Al final ¡Me folle a mi cuñada! (parte 1 de final de la trilogia)

Por T.ahotlo
Enviado el 29/06/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Dos meses habían pasado desde que me corrí en la boca de mi cuñada, ¡perdón!, en su garganta; ¡aún me sonrojo al recordarlo!, me siento canalla; ¡con lo que amo a mi mujer!

 

En estos dos meses nos hemos visto varias veces, pero siempre con mi mujer presente; tampoco he querido yo buscar estar a solas con ella.

 

Además de las dudas que ya tenía, se sumó en mí "el cargo de conciencia", que me dio haber depositado mi esperma dentro de su boca, ella ya conocía mi sabor.

¡Y además hacerlo como lo hice!, de ese modo tan bajo; ¡y esa bajeza al mismo tiempo me ponía a cien!; "ser ella tan refinada", me excitaba "aún más", y esa excitación me hacía sentir sucio.

 

Seguía  soñando con follar su coño, no era una necesidad, era como una obsesión que siempre tuve, incluso cuando estaba casada, pero ahora después de humillar su boca es una fijación en mi subconsciente.

 

Mi mujer ha sido ascendida  en el trabajo, ¡qué bien!, ya ganaba más que yo, pero dentro de poco "lo mismo me quita de trabajar a mí".

 

Su nuevo puesto será de directora en España de una multinacional,

Le harán entrega del cargo en una ceremonia en Londres y estará allí una semana; me alegro por ella. Desde que encontró ese trabajo hace un año su carrera ha sido meteórica.

 

Ella ha decidido que como soy un "manazas" en la cocina y con la plancha, que me valla esa semana, a casa de su hermana mientras ella está en Londres, que es con quien tengo que estar, ¡para no ir al trabajo hecho un desastre!, como siempre voy, ¡que alguien tiene que cuidar de mí, y que, ¡para qué tiene ella una hermana divorciada!

 

Mis padres viven lejos, y no he podido decir que no.

 

 

Antes de salir de viaje mi mujer  ¡me hizo una advertencia!, cuando íbamos a casa de su hermana; yo con mis maletas y ella con las suyas para ir al aeropuerto; así me dijo.

 

-Cariño mi hermana está divorciada, "y sola", tienes que cuidar de ella, ¡que no me enteré yo que no eres amable con ella o que la haces enfadar!

 

Esa advertencia en mi mente "impúdica" me hizo tener pensamientos contrarios a sus palabras.

 

Al llegar a casa de mi cuñada deshice mis maletas en el cuarto de invitados, mientras ellas hablaban abajo.

 

Al salir de mi dormitorio miré  la puerta de enfrente, abierta, y la gran cama de matrimonio "de ella", no quise mirar mucho porque sólo con eso ya me estaba excitando.

 

Despedimos a mi mujer en la puerta y entramos otra vez en su casa; después, estando allí sentados ella me hablo.

 

-Cuñado esto ha sido cosa de mi hermana solamente, yo le habría dicho que no, pero no sabría haber explicado ¿porque no?, y eso podría haberla hecho pensar.

Quiero que sepas que estoy arrepentida, y no te permitiré  hacerme ninguna cochinada, ¡vale! -dijo nerviosa.

 

Entonces contesté.

 

-Cuñada yo también me siento culpable, ¡no sé qué nos pasó!

 

Respondió escuetamente así.

 

-No te atormentes hombre; ¡a lo hecho pecho!, y a ser mejores desde ahora.

 

Al día siguiente trabajé mañana y tarde, volví a su casa y ella me preparo la cena, no se insinuó ¡ni lo más mínimo!, solo cenamos muy cordialmente, ella olía a gloria. Pero su trato nunca había sido tan amable, ¡qué diferencia había con el trato de hace años!; cuando me trataba de forma altiva y estúpida, aquel día cenamos juntos hablando con normalidad.

(Como si ella nunca hubiera tragado mi polla como lo hizo). Ese trato tan cordial lejos de enfriarme me calentaba "aún más".

 

Al subir a dormir hacía mucho calor, en pleno verano, y tuvimos que atenuar esa pose "recatada" y dejar las puertas de nuestros dormitorios abiertas (una puerta enfrente de la otra).

Mi cuñada no se quedaba dormida por la calor, la escuchaba "arrastrar su cuerpo entre las sábanas", yo sudaba; ¡eso de tener aire acondicionado solo en el comedor un coñazo!

 

Bajé  al aseo y al pasar por su puerta vi su culo firme asomando por su pijama corto, "que rica estaba". ¡Eche una meada con un gran chorro!, (el aseo está debajo de su  dormitorio), el chorro de orines que salía de mi polla "parecía como si estuviera regando", en el silencio de la noche.

Al subir, vi que ella daba vueltas en la cama, con la almohada entre las piernas; me acosté empalmado y al final me dormí.

 

Trabajé muy vivaz al día siguiente, la tensión sexual creció en mí y me sentía pletórico, y muy amable con los compañeros, ella me estaba haciendo feliz.

 

Al medio día comí en la calle y hablé por teléfono con mi mujer, le habían puesto un secretario "para ella sola" y la estaban tratando de lujo, ¡cuánto me alegré!; ella merecía eso y más.

 

Por la noche al volver con mi cuñada la encontré en la piscina nadando, le dije que me cambiaba y la acompañaba.

 

Nadamos un rato, luego cenamos en la mesa del patio ensaladilla rusa, ¡durante la cena mi cuñada no dejó de rascarse el coño sobre el bañador!, viendo su sopor le pregunté.

 

-Cuñada, ¿te han pegado ladillas?, se ve que te pica el coño, ¡lo digo sin maldad!

 

-Eres un bandido, no he estado con ningún hombre, desde que tú en mi boca; lo que pasa es que después de dos meses desde que me afeitaste los pelos han crecido y me acostumbré a tenerlo rasurado y me pican los pelos con la humedad de la piscina.

 

-Cuñada, ¡sólo como cuñada!, sin maldad ¿quieres que te lo rasure otra vez?, como un favor, ¡sin nada más!

 

 

Ella dudó,  dio dos vueltas por el filo  de la piscina pensando y al final me dijo.

 

 

-No sé, no está bien, pero me hace ilusión; ¡Vale cuñado!, ¡pero nada sexual!, sólo algo amistoso, ¡vale cuñado!, solo como algo de ayuda íntima no vayas más allá.

 

Bajó su bikini y "abrió las piernas", junto al filo a la piscina, yo nervioso traje lo necesario del aseo y se lo hice rápido, sin toquetear; se lo dejé  rasurado a tope (solo me permití meterle un dedo en su vagina, ¡como por accidente!, ¡¡Joder!! tenía la vagina abierta, húmeda y muy cálida.

 

               © TAHOTLO  28 de junio de 2016  (parte primera)


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