al corazón fulminante…al vivir solo, lo encontraron a la mañana siguiente, muerto.

     Este suceso, me afectó profundamente y aquella noche no me fui a dormir como cada día, a mi hora normal, sino que me puse a escuchar un CD de ópera en honor de mi amigo. Me senté en mi sillón orejero del salón y dejé que las estructuras musicales del disco penetraban lentamente en mí. Entonces, un suceso inusual me ocurrió. Noté como otro canto mucho más más tamizado, se filtraba del piso superior, se superponía al CD y me envolvía. Nervioso, apagué el aparató y agucé el oído, a ver si era realidad lo que estaba escuchando. ¡No cabía duda, me llegaba, lejana, la voz de mi amigo! Como si estuviera ensayando. Me asustó enormemente lo que me estaba pasando…entonces, de repente el canto de mi amigo, cesó, vino el silencio y yo tuve la duda de que si todo lo había imaginado…con las manos sudorosas, pedí al Altísimo que todo hubieran sido sugestiones mías….

       De súbito pasó lo que yo no quería que pasase. El timbre de la puerta de mi piso, sonó nítidamente…Ya no estaba asustado, sino aterrado, estremecido y literalmente temblando.

       No tuve más remedio que afrontar, acobardado, el problema. Miré por la mirilla de la puerta a ver quién estaba llamando. Al otro lado no se veía nadie. Ninguna persona estaba pulsando mi timbre. Pero la pesadilla no acabó aquí. El timbre volvió a sonar. Aunque estaba paralizado por el miedo, mi mente se atrevió a pensar que si era realmente el cantante de ópera, este, era mi amigo…entonces no podía esperar nada malo de él…pero mi miedo iba en aumento… ¿Y si había venido a buscarme para llevarme con él?

       El timbre volvió a insistir….no tenía más remedio que abrir…Abrí…y entonces una ráfaga de viento helado, inundó el recibidor de mi casa, revoloteándome incluso el pelo. Noté como la temperatura de la estancia bajaba en picado. Aquí ocurrió algo que no deseo ni a mis más feroz enemigo.

       Una presencia helada se acercó lentamente hacia mí y noté como con suavidad, algo me abrazaba. Un abrazo congelado, gélido y entumecido…como si de un oso polar se tratara…no me cabía duda…por la envergadura se trataba del cantante de ópera. No veía nada, tan solo sentia.El abrazo se me hizo inacabable, casi eterno…entonces, escuché veladamente unas palabras lejanas, entrecortadas y casi inaudibles que me decían: -“He venido a despedirme”

         Creí que me iba a desmayar y medio me oriné encima.

         Afortunadamente el abrazo aflojó y se deshizo como por arte de magia. Yo estaba en estado de shock. La temperatura de recibidor se fue recuperando lentamente y no tuve más remedio que pensar que la presencia de mi amigo se había difuminado.

         Completamente alterado, me dediqué a recorrer pasillo arriba y abajo de mi piso, por si esto me podía tranquilizar. Esto no sucedió…entonces me introduje en mi habitación y dentro de la cama, con la luz encendida, me dispuse a ir ojeando unas revistas, con la intención de que fueran pasando las horas, hasta el amanecer. Con el paso de las horas, fui dando cabezadas…el sueño hacía su aparición, pero el miedo que sentía, no dejaba que aquel siguiera su curso normal. En una de esas cabezadas, escuché un pequeño ruido en el salón, como el producido por el impacto de una caja grande contra el suelo.

       Como no había descendido la temperatura y como yo estaba en un duermevela, creí que todo podía ser producto de mi imaginación alterada. Además el pánico, me obligó a no salir de la cama, a ver qué había sucedido.

       A la mañana siguiente, con las primeras claridades, recobré un poco el valor perdido. Abrí la puerta del dormitorio y literalmente me di de bruces con el baúl de los CDS de mi amigo, que este había dejado en el salón. La codiciada colección de discos del cantante de ópera, había aterrizado en mi sala.

       Por un lado, me halaga el gesto de mi amigo cantante con el baúl, pero por otro lado, seguro que este permanecerá por mucho tiempo cerrado, ya que me aterra…cada vez que pusiera un CD, pensaría en lo siniestro de esta historia.

 

      


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