Anna es complicada Part. ll

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No dejaba de pensar en lo extraño que era todo esto.

Tenía a la persona que tanto me gusta frente a mí, la cual ya había dado por perdida, besándome como si me deseara tanto de un día para otro.

Tomé sus mejillas con mis manos, paré de besarla, esperé unos minutos para comenzar a  hablar.

>>Espera… Necesito saber porqué estás aquí conmigo. Pensé que no querías volver a saber de mí.

Anna inhaló,  apretó los ojos y exhaló.

>>Anna: Sé que es muy extraño, hablarte hoy por la mañana y estar ahora aquí, todo el mismo día. Me costó mucho trabajo planear verte, traté de ser muy directa y no retroceder.

Escucha, estuve pensando en ti, no he estado con alguien más, ni siquiera con una mujer. Debes entender que es complicado, es como la primera vez que descubres algo.

Si pretendes hacer algo conmigo hoy, hazlo. También quiero que comprendas que no sé qué hacer contigo. Me alejé por miedo, pero tengo que superar aún muchas cosas. Me sentí mal al rechazarte tanto, pero más por no corresponderte cuando yo sabía que podía hacerlo, porque sé que me gustas, que siento algo por ti, pero opté por negarme.

Era básicamente lo que necesitaba escuchar. Me sentí demasiado feliz.

>>Anna, definitivamente quiero hacer muchas cosas contigo hoy. Es tan obvio que te he soñado varias veces, me siento nerviosa y probablemente tú más. ¿Puedes dormir conmigo hoy?

Anna sonrió, cerró los ojos y se puso rojita. Sonreí con ella y la abracé.

>>Deberíamos pedirnos algo para comer, ¿qué te gustaría tomar?

>>Me encanta la pasta. Tú elije qué tomaremos.

>>Tengo dos botellas de vino tinto. Me encanta, si lo tomo contigo sabrá mucho mejor.

Por cualquier cosa que dijéramos aprovechábamos para reír y después besarnos.

Llegó la pasta, nos quitamos los zapatos y comimos sobre la alfombra mientras platicábamos de lo que nos perdimos varios meses.

Me encanta el vino, pero no suelo tomar seguido. Llevábamos apenas dos copas. Cada que ella hablaba yo sonreía mas, sentía que Anna cada vez se acercaba más a mí, comenzaba a hablar y acariciaba más mis manos. Me contaba sobre sus libros favoritos, los que quería leer, sobre su mejor amiga y su novio infiel. Yo no paraba de escucharla sin sentirme tan feliz.

Anna llevaba una blusa negra con mangas y escote con tela en mesh. Admito que cada que ella descuidaba mi mirada, yo me metía en su escote. Ella no es una mujer tan delgada, pero sin duda tiene muy buenas curvas, alta… tal vez 1.65cm, pechos grandes, piernas largas, un tono de piel bastante uniforme y casi blanca, una mujer de cadera amplia, manos suaves, cabello obscuro y largo, un rostro bastante tierno y una sonrisa que la hacía ver bastante guapa.

Llevábamos la quinta copa, Anna se acostó de lado y recargó su cabeza sobre su puño izquierdo y yo sobre el derecho. Estábamos de frente y aproveché para acariciar su pierna sobre la mezclilla desgastada de sus jeans (fricción que empezaba a desesperarme), metí un dedo en uno de sus bolsillos para jalarla y que viniera a mí, vimos nuestros labios, sonrío y se acercó a besarme. Por fortuna el vino la ayudaba.

Parecía que estábamos teniendo sexo sólo con la lengua, me besaba bastante bien, demasiado acuoso cruzando nuestras lenguas, lamiendo nuestros labios y jugando con nuestras piernas. No dejaba de ver sus pechos de entre esa tela transparente, los puse entre mis manos y los acaricié firmemente sin dejar de besarla. En ese momento quería quitarle toda la ropa.

Desabotoné y baje el cierre, nos sentamos y metí mis manos en su blusa para levantarla, besé sus mejillas, el cuello, me acerqué a su oído para decirle que era hermosa, besé sus hombros, besé sus manos, bajé sus tirantes y besé alrededor de sus pechos. Ella sola desprendió su brasier, se recargó sobre sus manos hacía atrás y dejó totalmente libres sus pezones erectos. Yo ya estaba entre sus piernas de rodillas y mis manos alrededor de ella para recargarme sobre la alfombra. Volví a besarla, metí dos dedos en su boca para mojar con ellos sus pezones hasta meterlos en mi boca.

Ya no podía parar, sólo quería tomar sus pechos entre mis manos y continuar lamiéndolos.

Acosté a Anna y me quité toda la ropa, mientras ella bajaba sus jeans y yo viendo en su ropa interior toda esa humedad. Hasta que por fin nos quedamos sin ropa. Besé su abdomen y luego sus piernas, las llené de mordiscos y luego succiones. Sólo escuchaba cómo Anna suspiraba.

Me senté sobre ella luego de lubricarla, abrimos las piernas, me recargué hacia atrás y ella tenía la vista directa a todo mi sexo, comencé a deslizar mis labios con los suyos moviendo mi cadera hacia arriba y hacia abajo para mojar nuestros clítoris. Nos sentíamos demasiado calientes. Recargué mis rodillas y me acerqué a besarla, llevé sus manos a mi cintura y ella comenzó a moverme para seguir esa fricción ahora bastante firme y bastante rápida. Sentía su clítoris demasiado erecto junto al mío, estábamos sudando cada vez más y nos gemíamos directo en la boca viéndonos frente a frente.

Bajé sus manos hacia mis nalgas, me apoyé en sus hombros para hacerlo más fuerte, nuestros pechos estaban rozando, sudábamos tanto que Anna tenía una alberquita en su ombligo. Nos besamos y ella mordió uno de mis labios como señal de que un orgasmo estaba sintiendo. Y lo sentimos las dos. Bajamos poco a poco la velocidad para disfrutar lento y redondito a ese orgasmo.

Las dos estábamos temblando. Me quedé sobre ella mientras me abrazaba y acariciaba mi espalda deslizando sus dedos con el sudor que quedaba. Nos quedamos calladas para descansar.

Me dijo que no había sentido algo así. Reí de nervios y de felicidad. Me acosté del otro lado de la alfombra, respiré profundo y le dije que se sentara sobre mí.

Y ella retomó la fuerza.

 

Nos sonreímos sin casi sonreír, con la mirada llena de sexo.

Subió hasta mi boca poniendo sus rodillas alrededor de mi cabeza. Comencé despacio a chupar sus labios, tomé sus nalgas para empujarme y meterle toda mi lengua una y otra vez, hasta que ella comenzó a sentarse sin que yo me moviera. Anna se mojaba cada vez más y lo dejaba todo en mi boca. Recargó una mano en el sofá de enfrente y con la otra tomó mi cabello para empujar su clítoris con mi lengua.

Cabalgaba sobre mi boca y yo veía sus pechos moverse cada vez más rápido, bajé una mano hasta mi sexo para masturbarme mientras disfrutaba de ella.

De tanta fricción Anna estaba sangrando sus rodillas, pero no podía parar, quería desesperadamente volverlo a sentir.

Se movía más rápido y yo más rápido metía mis dedos. Gemía y mordía sus labios una y otra vez, hasta que le llegaron dos o tres orgasmos seguidos, uno tras otro, sin si quiera dejarla casi respirar. Mientras yo veía todas sus expresiones hasta el último momento que ella disfrutó de sus orgasmos, yo no dejé de masturbarme hasta que conseguí un squirt que humedeció toma la alfombra.


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