CUENTO DE DESAMOR Y VENGANZA

Por Marimonias Quesque
Enviado el 12/04/2016, clasificado en Humor
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En un remoto reino del país de los cuentos, en la época en la que las mujeres llevaban sombreros de cucurucho y los hombres pantis de colorines, erase que se era un príncipe, conocido en la historia de los cuentos como el Príncipe Gofre el Conquistador. Le llamaron Gofre porque al nacer todos dijeron que era muy dulce y muy “rico”, y de mayor, contra lo que suele suceder al crecer, no se amargó y siguió siendo dulce, que tiene bastante mérito. Lo de El Conquistador se lo ganó con los años, y no precisamente en los campos de batalla.

El príncipe había cumplido ya los 27 años, edad en la que tanto el rey como los consejeros del Reino esperaban que sentara la cabeza y se ocupase de una vez de los asuntos de estado. Pero el príncipe no mostraba ningún interés por ello. Al contrario, iba de fiesta en fiesta, encantando a las damas de la Corte.

Las artes de seducción del príncipe acabarían por llevar al Reino a un serio problema, pues las damas se encontraban sumidas en un lamentable estado que las hacía suspirar constantemente. Suspiraban porque el príncipe les daba ilusiones, pero no vidilla (tú ya mentiendes). Tanto y tanto suspiraban que, con el tiempo, llegaron a hacerlo con gran armonía, componiendo un bello pero triste coro.

Este coro de suspiros era cada vez más numeroso y potente, y sus melodiosos lamentos llegaron a todo el Reino, así como a los reinos cercanos. Y, aunque bella, era la más triste música que pudiera oírse. Al escucharla, todos cesaban en sus trabajos y quedaban sumidos en una melancolía enfermiza.

Ante esta situación, los reinos cercanos convocaron una reunión “en la cumbre” y decidieron enviar mensajeros al Reino de los Suspiros, exigiendo al rey que pusiera fin a tan desastrosa situación bajo amenaza de guerra.

El rey reunió a la Corte e hizo llamar al príncipe.

−Príncipe –le dijo− hora es ya… hora es ya… digo, hora es ya –el rey ese día estaba algo espeso de mente y no le brotaban con fluidez las palabras− ¿de qué es hora? Ah, sí, hora es ya de que ceses en tus picoteos y busques esposa con la que perpetuar nuestra dinastía. Se ha acabado el andar moneando. Consumida tengo la paciencia y, si en el plazo de un mes no encuentras esposa, te expulsaremos del Reino y nombraremos príncipe a tu primo, el Duque Insulso, que ya sabes que es un trepa.

El príncipe, ante tamaña amenaza, en vez de elegir entre las muchas damas disponibles, hizo llamar a su hada. En aquellos tiempos un príncipe era un “don nadie” si no tenía un hada o un mago a su servicio. Gofre había contratado un hada reversible, que por un lado era hada y, por el otro, bastante bruja. Hay que decir que al hada Marimoñas, pues tal era su nombre, lo que más le gustaba era ser bruja malvada. Lo de ser hada estaba bien para un ratito, pero tanta dulzura, bondad y postureo era muy aburrido al cabo del tiempo.

Os preguntaréis para qué hizo el príncipe llamar al hada. Muy sencillo: Gofre, que a tantas damas había conquistado, no encontraba ninguna de su total agrado, pues, aunque a todas quería un poquito, a ninguna amaba. Así las cosas, no tuvo otra ocurrencia, por la premura del tiempo, que encargar a su hada una princesa. Y, puesto a pedir, encargó una que fuera al mismo tiempo la más hermosa, la más cariñosa, la más inteligente, la más discreta, la más apasionada; en fin la más más.

Andaba el hada muy agobiada con el encargo en su sala de hechicerías, cuando llamaron a su puerta. Al abrir encontró a un montón de damas sollozando.

−Hada Marimoñas –habló una de ellas− me he constituido en la presidenta de la Comisión de Damas Ofendidas por el príncipe. Nos dirigimos a ti clamando venganza porque ha llegado a nuestros oídos que el muy… –aquí dijo una palabra muy impropia de su rango y educación− te ha encargado una princesa, despreciándonos a todas nosotras que tanto le amamos. Venga nuestra ofensa con el más terrible encantamiento que tu mente pueda imaginar. ¡Vendetta!

−¡Vendetta, vendetta, vendetta! – gritaron todas, azuzadas por el despecho, y la palabra retumbó por los corredores de palacio, sobresaltando a la Corte.

¡Qué alborozo le entró al hada! Por fin le encargaban un trabajo digno de sus terribles poderes infernales. Después de prometer a las damas que cumpliría su encargo, las echó de allí, no sin antes rogarles que cada una de ellas depositara una gota de sangre en un alambique y un suspiro en una botella. Toda la noche estuvo trabajando, entre terribles carcajadas.

−Jajajajaja, jajajajaja, jajajajaja –reía hecha una loca, y sus crueles risotadas retumbaron por los corredores de palacio, sobresaltando otra vez a la Corte, que aquella noche no pudo pegar ojo.

Con la sangre de las damas y su gran talento, creó una princesa sublime a la que puso por nombre Prototipo. Y con los suspiros de las damas realizó su obra maestra: la más terrible hechicería que la historia de la brujería ha conocido nunca. ¡Pobre príncipe!

 


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