La Esperanza es lo último que se pierde

Por Libertad
Enviado el 16/09/2013, clasificado en Varios / otros
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Era de noche, llovía estrepitosamente y el frío atacaba con una crueldad insoportable. Hacía horas que el ajetreo diario de la ciudad había cesado por completo sumiendo a las calles en un silencio perturbador y la mujer seguía sin aparecer. No sabía cuánto tiempo llevaba esperándola, pero "¿qué importa? Dentro de poco todo habrá acabado", pensó eufórica la Esperanza.

Entonces la Muerte apareció. Su belleza era extraordinaria, tan perfecta y embriagadora en cada forma que rozaba incluso la locura. La Esperanza, en cambio, era una anciana escuálida y de aspecto marchito, como los restos de un amor fogoso que se va destruyendo con los años.

-Buenas noches, dijo la Muerte con amabilidad.

-Buenas noches, contestó embelesada la otra mujer.

-Disculpa el retraso Esperanza, me surgió un encargo de última hora y no pude llegar antes.

-No se preocupe señora, no tiene importancia. Le agradezco mucho que haya venido, sé que está usted muy ocupada.

-Eres muy amable. La verdad es que llevo tantísimos años en este negocio que ya apenas me doy cuenta de lo agotador que puede resultar. He tratado con seres de todas las edades, etnias, credos y mundos posibles y he de reconocer que de todas las llamadas que he atendido, tú has sido sin duda la más difícil. Disculpa mi atrevimiento Esperanza, pero no logro comprender por qué precisamente tú necesitas mis servicios, admitió con franqueza la bella mujer.

-Porque estoy cansada señora, muy cansada.

-¿Cansada de qué? Si me permites la pregunta, dijo la Muerte extrañada.

-De ser la culpable o la excusa de los mayores fracasos de la Historia, explicó la anciana con aire derrotado tras exhalar un profundo suspiro.

-¿Fracasos? ¿A qué tipo de fracasos te refieres? Exclamó la Muerte aún confusa.

-Verá, antes o después todos terminan acudiendo a mí, como si yo fuera una especie de diosa todopoderosa que puede arreglar el mundo en un abrir y cerrar de ojos. He tenido que reparar un sin fin de catástrofes y accidentes que nada tenían que ver conmigo. He sido testigo de crímenes espantosos y actos imperdonables cometidos en mi nombre porque aunque no lo crea mi señora, hasta los malhechores y los asesinos tienen esperanza y francamente, ya estoy harta. Lo único que quiero es morir y descansar en paz. ¿Sería usted tan amable de concederme el deseo? Dijo mirando suplicante a la Muerte.

-Buena mujer, entiendo perfectamente tu frustración y créeme que lamento no poder ayudarte, pero tu nombre está al final de mi lista desde el comienzo de los tiempos porque como bien sabrás, la esperanza es lo último que se pierde, así ha sido y así es como debe ser. ¿Acaso crees que podría llevar a cabo mi trabajo sin albergar la esperanza de que algún día, en un futuro no muy lejano, la muerte me llegue a mí también?

Entonces la Muerte desapareció sin más, dejando a la Esperanza más sorprendida y frustrada que nunca. 


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