Sonaron dos disparos

Por cclecha
Enviado el 18/04/2017, clasificado en Varios / otros
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     Como cada jueves por la mañana, en el refugio de la Honeria, quedaban para desayunar un par de agentes forestales, el sargento de la Guardia Civil, su ayudante y José.

       El día resultaba magnifico, Un Sol primaveral hacia que la poca nieve que quedaba en los picos se fuera derritiendo poco a poco. Desde una mesa de aluminio destartalada los cuatro agentes ubicados en la pequeña explanada del exterior del refugio esperaban a José. La vista del pico de Ermer resultaba majestuosa, su agreste pico se clavaba sin escrúpulos en un cielo azul inundado de luz.

       El sargento comentó su extrañeza por la no comparecencia de José, ya que este nunca había faltado a la cita.

       -Es raro que José no haya venido…luego me pasaré por San Juan de Torán a ver si lo encuentro.

       Acababa de decir estas palabras, cuando un disparo proveniente de la montaña de Ermer surcó el aire claro e hizo volar un montón de gorriones que descansaban en un cerezo silvestre cercano. El sargento se volvió a pronunciar

       -No estamos en temporada de caza y los lugareños, todos son conscientes de ello…saben que estamos en veda. Debe de tratarse de algún turista despistado. Vayamos hacia la montaña a ver si a pies del sendero han dejado algún coche. A ver si…-no pudo acabar la frase, pues un segundo disparo atronó por la cima

       Los agentes se levantaron y tomando sus todo terrenos enfilaron la pista que conducía al camino hacia Ermer. En el punto donde comenzaba la ascensión hacia la cumbre y en dirección al Pla de Grauers, no encontraron ningún coche o moto que verificase la ascensión de nadie fuera de algún caminante del vecindario... El sargento tomó sus prismáticos, se los puso al cuello y empezó a ascender la empinada senda junto con sus compañeros. Al poco todos estaban sudando de valiente pues la empedrada subida era realmente dura. Un bosque denso de hayas y abetos lo presidía todo y un rio pequeño, agreste y saltarín, proveniente de los lagos de Liat les acompañaba. Al poco el paisaje se despejó y un pequeño claro apareció a los ojos de los agentes. El sargento volvió a tomar la palabra y usando de los prismáticos dijo

       -Estamos llegando al prado del José en donde él deja sueltos a los caballos… ¿pero que veo?- dijo negando con la cabeza- pero si hay varias vacas, paciendo en el mismo prado. José no tiene vacas.

       Uno de los agentes forestales tomó la palabra y dijo

         -Deben de ser de Emilio, es el único que tiene vacas por aquí.

El sargento desvió sus prismáticos hacia el camino de Liat. Un sendero peligroso, flanqueado por un precipicio insondable y mareante que solo mirar hacia sus profundidades resultaba angustioso. A lo lejos, por la pequeña senda, bajaba una figura indeterminada que no pudo ser reconocida por el Guardia Civil.

         -Por el sendero baja alguien…pero está demasiado lejos para ver quién es…!no, esperar!…!parece una figura contrahecha!

     No era una figura deforme…era Emili que llevaba una cabra salvaje que acababa de cazar a modo de bufanda echada al cuello y le daba unas proporciones extrañas a su persona. El sargento volvió a mirar y añadió

     -Es Emili… ¿Ha cazado una cabra?...va bajando hacia donde estamos nosotros…lo esperaremos aquí.

     Al cabo de una media hora el lugareño se encontró con el pequeño grupo de agentes que le esperaban. La figura de Emili resultaba impactante. Rubio, alto, con una cara curtida por el sol, de una edad indeterminada, con un cigarrillo siempre colgado de sus inapetentes labios. Unos pantalones marrones con muchos años a cuestas y atados por una cuerda a modo de cinturón. Una camisa que en su día podía haber sido de cuadros y una boina negra, extremadamente sucia servía de guinda al pastel de la imagen de Emili.

     -Hola Emili… ¿No entiendo cómo has matado una cabra? Sabes perfectamente que estamos en veda.

     El lugareño no contestó de inmediato, pero al final contestó

     -Me la encontré en el mismo camino, muy cerca y al final no me pude resistir…

     -Bien, ya sabes que los agentes forestales te requisarán la cabra y te pondrán una multa severa…- El sargento se quedó mirando a Emili…algo no acabo de entender- Por cierto…tu has ganado varios premios en los concursos de tiro de los pueblos…si la cabra estaba en el camino, cerca de ti, no entiendo como necesitaste dos tiros y distanciados, para abatirla.

     -En el primer tiro, resbalé…la cabra escapó…sargento, pero ya la segunda vez, el tiro fue certero.

     El sargento dudaba y continuó preguntando

     -También estamos buscando a José…no lo encontramos. ¿Sabes tú algo de el?

     -No; no lo he visto

     -Sin embargo has dejado tus vacas en su prado, cosa que a él seguro que no le gusta

     -No exactamente, mis vacas han llegado al prado de José por propia iniciativa buscando mejores pastos que en alta montaña. No se pueden poner puertas al campo.

       -Se, por el mismo José que no os lleváis bien…que os discutís por todo. ¿Es verdad?

       Emili dudó, pero al fin respondió

       -Ya sabes que en pueblos pequeños, nos discutimos por cualquier cosa…En San Juan, solo vivimos José y yo y puede que si tengamos desavenencias…pero dentro de la normalidad

       En el interior del sargento aparecieron dudas de la verdad de las palabras de Emili. La intuición del Guardia Civil trabajaba en contra de la versión del lugareño. Estaba pensando que nuestra maravillosa especie, miente con descaro cuando le interesa y que las palabras de la gente, a menudo se revisten con un engaño que dificulta la verdad de las cosas. El Guardia Civil especuló en que las palabras de Emili y la realidad de los hechos estaban muy alejadas.

        La idea de que el primer tiro de Emili había sido para José y el segundo para la cabra no le dejaba en paz. Era una intiución sin base racional, pero era una idea que había venido a su cerebro para quedarse.

         Volvió a dirigir su primaticos hacia el peligroso camino que bajaba de los lagos de Liat, quería ver a José bajando como si tal cosa, pero intuía que el cuerpo de este había caído por el precipicio, abatido por el disparo de Emili. Tendría que organizar una batida de búsqueda y con las dificultades del lugar y era posible que no tuviera éxito y no hallaran ningún cuerpo...

         Sus prismáticos se volvieron nerviosa e instintivamente hacia el prado del José y milagrosamente y de repente vio como la luz potente del cielo, impactaba directamente en la figura de José. Este surgía del bosque con un pequeño saco de sal para dar a sus caballos.

         El agente respiró hondo aliviado y comprendió que nuestra mente está sujeta a demasiadas limitaciones, fantasías y engaños. Todo había sido un artificio… su mente había confeccionado quimeras absurdas que pueden llevar a hacer mucho daño. La verdad está oculta detrás de numerosas astucias. Miró al Emili, volvió a respirar hondo, tranquilo y comprendió que nada es como parece.

 

       


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