NOSTALGIA DE SEFARAD

Por emilio rivellli rivelli
Enviado el 20/01/2014, clasificado en Varios / otros
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Un ceñido traje de falda-chaqueta insinúa unas proporciones armónicas. Las volutas de humo del cigarro traspasan el cabello acunado por la brisa marina. Apoyada en la balaustrada de La Corniche se entrega con calma al necesario ensimismamiento, los pensamientos se amalgaman con la luz del crepúsculo que la envuelve; se otorga la nostalgia persistente, tal como el náufrago abraza la tabla salvadora, nos talgia que es suya y que fue amamantada por sus antecesores, los Prisioneros de Sion. Las últimas familias recogen pausadamente los enseres depositados sobre la arena, el color anaranjado pincela los cristales de los edificios, los vendedores de flores revolotean por los alrededores, apoyada en la balaustrada revive la historia. Siente Alejandría como cualquier egipcio, pero en el fondo de su bolsillo concede un espacio a la memoria tamizada por el tacto y sabor de un trozo de pan ácimo.

Eurona Hakim sabe bien que de su cuello cuelga la Maquen David. Unos ojos verdes contemplan el mar fraternal que entrelaza un destino común, el mar que explica y vivifica sus actuales coordenadas. El olor a fritanga se entremezcla con la densidad de una evocación. Un mar que en sus moléculas almacena sin rencor una sentencia ignominiosa:

"Combatir la herética pravedad que conlleva el contacto entre judíos y cristianos"

Conjurando el sufrimiento de sus ancestros, como una salmodia su boca balbucea las sagradas palabras del Qadís. Siempre escuchó que pertenecía al pueblo elegido, incomprendido y desparramado, tal como la encrucijada que es su vida actual la contempla. Evoca las graves palabras que ha vertido su marido desde unos labios crispados, tan incapaz de entender el ansia de libertad compartido con los que dejaron Sefarad y que, como ellos, para no abrazar una fe impuesta, no debe olvidar quién fue en las tierras que les entregó sus tardes y sus mañanas.

Sólo reclama un descanso, el necesario sosiego, la paz suficiente para enfrentar la nueva vida conquistada, el horizonte entrevisto en noches sin término. Desde la hondura de las Doce Tribus de Israel, sabe Eurona Hakim que la aguarda su Canáan particular. Mañana es sabat y todo marcha como debe. El tacto y sabor de un trozo de pan ácimo.

                                                                                 Emilio Rivelli Rivelli


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