!Menuda suerte!

Por cclecha
Enviado el 15/05/2016, clasificado en Humor
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     Como cada día, entro en el bullicioso bar desde el que se divisa el piso de mi amiga íntima Marta. Hago tiempo, esperando que su novio salga por el portal, para así subir yo y poder hablar con ella sin nada que se interfiera entre nosotras. Desde siempre hemos estado muy unidas y esta costumbre de vernos casi cada día, la hemos mantenido desde hace mucho tiempo.

       He de decir que su novio, Marcos, en realidad no me gusta nada…aunque físicamente está muy bien, lo que realmente importa, que es su interior, no está nada claro. No veo que te puedas fiar de él…hay algo que no me convence… si bien Marta está tan colada por él…

     Mientras espero que Marcos salga, cojo un libro que llevo en el bolso, sobre cuentos taoístas. Ayer leí un cuento que me encantó…y por lo tanto lo expongo aquí y además pienso en mi amiga. Luego contaré el motivo. El cuento es el siguiente

       “Un Anciano vivía con su Hijo en un fuerte abandonado sobre la cumbre de una colina, y un día perdió un caballo. Los vecinos llegaron a expresar su pesar por este infortunio, y el anciano les preguntó

       -¿Cómo sabéis que es mala suerte?

       Pocos días después volvió su caballo con una cantidad de caballos salvajes y esta vez vinieron los vecinos a felicitarle por esta muestra de fortuna, y el Anciano respondió

       -¿Cómo sabéis que es buena suerte?

       Con tantos caballos a su alcance el Hijo empezó a cabalgar en ellos y un día se fracturó una pierna, quedando tullido... Otra vez llegaron los vecinos a expresar sus condolencias y el Anciano respondió

       -¿Cómo sabéis que es mala suerte?

       Al año siguiente hubo una guerra, y porque el Hijo del Anciano estaba lisiado no tuvo que ir al frente.”

       Este cuento lo he expuesto pensando en mi amiga y porqué sé que está pasando por unos momentos muy delicados…!pero calla! …veo como Marcos está saliendo del portal… ¿! Que es lo que veo!? Sale llevando una maleta…se para, justo debajo de la ventana de Marta, en la que aparece ella, gimoteando detrás del cristal, deja la maleta al suelo y efectúa un corte de mangas, claramente visible, hacia ella.

         Yo, cierro el libro con celeridad y voy corriendo a ver a mi amiga, que ha visto este espectáculo y debe estar desconsolada.

         Efectivamente, me abre la puerta en un baño de lágrimas y llorando a moco tendido. Trato de consolarla como puedo abrazándola y acariciándola, pero no tengo éxito. Finalmente, después de escuchar sus lloros durante un buen rato, se me calma y yo no atino a decir nada más que

         -Ay…Marta…que desgracia tan grande…

         Entonces, ella, retoma los lloros como la primera vez. Como veo que la situación, no evolucionará para mejor, creo que es mejor que el tiempo efectué su terapia correspondiente y le digo

         -Te prometo que mañana a estas horas, vendré a ver cómo te encuentras y a hablar más tranquilamente.

         A la tarde siguiente, sorprendentemente, Marta me abre la puerta sonriendo de forma resplandeciente, exultante…algo nuevo ha sucedido para tal cambio de actitud. La novedad en la situación, la entreveo, al fondo, cuando veo a Marcos, sentado en el sofá y con los pies encima de la mesa de centro. No se me ocurre nada más que decir

       -Oh, Marta, que suerte…!menos mal!, no paso pues no quiero molestar…-y con un gesto de complicidad le digo -ya hablaremos mañana cuando él no este

         Bajo las escaleras del piso un poco contrariada porque sigo pensando que Marcos no me gusta…si, es muy mono, pero en fondo pienso que se aprovecha de mi amiga, de que vive a costas de ella.

         A la tarde siguiente, entro de nuevo en el bar, a esperar que Marcos salga por la tarde, a hacer vaya usted a saber qué. Extrañamente no sale, el tiempo va pasando…así que finalmente me decido a subir al piso de mi amiga.

         Me abre Marta, completamente descompuesta y la viva imagen del dolor, reflejada en su cara.

         -¿Pero Marta, que ha pasado?

         Mi amiga, intentaba hablar, pero los hipos de los lloros, le impedían articular de manera inteligible. Finalmente se serenó y me contó

         -¡Me ha dejado…me ha dejado definitivamente…por otra! (Volvía a llorar) La muy guarra, se ve que tiene muchas más posibilidades económicas que yo… (Volvía a oírsela mal porque lloraba)…es mucho más rica y se ve que le ofrece de todo… muchas más cosas…(Sollozos)

         Yo no sabía que decirle, aunque reconocía que para una mujer que la dejen por otra, es lo más horrible que te puede suceder. Presuponía que la rival tenía un físico mucho más estupendo que el tuyo…aparte de otras cualidades, que no sé si tenían tanta importancia. Le habían robado a su hombre, seguro que con malas artes. No podía consolarla ante una desgracia así. Pero algo dentro de mí, se mostraba particularmente contento.

 

         Las semanas han pasado y mi amiga está un poco más tranquila pero en absoluto curada. Hoy, como es relativamente pronto, aprovecho para repescar antiguas costumbres y entro en el bar enfrente del domicilio de Marta. Ocupo la mesa de costumbre, y en la mesa de al lado, escucho un grupo de hombres que están hablando de Marta y de su novio. Dice el de a voz cantante

       -¿Recuerdas a Marcos?...Si hombre, aquel artista del sexo, el “picha brava”… aquel que vivía aquí delante con su novia… ¿Recuerdas?...Bien…pues resulta que se largó con otra mucho más rica que ella. Se ve que la nueva se ha tenido que vender un piso para regalarle un coche caro a Marcos y atenderle en todos sus caprichos…dicen que   empieza a estar medio arruinada. ¡Menudo gigoló!

     Entonces otro de los hombres soltó

     -No te metas con los gigolós, porque por lo menos ellos sacan algo de las mujeres… No como nosotros que nadie nos hace caso y encima somos unos pringados…

     Como que ya había oído todo lo que me interesaba oír y como ya veía que la conversación iba a derivar en argumentos machistas, me levanté y con una sonrisa resplandeciente en el rostro y con la palabra gigoló dibujada en mi alma, me apresté a ir a contárselo a mi amiga y a curarla definitivamente. ¡De la que se había librado!

       Mientras subía al piso de Marta, recordé el cuento budista y su constante alternativa entre la suerte y la desgracia. Finalmente del cuento taoísta había cerrado el círculo en forma de suerte. Lo mismo había sucedido con Marcos…que suerte para Marta…librarse de él.

 

        

 

  

 


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