Mi sumisa vecina (cap.1c)

Por T.ahotlo
Enviado el 04/06/2016, clasificado en Adultos / eróticos
5888 visitas

Marcar como favorito
Relato patrocinado por:
MiPlacer.es - tienda erótica orientada a la sexualidad femenina
Envíos rápidos y discreto a España Peninsular. Asesoramiento, buenos precios. Compra con seguridad y confianza.

Se desprendió al instante de las prendas y las metió en la bolsa, unas braguitas de encaje preciosas que dejaron a la vista un coño aún más precioso. Agarré la correa y le ordené andar de rodillas, tirando yo de ella hasta la cocina, una vez allí até la correa a la pata de una mesa blanca de diseño, y saque de la bolsa un pequeño látigo de cuero (unos cuarenta centímetros de largo) y le dije:

-Mi sumisa te voy a dar unos latigazos en el culo, no grites muy fuerte, sólo marcaré un poco tu culo, sin heridas ¡de acuerdo! –dije buscando el "claro" consentimiento de ella.

-¡Lo que usted me ordene yo lo veo bien!, mi señor Joaquín, confió en su criterio.

Acto seguido agachó la cabeza y "alzó" su culo desnudo poniéndolo en pompa, para recibir con sumisión los latigazos. Comencé a darle latigazos en el culo desde un metro y medio de distancia con muy poca fuerza, no quería hacerle heridas, a cada latigazo ella daba un pequeño grito, "le di quince latigazos", suaves al principio y más

intensos al final (sonaba el eco del látigo en la habitación), hice pausas, y pare cuando su culo estaba ¡rojo como un tomate!, con marcas estrechas, pero sin verse morado ni con heridas; me acerque a su cara y le dije:

-¿Aún quieres ser mi sumisa Rosa? -pregunte para tantear el terreno que "pisaba".

-¡Más que nunca señor Joaquín!, ¡me he corrido dos veces!, la excitación ha sido muy intensa al sentir el látigo en mi culo.

Mientras ella me hablaba yo le mire el chocho, estaba brillante y húmedo, confirmando sus palabras. Saque de la bolsa dos pinzas y se las puse en los pezones, su postura seguía siendo con el culo en pompa, entonces le dije:

-¡No te muevas ni un milímetro mientras me ducho en tu baño!

El baño era de lujo, una maravilla, gaste bastante gel (¡sacudir el látigo me puso sudando!), me sequé y fui a ella y al llegar le pregunté:

-Rosa quería saber una cosa, ¿alguna vez te han metido un pene en el ano?

-¡Nunca señor Joaquín, siempre lo he evitado! -dijo mientras torcía el cuello hacia atrás para mirarme a los ojos, con mirada temerosa.

-¡Pues hoy lo vamos a estrenar!, ¡te voy a meter mi gordo pene!, con el glande en "vanguardia", ¡qué te parece sumisa!

-No sé, señor; haga con mi ano lo que desee, si no me gusta lo soportare -dijo con un hilo de voz.

Cogí de un estante una aceitera pequeña muy bonita, y con dos dedos le abrí un poco el ano, vertiendo en su interior un buen chorro de aceite de oliva muy oloroso; después con mi mano derecha extendí aceite por su culo y por su chocho, y con un sólo dedo untado en aceite acaricie la entrada de su ano "sin ejercer presión".

Acariciaba hacia arriba hasta su espalda, y hacia abajo hasta su clítoris; me detuve unos minutos en la piel "entre su ano y su coño", una piel oscura y con un vello muy suave, "y tensa como el pellejo de un tambor". Rocé esa piel con mis uñas llenas de

aceite, "muy, pero que muy despacio", sintiendo cómo temblaban los músculos de sus piernas con cada roce.

Después le introduje sin esfuerzo alguno mi dedo índice en el culo, y lo giré haciendo círculos (con lentitud), su ano se fue relajando y dilatando, ¡poco a poco!, mientras todo su cuerpo temblaba; a los cinco minutos de estar amasándole el ojete del culo, ¡este se abrió como una flor!, ¡cerrándose y abriéndose! "con espasmos", ¡su culo parecía la boca de una carpa en un estanque pidiendo pan!

Me embadurne el pene con aceite de oliva, ¡lo tenía tan duro como el pene de una estatua de mármol!, le metí solo la punta, y espere a que los músculos de su culo se cerraran sobre mi glande, después de notar la punta de mi verga "apresada" por sus músculos anales la cogí por las caderas, y le metí el pene entero en el ano, ¡y de golpe!, sentí su calor abrazando mi miembro, entonces lo moví "con ímpetu"; desvirgando completamente "su puerta trasera". Mientras cabalgaba su culo sentí un gran chorro de líquido proveniente de su coño estrellarse contra mis muslos y chorrear hasta el suelo, entonces le dije haciendo "una pausa":

-¿Siempre te corres con un chorro Rosa?, ¡me has puesto perdido! –le dije haciéndome el enfadado, pero la verdad es que me excito mucho sentir sus líquidos descender por mis piernas.

-¡No mi señor!, ¡nunca me he corrido con un chorro así!, pero hoy me he estremecido "hasta las entrañas" señor -dijo con la voz turbada como si hubiera bebido.

Continúe dándole por culo un rato, tras el cual saque el pene antes de correrme, porque deseaba hacerlo en su boca; y le dije:

Ahora vamos al baño para que me asees y me corra yo también. Fuimos al aseo donde me limpio el pene de aceite, con jabón y agua caliente, agarrándolo con ambas manos, después me lo chupo "como una loba hambrienta", sus pómulos se hundían al absorber mi pene, el cual se tensaba rodeado por sus labios, mientras tanto con una mano ella acariciaba mis testículos. Me corrí dentro de su boca, soltando un chorro que brotó hacia afuera entre sus labios.

Me vestí, y después le quité las pinzas de los pezones, y la aleccioné diciéndole:

-Bien Rosa me agrada "mucho", haber despertado tus instintos anales, creo que podré hacer de ti una buena sumisa, ¡qué bien lo vamos a pasar!, estoy estudiando todo lo que haremos; ¿cuándo acaban tus vacaciones y vuelves a la oficina Rosa?

-Pasado mañana señor.

                   -FIN- cap.1c -            © Tahotlo 31 de mayo 2016

 


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com