Mi sumisa vecina (cap.1b)

Por T.ahotlo
Enviado el 04/06/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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-Joaquín, sobre lo que me preguntaste el otro día, ¡la respuesta es sí!

-De acuerdo rosa, voy a tu piso ahora.

-Te espero Joaquín

Después entró en su casa, cerrando la corredera del balcón. Yo quedé traspuesto ante las expectativas que se me presentaban, ella había formado parte de mis fantasías de masturbación desde hacía años, ella "tan elegante en el vestir" y en el hablar se iba a convertir en mi perra sumisa ("mi primera sumisa"). Sin darle tiempo a cambiar de idea aproveche que no estaba mi mujer en casa y llamé a su puerta (sólo hay dos puertas en la planta, ¡qué bien!, nadie me vería ir de un piso a otro). Ella abrió la puerta y bajó la mirada diciéndome que pasará, sólo llevaba puesto el conjunto de encaje, bragas y sujetador que le vi antes, cerré la puerta y le hable:

-Rosa desde hoy y hasta que yo decida serás mi sumisa, ¡y no quiero que me desobedezcas "lo más mínimo"!, y desde ahora me llamarás "señor Joaquín", ¿te parce bien o no?, ¿alguna duda? –dije.

-Ninguna duda, señor Joaquín, deseo profundamente ser su sumisa, desde el otro día ha ido creciendo en mí ese deseo y quiero cumplir todo lo que me ordene usted -dijo sin levantar la mirada.

-De acuerdo, ¡vamos a la cocina sumisa!, -dije autoritario.

Una vez en la cocina saqué un tazón de un mueble, y lo llene de leche con un cartón de la nevera; lo puse en el suelo delante de ella y le dije:

-Rosa ponte de rodillas y extiende las manos hacia mí, quiero que te bebas este tazón de leche, ¡y no dejes ni una gota!, ¡venga!, ¡a! y no puedes cogerlo con las manos.

Agachó la cabeza y metió la boca en el tazón dando sorbetones, su nariz goteaba leche, cuando ya se había bebido la mitad lo inclinó con la barbilla para que la leche fuera a ella, entonces se volcó el tazón y se derramó la leche, rápidamente lamió el suelo, mientras su culo se alzaba "poderoso" con los encajes blancos de sus bragas de marca. Mientras ella lamia y sorbía yo me fume un cigarrillo sentado en una banqueta delante de ella, ¡no dejo ni gota!, al acabar alzó la cabeza y me miró con mirada de cordero, yo le dije que permaneciera en esa postura.

Acabe mi cigarrillo y me sitúe detrás de ella también de rodillas, saqué mi pene empalmado del pantalón, y tire de sus bragas por detrás, sin quitárselas; solo apartando los encajes hacia un lado, dejando ver su coño, con el vello finamente recortado. Sin aviso previo le metí la polla, y empecé a darle "topetazos" como un animal de granja,

¡cuánto había deseado ese coño!, agarré su culo con las dos manos "apretándolo" mientras la penetraba, después alcé una mano y le di varios cachetazos en el trasero mientras le metía el pene hasta los huevos, ¡note correrme como un "latigazo" en mi columna vertebral!, ¡que placer más grande sentí!; saque el pene y situándome frente a ella le dije:

-Rosa, vecina; déjamelo tan limpio como el tazón de leche, ¡zorra!, que se vea que eres una buena sumisa.

-¡Sí mi señor Joaquín! – dijo al tiempo que comenzaba a lamer mi verga, se la metió entera en la boca, absorbiendo todo rastro de la corrida. Me quedé muy satisfecho y antes de volver a casa le dije:

-Rosa ahora cuando salga prepara una tortilla de patatas grande, es para mi mujer y para mí, cuando esté lista me llamas desde el balcón y vuelvo a por ella, ¡que no se te queme! -ordené autoritario y seguro.

-¡Sí mi señor Joaquín!, ¿quiere que le ponga cebolla? -hablo ilusionada.

-¡Pues sí, mira por donde, sumisa!, ponle un poquito, que así le gusta a tu vecina, "mi mujer".

Mi mujer me dijo durante la comida que estaba mejorando en la cocina, que la tortilla estaba "buenísima", yo le dije que estaba aprendiendo en internet. Era mi día de descanso y no trabajaba esa tarde, durante la siesta sentí que había engañado a mi mujer, pero al mismo tiempo tenía una gran excitación. Por la tarde fui al centro a una tienda de BDSM y compré varios "complementos", al volver a casa vi que mi esposa llevaba puesto solo un body, de los que se abren por abajo (ella quería guerra), mi culpa se convirtió en deseo y en la cocina la alcé del suelo, desabrochando los corchetes de su body a la altura de su coño, la penetre intensamente sobre la encimera, ella gimió y tras varias embestidas la lleve al dormitorio, donde la puse mirando a Cuenca y la volví penetrar con furia; mientras tanto el cabezal de la cama golpeaba la pared al ritmo de mis embestidas, "esa pared, tras la cual había penetrado a mi vecina Rosa por la mañana". Termine dentro de ella con un gran chorro que manchó las sábanas color crema al desbordar su coño.

A otro día, por la mañana, después de marcharse mi mujer a trabajar sentí en mi la excitación de haberme follado a las dos, " en el mismo día", mi culpa se transformó en deseo y me empalmé; no podía esperar y aproveche que yo trabajaba por la tarde y le hice una visita a Rosa, al llegar llamé a la puerta y me abrió al instante, después de cerrar le dije:

-Buenos días Rosa, traigo algunos utensilios para adiestrarte como mi sumisa, ¿Qué te parece?

-¡Me encanta señor Joaquín! -dijo ilusionada.

-Bien, eso me gusta, ¡buena predisposición!, vamos a empezar aquí mismo, en la entrada de tu piso –le hable amable.

Después cerré la puerta con llave y saqué de la bolsa un collar de perro y una correa; le puse el collar en el cuello y enganche a el la correa, diciéndole:

-Quiero una copia de la llave para venir cuando quiera; ¡ahora quítate la falda y las bragas y mételas en esta bolsa que son un recuerdo para mí!

-Si señor Joaquín –dijo

                   -FIN- cap.1b -            © Tahotlo 31 de mayo 2016

                                          

 


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