EN PELOTA PICADA

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EN PELOTAS.
Esto es la historia de una venganza por una broma que hice a tres rapazas sin pensar ni por lo más mínimo que eso me traería un recuerdo que me acompaña aun sin descifrar el misterio de quien la llevó a cabo.
Teníamos que llevar las vacas a pastar a varios lugares y este era una pradera al lado del río, allí nos bañábamos en pelotas tanto chicas como chicos. Naturalmente separados, por que eso del bañador era desconocido para todos.
Tres chicas se bañaban y dejaron la ropa entre unos juncos un poco alejadas, eso lo aproveché para cogerla y alejarla de su vista para ver cómo reaccionaban al salir del río y no tener ropa que ponerse.
Su reacción al no ver la ropa fue entrar en pánico y empezar a llorar a lágrima viva. Al poco rato me presenté con su ropa diciendo que un perro la llevaba en su boca y yo se la había quitado y venía a devolverla, parece que la cosa no fue creída y me dedicaron unos cuantos piropos de aquellos tiempos.
Se tapaban las tetas con las manos,pero no les hacía falta, pues estaban muy lejos de empezar a brotar, como su vello o mi barba, todabía estábamos muy verdes faltaban años para que las peras o plátano estuvieran maduros, tanto en ellas como en mí. Era como cuando sale la flor en la naturaleza.
Pasó cierto tiempo,posiblemente un año y yo me bañaba como siempre y al salir mi ropa había desaparecido. Empecé a buscarla y no aparecía. Estábamos varios chicos y chicas cuidando las vacas, pero a mí me dio vergüenza presentarme desnudo y preguntar si alguien me la había escondido, así que esperé a que todos regresaran al pueblo y llegara la oscuridad para regresar sin que nadie se diera cuenta de mi tragedia.
Fabriqué un taparrabos con unos juncos y ramas y con esa extraña vestimenta regresé a casa, pensando qué decir a mis padres, esperando de premio unas buenas tortas por la pérdida de ropa. Mi madre se llevó las manos a la cabeza y se acordó de todos los Santos. La cosa no pasó a más pero pidió explicaciones de cómo llegué a ese estado tan lamentable tratando de descubrir quién o quienes me gastaron esa pesada broma.
Al tratar de buscar relaciones en el interrogatorio confesé que yo había gastado una broma parecida hacía tiempo a unas rapazas. Como las madres lo averiguan todo, interrogó a las muchachas y averiguó dónde se escondió la ropa, señalándome el sitio exacto donde estaba, para que la recuperara.
Como castigo no me dijo quién escondió la ropa y todavía estoy tratando de averiguarlo, a pesar de las sospechas y tener amistad con las sospechosas al recordarlo nos reímos y cada una dice que fue otra la culpable de tan tremenda faena.
No espero llevarlas a juicio, pues no encuentro testigos. Y como se pasó el plazo de reclamaciones pueden dormir tranquilas y contarlo a sus nietas o nietos.
¡Hasta otra!

 

 


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