Lapsus

Por Cielo
Enviado el 01/03/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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*Chocamos las copas celebrando estar juntos, en un brindis cargado de la emoción por nuestro encuentro. La intimidad de una habitación y dos botellas de vino crean un ambiente que nos aísla del mundo entero. En este momento, perdido en su bella mirada, no hay responsabilidades, tareas pendientes ni estrés. Por ese instante, lo único que me importa, es verla sonreír mientras se sienta a mi lado y me acerco para probar su boca.*

El celular suena y me saca de esa visión tan tentadora. Es ella. Es el mensaje con el que me confirma que me espera. Mientras le respondo, me pregunto el porqué de la imagen en mi cabeza. Sé bien que con frecuencia mi mente explora en las miles de posibilidades futuras, y entiendo que tal vez mi subconsciente me gana. Ella es hermosa y la considero inalcanzable, y a pesar de que me fascina, la he tratado con respeto y así como no le he insinuado nada, ella tampoco lo ha hecho conmigo. Su petición de reunirnos por motivos de trabajo, me ha dado el pretexto perfecto para tener unos momentos a solas, y con un poco de suerte, una charla al calor de un café. Emocionado, salgo con paso firme y tomo el ascensor.

*Aspiro profundamente mientras estoy en su cuello, inundándome de su aroma. La abrazo con firmeza sintiendo su calor y su respiración. Cuando nos separamos ligeramente, veo la hermosura de su rostro iluminado con una sonrisa. Y no puedo evitar besarla nuevamente mientras mis manos recorren la piel de su espalda bajo su blusa. Siento su tersura y mis dedos dibujan su figura. Mis labios se pierden en su cuello y mi mano izquierda desabrocha su sostén. Mientras me mira de forma traviesa, me dice que se siente en desventaja y desabotona mi camisa. Vuelvo a besarla con más intensidad y me lleno del sabor a vino lambrusco de su boca.*

Despierto de mi ensueño cuando la veo sentada en la recepción con alguien. Me presenta a su esposo y yo siento como un balde de agua fría, pero mostrándome respetuoso, lo saludo y me presento. Hacemos una charla informal de camino al estacionamiento. Ella toma ligeramente mi brazo y no puedo evitar sentirme incómodo sabiendo que su marido va a nuestro lado, pero su comportamiento es tan natural que carece de toda malicia. Se despiden con un beso breve y nos dirigimos a trabajar. En el camino, voy pensando que la posibilidad de mis pensamientos es tan vívida como ridícula... totalmente improbable.

*De pronto toma mi mano y me lleva hacia la cama. Nos recostamos mientras la beso y sé que he perdido completamente la cabeza por ella; lo que siento me inunda y no puedo evitar saberme inmensamente afortunado. Mis manos se escurren bajo su pantalón y acarician su cadera, mientras me pierdo en la delicia de sus besos. No tengo noción del tiempo ni de los sucesos. Cuando caigo en la cuenta estoy prácticamente desnudo con excepción de mi trusa, y aunque se resiste ligeramente, logro quitarle la blusa y encontrar sus senos perfectos. Su sexo cuidadosamente depilado recibe mis dedos con una humedad tentadora y un suspiro breve que se escapa por sus labios. Mi mente ofuscada con el momento, bloquea cualquier pensamiento, cualquier posibilidad, cualquier consecuencia… y en ese instante todo lo que existe es ella: la mujer más hermosa que he conocido, a punto de entregarse a mí… un rufián que no la merece.*

Con una sonrisa, le respondo que un helado me parece buena idea. Buscamos entre la plaza algún local que parezca agradable y acabamos en el área más común, pero eso no parece importarnos. Ella se las ingenia para pagar y yo como tonto, sólo le agradezco el gesto diciéndole que la próxima me toca. Conversamos por no sé cuánto tiempo y la escucho embelesado. Todos mis sentidos se centran en ella, y me siento entristecido cuando en algún momento de su charla una lagrima rueda por su mejilla. Con empatía sujeto  sus manos y le doy un ligero apretón para hacerle sentir que la entiendo. Trato de consolarla y le doy mi opinión sincera mientras su sufrimiento es al mismo tiempo mío. Me deslumbra conocerla  más y corroborar que es una extraordinaria persona y mejor ser humano de lo que creí, entiendo ahora porque tan fácilmente se da a querer  y que su nobleza es real… Tan real como el abismo que nos separa y me doy cuenta de que es más que inalcanzable: simplemente, no soy digno de ella.

*El calor de su piel llena completamente mis sentidos. Su desnudez es tan deliciosa que apenas puedo creer que estemos así en ese momento. Ella está sobre mí mientras nos besamos de forma intensa y apasionada, mis manos recorren su espalda y se pierden en su cabello al mismo tiempo que siento cómo su cálida humedad me recibe. Sus labios entreabiertos y sus ojos entrecerrados forman una expresión tan erótica que su rostro se graba con fuego en mi memoria. Y cierro los ojos para perderme en las sensaciones que me embriagan, en el vaivén de su cuerpo sobre el mío, saturando cada célula de mi piel con su esencia, teniendo en ese instante la certeza de además de mi cuerpo, mi corazón le pertenece a esa mujer que es sin duda, la más bella que haya conocido… En toda la extensión de la palabra.*

El tiempo ha pasado sin darnos cuenta, y los locales que alrededor comienzan a cerrar. Sabemos que es momento de retirarnos, y sin prisa nos vamos caminando. La plática sigue fluyendo y no puedo menos que sonreír tontamente por la fortuna del tiempo compartido. Su naturalidad me encandila y me siento profundamente atraído… pero no me atrevo ni a tomar su mano. Me agradece con una sonrisa encantadora y nos despedimos con un beso en la mejilla y un abrazo que me hace suspirar mientras la veo alejarse.

*No sé cuánto tiempo hemos compartido desnudos, pero me parece un instante. Me concentro saboreando su sexo mientras ella me detiene, para darme la vuelta y poner mi espalda sobre la cama, mientras sus labios recorren mi abdomen. Su boca devora mi pene y mis manos se enredan en su cabello, mientras  mi mente obnubilada simplemente  no reacciona. La pongo sobre mí para volver a penetrarla, ahora más intensamente. El vaivén de nuestros cuerpos se sincroniza y siento que el clímax se acerca, mientras la abrazo con más fuerza. Entre jadeos, llega un orgasmo que además de mi semen, le entrega mi ser entero para siempre: es la realización de un sueño largamente acariciado.*

Ya solo, me pregunto si los imaginarios sucesos de mi mente tienen posibilidad aunque sea muy remota. Y en mi interior surge una lucha entre fantasía y realidad. El debate no es sencillo y camino en círculos tratando de encontrar respuesta. Me pregunto si alguna vez en la vida, me he sentido así de confundido, así de embelesado… Y después de unos minutos que interminables, he tomado una decisión, aunque no tengo la certeza de que sea la correcta. Con un ligero temblor en la mano, tomo el celular y le escribo un mensaje…


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