POLÍTICAMENTE INCORRECTO

Por franciscomiralles
Enviado el 06/12/2017, clasificado en Varios / otros
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A finales de los años 80 fui a un local que estaba junto al CORTE INGLÉS en la zona alta de la

ciudad donde había un grupo de personas que organizaban todo tipo de salidas recreativas.

Y una vez que me adentré en aquel lugar me hallé en una amplia sala algo sombría con una mesa

en el centro de la misma, en torno a la cual merodeaban unas tan elegantes como hermosas

féminas dando el biberón a sus retoños, mientras hacían planes  para una próxima excursión, a la

vez que también despotricaban contra sus parejas masculinas, y sus prognitores por haberse

desentendido de ellas en aquella comprometida situación. En algunas sillas desperdigadas habían

algunos hombres con el ceño fruncido. Se tretaba de un colectivo de gente separada,  o

divorciada.

Entonces se me acercó un sujeto calvo, y con un grueso bigote,que con una sonrisa de me

presentó.

- Me llamo Juan - dijo-. Bienvenido a este grupo.

Al devolverle yo el saludo él me preguntó:

- ¿Estás casado?

- Oh, no- respondí.

- Pues ni se te ocurra hacerlo. Ahora que se han desmoronado las escalas de valores, y sumado

a la crísis económica que ha generado tanto paro, el matrimonio puede llegar a ser un infierno.

Hice una expresión de asombro.

- Sí. Se denuncia con razón el maltrato físico, o psiquico de algunos hombres a sus mujeres, pero

también se da el caso contrario como me sucedió a mí. Y esto se oculta porque no es

políticamente correcto - dijo el tal juan-. Yo me casé bastante enamorado de una mujer llamada

Inés que trabajaba en una empresa de cosmético, a la cual conocí en una excursión al Montseny.

Al principio Inés aunque no hablara mucho se mostraba muy cariñosa conmigo, Pero al poco

tiempo de casados como a ella su madre le había dado una severa educación, su afectividad

hacía mí se convirtió en una terrible hostilidad con el propósito de dominarme.

- ¿ De veras?

- En efecto. No cesaba de hostigarme, de reprocharme cualquier simple error que yo pudiera

cometer para hacerme sentir culpable,y hacer sentirme tan inseguro como ella. Según mi

ex-mujer ellalo hacía todo bien, mientras que yo era un desastre.

- Vaya...

- Por otra parte Inés criticaba continuamente a mi familia, a mis amistades; así como ante las

visitas no dudaba en desprestigiarme- prosiguió Juan-. Por esta  razón aprendí a guardar mis

opiniones, mis pensamientos, o emociones. En otro orden, yo trabajaba en una fábrica de

Confección, y cuando la empresa se fue a pique yo me quedé en el paro. Enseguida Inés redobló

sus críticas negativas hacia mí, como si yo fuera el culpable de aquella situación,y  controlaba mis

 pequeños gastos. Si ella veía que me tomaba una cerveza, me armaba un escándalo de mil

demonios

- ¿Y tú no protestabas? - quise saber.

- Unas veces sí, y otras no. Para no discutir, porque me daba cuenta que Inés disfrutaba armando

peleas. La gente es muy masoca. ¿Lo sabías?

- ¿Y en la cama qué tal?

- ¡Bueno! Pues una vez que habíamos hecho el amor, Inés me apartaba de su lado como a un

saco de patatas. Así y todo tuvimos un hijo, por lo que yo pensé que tal vez nuestra relación

mejoraría. Pero me equivoqué, porque ella se dedicó a hacerme chantaje emocional- siguió

contando Juan-. Ante cualquier discusión Inés me amenazaba con llevarse al niño, y en no

dejármelo ver. Todo para tenermea sus pies. En ocasiones me desafiaba con el propósito de que

yo perdiera el control y la bofeteara, y así ella me podría denunciar; yo debería de abandonar el

hogar, perder la custodia de mi hijo, y encima pagarle una pensión.

- ¿Y tú cómo reaccionabas?

- Pues como me daba cuenta de la trampa que se me tendía, siempre me mostré muy estóico.

Como si oyese llover. Entonces me retiraba a una habitación, y me ponía a hacer dibujo artístico

que es lo que más me gusta; aunque mi exmujer despreciara  mis trabajos artísticos.

- Bueno...

- Pero para mí, a este comportamiento hay que añadir una doctrina feminista  que influye en

las costumbres de la gente - dijo Juan con convicción-. Antes cuando mandaba la Iglesia en

función del Dios-señor con barba y zapatillas se instauró un estilo de vida machista y patriarcal

que las mismas mujeres lo fomentaban. Mas como ahora la doctrina cristiana ya no está de

moda la sociedad de un modo pendular se ha decantado por la doctrina contraria feminista,

que enaltece a la mujer en perjuicio del hombre; cuando esto es falso porque las damas como

seres humanos que son también se equivocan. Y dicha doctrina feminista se apoya en la frase

de la Pasionaria que decía: "Hijos sí, maridos no". 

Y después de escuchar la historia de aquel Juan decidí regresar a mi casa.

 

 

 


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