La vedad detrás de la carta.Parte 2.

Por cclecha
Enviado el 04/12/2017, clasificado en Amor / Románticos
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           Sabía perfectamente que habla para dejar a su hijo en buen lugar, pero en el fondo era él quien se quería comunicar. Todo, desde el principio, le dio miedo. Pero ahí estaban las líneas…eran elocuentes…

             “Estimada Mis Susan, soy su vecino Cristian que tan innoblemente la abordó en su paseo a caballo. Por favor no tire esta carta a la papelera pues el que la escribe es un hombre distinto y nuevo al bocazas que conoció. Le escribo desde mi lecho de enfermo, ya que contraje una enfermedad   que el doctor me ha recomendado guardar reposo durante unos días y me ha hecho recapacitar muchas cosas. Mi interior se ha transformado…ya no doy valor a lo que antes, equivocadamente daba grandeza, ahora sé que la importancia de las cosas reside en los valores que tengas dentro de ti y no en cosas externas que puedas perder con facilidad, como el dinero, posesiones o fama… para ello, necesito que alguien sensible como usted me escuche y sea mi confidente…necesito que una persona que comprenda todo esto y me quiera.

         No quiero aburrirla esta primera vez…pero volveré a escribirla dentro de siete días. Por favor, escuche mi corazón. Desde la primera vez que la vi me enamoré de usted...

         La quiere. Cristian”

         Lord Sebastián enseñó esta carta a su hijo y la envió por correo a la señorita.

         Esperó alguna señal o contestación y no la hubo, así que esperó los días de rigor y volvió a escribirla, esta vez con más pasión y menos distancia de formas.

           Como no sabía en qué iba a acabar todo aquello y para que la espera de lo desconocido no le angustiase, cogió la foto de Susan, publicada en el periódico y empezó un retrato de la misma.

           Lord Scott miraba como su hijo indolentemente se aburría en la cama, ojeando periódicos, mientras le comentaba cosas sin interés para el corazón del padre que empezaba a sentirse atrapado por Susan. No se recibió ninguna respuesta por parte de Susan a esta segunda carta perro sentimentalmente el interés por la chica, empezaba a tomar cuerpo. Con desesperación escribió una tercera carta en la que exponía que todo su ser quedaba a la espera de saber de ella. No la molestaría más, si este fuera su deseo, pero necesitaba que le escribiese.

       Finalmente y para alivio de Sebastián, se recibió una brevísima nota en la que Susan decía que pasaría a ver cómo iba la recuperación de Cristian y hablaría con él. El lord leyó con avidez la nota y se la dio a leer a su hijo… Sebastián estaba desconcertado, mientras su hijo ya empezaba a pavonearse del triunfo.

         Al cabo de poco, justo cuando Sebastián empezaba a finalizar el retrato de Susan, el Lord, a través de los cristales, vio como un pequeño carruaje se paraba justo delante de su casa. De él bajó con elegancia Susan y accionó el timbre de la casa. De inmediato Cristian se levantó como si se estuviera recuperando de una enfermedad y no de heridas de arma blanca.

         Inmediatamente hubo unas breves presentaciones entre Lord Scott y la señorita Susan. El pulso y el corazón del lord estaban desbocados cuando estrechó la mano de la joven, aún así tartamudeó.

       -Celebro mucho conocerla personalmente…aunque tengo la sensación de conocerla bien. Pase, pase, a hablar con Cristian, escúchele…aunque sus palabras no contienen siempre la verdad…pero lo que escribe no la engañará jamás.- Mientras decía esto, interiormente se dio cuenta como la retina de sus ojos se agrandaba de forma desmesurada, contemplando sin control a la señorita. Entonces bajó los ojos y con la mano indicó a los jóvenes que pasaran al sofá a hablar. El se fue discretamente al comedor, poniendo el caballete y el retrato de Mis Susan en posición que ella no lo pudiera ver. Se sentó en una de las sillas isabelinas y no pudo hacer más que observar los gestos de la pareja.

       Cristian gesticulaba y hablaba demasiado…o así lo creyó ella… el resultado fue que Susan empezó a sentirse violenta. Volvió a pasar que cuanto más hablaba y se alardeaba él, más incomoda se sentía ella.

       Sebastián se sentía inquieto por la situación y porque Susan dentro de su combate interior con su hijo, todavía no había alzando los ojos ni una sola vez hacia él. De repente se agobió todavía más cuando ella se puso en pie con la clara intención de irse y el lord escuchó de forma lejana

         -No estamos hechos el uno para el otro. Discúlpame pero me voy. No entiendo como pudiste escribir esas cartas…son completamente distintas a ti.

         La chica pasando junto a Sebastián y sin despedirse fue hacia la puerta la abrió y salió hacia el exterior.

         Lord Scott ocultó su rostro con desasosiego entre sus manos ante una situación que le sobrepasaba. Entonces Cristian, en donde todos presumíamos que no había nobleza de carácter, tuvo una reacción elevada. El joven arrancó a correr y antes que Susan subiera al carruaje le habló con vehemencia. Sebastián contemplaba la escena otra vez detrás de los cristales y sin comprender nada…finalmente vio como su hijo señalaba el interior de la casa y como la chica se aprestaba a volver a entrar a la vivienda.

       Sebastián no sabía lo que tenía que hacer, estaba confuso y asustado…finalmente la puerta se abrió y aparecieron ambos jóvenes. Cristian seguido por Susan se dirigió donde se encontraba su padre, le dio la vuelta al retrato de la chica para que este se hiciera visible, se dirigió hacia el escritorio para mostrarle una carta con la caligrafía de su padre y los dejó solos en el comedor.

         Lord Scott no sabía cómo actuar, se preparó para lo peor, pero esta vez se apercibió que no sabía nada de la vida. Susan esta vez le miró intensamente y acogiéndole con una sonrisa le cogió de la mano y lo besó con amor.

 

 


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