Reaviva la llama (4)

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Tenía la pequeña maleta abierta de par en par sobre la cama. Me apetecía bien poco tener que hacerla, pero a la mañana siguiente no iba a disponer de tiempo suficiente y sabiendo que siempre se me olvida algo me obligué a prepararla entonces.

Mientras rebuscaba tranquilamente entre mi ropa interior en el cajón de la mesilla oí entrar a Saúl.

- ¿Has preparado ya tu maleta?
- No te preocupes mañana a la mañana estará hecha.
- Más te vale. - Saúl me dio un azote en el culo.
- Estas tan sexy en esa postura.

Con el revoloteando por detrás de mi intente seguir haciendo la maleta, pero era imposible concentrarse en nada. Me rodeó con su brazo derecho por la cintura, obligándome a erguirme. Cogió la ropa que estaba intentando doblar con su mano libre y la tiro dentro de la maleta.

- ¡Qué ganas tengo de que llegue el fin de semana! Tu y yo, sin llamadas molestas, ni comidas que hacer, ni una casa que recoger... - me giró sobre mis talones poniendo de cara a el.
- ¡Compórtate! - No pude evitar sonreír. En ocasiones Saúl parecía un niño pequeño abriendo sus regalos en Navidad y eso me encantaba.
- Es usted la que debería de comportarse - me dijo mientras bajaba sus manos hasta mis nalgas -He visto como metías el picardías rosa que tanto me gusta en la maleta. Tu sabes lo mucho que me gusta ese trocito de tela.

Coloqué mis manos sobre su cara acercándolo a mi para besarle. El apretó mis nalgas, una señal ya familiar para que rodeara su cadera con mis piernas

- Puedo notar lo mucho que te gusta.
- Si que lo vas a notar preciosa.

Su sonrisa canalla de medio lado era indicativo de que aquello iba a ser divertido de verdad. Hacía días que no nos acostábamos y yo le echaba de menos. Nos tiró sobre la parte libre de la cama y empujo la maleta hasta que esta calló al suelo esparciendo toda la ropa. Pero me daba igual. Su boca jugueteaba con el lóbulo de mi oreja, y mientras me subía la camiseta fue bajando hacia mi cuello.

Cuando solo me quedaba el sujetador, comenzó a bajar poco a poco, haciéndose de rogar, aumentando la humedad entre mis piernas. Sacó mis pechos del sostén y mordisqueó mis pezones. Sabía que aquello me volvía loca. Mis caderas cobraron vida propia, no podía dejar de moverlas en busca de cualquier roce para poder mitigar un poco el calor.

Saúl siguió su camino hacia el broche de mis pantalones que desabrocho con una tortuosa lentitud. Levante el culo para ayudarle a bajármelos. Cuando me los había quitado separó mis piernas y pasó su lengua dura por encima de las braguitas, rozando lo justo y necesario para darse cuenta de lo mojada que estaba.

- Como me pone que estes tan mojada...

Me quito las bragas para seguir torturándome. Se paseaba por mis ingles dejando besos cada poco. Tuvo que sujetarme para que yo le dejara hacer tranquilo. Por fin, su boca llegó hasta mi clítoris, donde se entretuvo un buen rato. Con su dedo corazón jugueteaba con mis labios. Poco a poco lo fue introduciendo. Cuando hubo entrado del todo lo volvió a sacar, aumentando la velocidad. Primer un dedo, luego otro, así hasta que tres de sus dedos estaban dentro de mi. Era incapaz de hablar, ni siquiera para pedirle que se quitará los pantalanes y me penetrara. Lo único que salía de mi garganta eran gemidos de placer. Hasta que un calor inmenso me invadió y termine corriéndome en la cara de Saúl.

- Esto es solo el principio...

Todavía no me había recuperado cuando Saúl ya se lo había quitado todo. Me dio media vuelta sobre la cama con las piernas juntas, se sentó sobre mis muslos dejando su pene descansar entre mis nalgas.

- No te haces una idea de lo que me gustas...

Colocó su pene entre mis nalgas, y comenzó a moverse. El calor que desprendía y lo duro que estaba su miembro hicieron que me humedeciera de nuevo.

- Por favor. Fóllame, por favor. - coloco su glande contra mi, apretando suavemente.
- Repítelo
- Fóllame Saúl. Fóllame. - Estaba tan caliente que casi se lo grité.

El debió de notar la desesperación porque sin dudarlo más me penetró de golpe. Aquello me transporto hasta el séptimo cielo. Sentir su polla tan dura y grande entre mis piernas. Aquella postura me permitía sentir cada centímetro de el. Las embestidas se sucedían cada vez más rápido y yo levanté un poco la cadera para que las penetraciones pudieran ser más profundas.

Sus gruñidos guturales mezclados con el sonido de sus testículos chocando contra mi y sus fuetes embestidas, consiguieron que me corriera otra vez. Saúl salio de mi y me pidió que me pusiera de rodillas. Yo le hice caso, cogí su pene entre mis manos y comence a pajearle mientras lamia su glande. No tardo mucho en correrse sobre mi boca. Yo me tragué todo su semen mientras el gemia de placer.


Aquella noche volvimos a repetir varias veces. Tuvimos que hacer las maletas a prisa y corriendo, pero no nos importo mucho.

 


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