I. Detención de Olmer

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Cuando Olmer estaba jugando fulbito con los amigos del barrio, el capitán Rompehuesos y sus veinte soldados aparecieron silenciosos. 

—Todos ustedes son terrucos. Tírense al piso o los fusilo en una.

—Tranquilo, jefe, mi capitán. Todos nosotros somos de por aquí. Nadie se male... —un golpe en la boca, lo hizo callar.

—¿Alguien ha dicho que hablen? Cállense, mierda, y tírense al piso. Tú eres Olmer —dijo el capitán, dirigiéndose a unos de los chicos boca bajo en la losa deportiva.

—No. Yo no soy, él es. —Y señaló a otro de los muchachos, que ya se retorcía nervioso como queriendo echarse a correr. El capitán lo notó y dijo:

—Tranquilo, muchacho, nadie te va a hacer nada. Solo yo. —Y amarrando rápidamente sus manos, le dio una patada en la boca que le sacó varios dientes. Aturdido y sangrando, Olmer se vio perdido y empezó a gritar:

—Mamá, mamita, mamá, ayúdame.

—Ahora llamas a tu mamá, concha tu mare. Que ni venga porque también la reviento. Y todos los demás, lárguense, que hoy estoy de buen humor y no quiero llevármelos a todos. Seguro que también son terrucos, ya los veré otro día.

Olmer seguía llorando y gritando. Todos los demás se fueron rápido, con miedo que les disparen por la espalda.   

—Vámonos. Lleven y callen a esta basura. —Ordenó el capitán a sus soldados. Los soldados se acercaron. Uno de ellos le rompió el polo a Olmer, y con uno de los jirones se apresuró a rodearle y taparle la boca.

Otros dos lo levantaron a empellones jalándolo de los brazos. En el trajín, salió volando una sandalia de Olmer. Era de color fucsia. El capitán ve por donde fue la sandalia y también nota la pelota que quedaba como único testigo. El capitán Rompehueso patea la pelota hacia el arco.

—Gol, concha su mare, le metimos un gol a los terrucos. A este le meto la pinga y me dice dónde está su mando.

Y dirigiéndose a Olmer que caminaba en automático, le dijo:

—Oe, tus sandalias son de cabro. ¿Te gustan los hombres? Seguro que sí. Miren a este terruco maricón.

Los soldados ríen. Uno le agarra el trasero a Olmer.


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