La verdad detrás de la carta. Parte 1.

Por cclecha
Enviado el 04/12/2017, clasificado en Amor / Románticos
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     Lord Sebastián Scott permanecía sentado delante de su chimenea agradeciendo las débiles llamas rojas que oscilaban hacia arriba y abajo como si estuviesen vivas. Permanecía embrujado, protegido por el fuego, se sentía fascinado y a gusto delante de él.

       El sillón de piel granate capitoneé y la chimenea, eran la pareja perfecta para que el lord, como casi tarde, dedicara su tiempo a la lectura. El caballero, ya de unos cincuenta años pero respetado por el tiempo, aparentaba unos pocos menos. De aspecto agradable recordaba a la joven madurez.

         Lord Scott se empezó a cansar de leer y cerró el libro. A veces, cuando más interesante estaba la historia, cerraba el libro para imaginar por él mismo, el desenlace siguiente. Mientras el libro callaba, la mirada de Sebastián se dedicó a vagar por la estancia. El estilo inglés del salón se manifestaba en el blanco de pintura lacada de la librería, arrimaderos a continuación de la chimenea y puertas con plafones. También en la mesa de comedor y las sillas isabelinas, todo ello de un caoba rojizo que daba un fuerte carácter a la estancia. Multitud de cuadros y grabados salpicaban los recuadros blancos de los arrimaderos.

         Sebastián, no hacía muchos años, también se había dedicado con cierto éxito a pintar retratos, así no es de extrañar que su atención se posara en el retrato de su esposa que destacaba por meritos propios de los demás. Un retrato que él había pintado con infinito amor y naturalmente eso se notaba y mucho en esta obra de arte. Hablamos de un no sé qué que la hacía este cuadro notable. Desde la muerte de su esposa, nunca más había vuelto a pintar.

       Sin embargo y a pesar de todo el dolor que arrastraba, el lord se conformaba con su vida. Su sensibilidad como artista siempre estaba presente en él, en los libros y en los recuerdos que le hacían compañía. Solo una cosa le atormentaba…su hijo, de unos veinticinco años, completamente opuesto a él…arrogante, pendenciero, vanidoso, con una sensibilidad de patán y una cultura muy poco formada. Pero era su hijo y tenía que aceptar este hecho triste como fuera. Mientras divagaba pensando en esto, escuchó un ruido en la puerta de entrada como si alguien arañase la puerta y se fuera desplomando. De repente se abrió de súbito la puerta y el cuerpo de su hijo se derrumbó en su salón.

         A Cristian, con la ayuda del doctor, lo ubicaron en la cama del dormitorio. Había perdido mucha sangre como consecuencia de varios cortes de arma blanca, producidos en una reyerta de cartas en una taberna. El joven estuvo un par de días en que el padre pensó que hijo no podría superar las heridas que auguraban un fatal desenlace, pero finalmente el buen hacer del doctor se impuso.

         Sebastián contemplaba el sueño de su hijo. Su melena rizada y desordenada no lo hacían atractivo…esto no le importaba para nada al Lord, tampoco su fortaleza, ahora oculta bajo los vendajes del doctor. Lo que realmente le importaba era su esencia interior y su carácter moral, ambas cosas muy limitadas. Aunque descansaba el joven ya había vuelto a la consciencia; por ello su padre acercó una silla a la cama y dejó encima de ella un par de libros y periódicos para que Cristian no se aburriera. EN ese momento Cristian despertó, saludó a su padre con una media sonrisa de culpa e inmediatamente cogió el periódico del asiento de la silla y devoró la fotografía de primera página con los ojos.

     -Esto sí que es una casualidad de las gordas. ¿Has visto la portada?

     -Si, es Sir Stewart desmontando del carruaje con su hija, delante de su mansión

       - Bueno…esta hija a la que te refieres, además de ser la más rica de la región, es sin duda la más guapa. Hace ya varios días que la llevo en todo momento en la mente…me interesan tanto su belleza como su riqueza…-Lord Sebastián bajó los ojos, exhaló un pequeño suspiro de desilusión e hizo el ademán de darse la vuelta.- ¡Espera! ¡Espera! Te explico.- tartamudeó Cristian- La verdad es que hace ya una semana, mientras paseaba por la senda a mi caballo negro, me cruce con ella…supe enseguida de quien se trataba y hay que reconocer que su belleza limpia, supera cualquier fotografía de periódico. La abordé rápidamente, pero he de reconocer que cuanto más hablaba, cuanto más intentaba que me conociera, menos interesada se mostraba en mí. M e dio la sensación de que éramos como el aceite y el agua. Los dos viendo las cosas de formas completamente opuestas. Casi sin contestarme hizo el gesto de volver hacia su casa, yo insistí en volver a verla, pero ella dio media vuelta sin hacerme caso. Cuando su caballo dio media vuelta yo la chillé que me llamaba Cristian, que era vecino suyo y que la volvería a ver.

         ¿Entiendes ahora porque hablo de la causalidad del destino? Tu mismo me has aproximado su fotografía a mi lecho de enfermo…tu me marcas el camino hacia ella.

         -Hijo…cálmate, yo no te marco ningún destino y menos con esa chica

         -Padre, me has de ayudar…tengo la intuición de que esta chica está llena de sensibilidad y nobleza y sus valores como persona son muy altos. Reconozco que esto no es lo que más me interesa de ella, pero creo que tú, en este aspecto eres muy parecido a ella y me puedes ayudar a cartearme con Susan sin ser rechazado de entrada por mis opiniones.-Todo esto lo dijo Cristian de forma dramática, tratando de incorporarse y perdiendo todavía algo de sangre de una de sus heridas.

         Sebastián, afligido por su hijo, no supo decirle que no, aunque pensaba que se metía en un despropósito, sin embargo no supo decirle que no a su hijo en aquel estado.

         Sin quererlo el lord se vio escribiendo su primera carta a Miss Susan. Lo que más miedo le dio al lord es que comprobar que ya desde esa primera carta estaba abriendo su corazón y emociones a una desconocida. Tenía la necesidad de ser escuchado interiormente, de expresar la complejidad de su sensibilidad, necesitaba una confesora que le escuchara y que le hiciera comprender que estaba vivo. Se empezó a dar cuenta que ya en esta carta empezaba a manifestarse tal como era en realidad, sin máscaras y con el corazón al desnudo.

          


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