Lejanía-Amor-Proximidad

Por cclecha
Enviado el 31/05/2016, clasificado en Amor / Románticos
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     El águila surcaba los cielos con su vuelo majestuoso y observaba el pequeño pueblo del Pirineo desde las alturas. El ave, elegante, daba vueltas concéntricas percibiendo desde la distancia las curiosidades del pequeño pueblo.

       Desde los cielos se veía un prado enorme. Dos rebaños de ovejas, se intentaban separar en todo lo posible a ambos extremos del prado. Cuidando de ellas, por un lado estaba el joven Juan, alto, con su melena morena, sus anchos hombros y su perro de lanas; por el otro extremo se encontraba Montserrat, que aunque fuera vestida varonilmente, difícilmente sus curvas femeninas podían ignorarse, también estaba con su perrita.

         El águila seguía observando con su vuelo imperial…pero no era el único ser que observaba…un hombre maduro…sesentón y en su calidad de turista del pueblo, había desdoblado su tumbona y un periódico, justo delante de la entrada de su casa, desde donde se divisaba con claridad el verdor de los prados, las blancas ovejas, el cielo azul y sobre todo las majestuosas montañas a continuación del prado.

       Se daba cuenta que los jóvenes pastores, se apartaban en lo posible, poniendo, nunca mejor dicho, tierra por medio. El bucólico pueblecito se veía marcado por la enemistad de los padres de los pastores…discutían por todo…por la propiedad del prado (que no era ni de uno ni del otro, sino de un matrimonio que abandonó el pueblo en la guerra Civil y nunca más volvió)…por la leña, que ambos achacaban al otro de su hurto, por el robo de las piedras de las casas destruidas, etc. No era de extrañar que los jóvenes pastores mantuvieran una lejanía. El odio de los padres había conseguido implicarlos en forma de miedo.

         El hombre turista, observaba con triple interés, por un lado ojeaba el periódico, por otro observaba a los jóvenes y a su aparente distancia y con un último interés, iba controlando su teléfono móvil…esperaba un mensaje

         A vuelo y mirada de águila, se apreciaba que la distancia entre los dos rebaños de ovejas, iba menguando….el prado, ya no alejaba tanto a los pastores y a sus rebaños. Una gran cantidad de amapolas silvestres separaba a los dos pastores, una enorme mota de color rojo, se veía entre los dos rebaños. Juan de todas formas, utilizaba los silbidos para comunicarse con su perro y para dirigir a sus ovejas…también se sabe que el silbido es la forma de comunicarse en los pueblos, de la gente que tiene lejos a sus semejantes. Sin embargo la joven Montserrat, no silbaba, pero andaba muy lentamente hacia Juan.

        El hombre pasaba rápidamente las hojas del periódico…sabía que las noticias que estaba leyendo eran de vigencia muy efímera, seguramente mañana ya no tendrían valor, a decir verdad, las noticias solo servían para una actualidad rabiosa, pensando en un riguroso hoy… demasiado desesperante. Le interesaba más el espectáculo de los jóvenes, su aproximación, aunque muy lenta, parecía constante. Veía en la juventud de los pastores un derecho al amor. El amor era un derecho universal de toda persona. De los jóvenes seguro… ¿pero y él? Un sesentón fuera de todo circuito. ¿Tenía el derecho al amor? Él, una persona con demasiadas experiencias a sus espaldas, de maneras casi caducas, ¿se merecía el amor?… Decía todo esto, porque la providencia le había tocado con su varita en forma de unos sentimientos importantes en simbolo de amor. Incomprensiblemente una mujer, sensible y culta se había fijado en él… ¿Qué derecho tenía él a esta fortuna? De todas formas había un gran pero en la situación. Su amada, vivía en otro continente, en una lejanía física insalvable entre los dos.

         Por eso se entretenía fijándose en la aproximación de los rebaños y de los jóvenes… fantaseaba…si ellos, lentamente iban superando sus múltiples dificultades y aproximándose… quizás a él, acabara sucediéndole lo mismo.

         Levantó la vista y se dio cuenta que la distancia entre los dos rebaños y sus pastores comenzaba a ser exigua. El joven Juan, ya no silbaba, sino que levantaba su mano a modo de saludo a la chica. Montserrat, también levantaba la mano y seguía andando muy lentamente hacia el chico.

           El hombre, continuaba esperando un mensaje, desde la otra punta del mundo, de su amada…era la gasolina que necesitaba un motor viejo como el de él, que funcionaba con la luz roja de reserva. Todo el día esperaba como agua de mayo, las palabras de amor de ella.

           De súbito volvió a levantar la vista del periódico al prado y los jóvenes y los rebaños ya estaban juntos. Juan y Montserrat empezaban a hablar con timidez y los dos perritos se olían sin tantas tonterías. La escena cada vez era más gratificante, cuando de improviso el padre de Montserrat, siempre desde la distancia, empezó a regañarles, porque los dos rebaños de ovejas, se habían juntado, haciendo casi imposible la identificación de cada cual.

           Juan, tratando de solucionar el problema, se alejó con una sonrisa de la chica, llamó a su perro de lanas y este se encargó de ir mordiendo las patas del macho guía de la manada, para que circulara y que los suyos le siguieran. Poco a poco, los dos rebaños habían vuelto a diferenciarse en la distancia, pero parecía que los dos jóvenes ya no estarían más en la lejanía sino en la proximidad. Tan solo una ligera conversación, había conseguido acercarlos…

           Desde los cielos, el águila volvía a ver la escena como antes, cuando un pequeño ruido hizo girar la cabeza del ave y la vista, aunque no su vuelo

           El turista del periódico, apartó con brusquedad la prensa de sus manos… estaba sonando el móvil…las palabras que había estado esperando todo el día, llegaban desde la lejanía, desde la otra punta de mundo, pero irradiaban una proximidad y un amor, fuera de toda duda.

          Después de devorar con devoción el mensaje, pudo retomar su visión del prado, de las amapolas y las montañas. Pensó con satisfacción que el amor verdadero no tiene edades, ni distancias. Al contrario, si amor aguanta la lejanía, seguro que es un amor potente y a prueba de todo, seguro que es un amor próximo.


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