IDEAFIX KAZAJISTÁN

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
2777 visitas

Marcar como favorito
Recomendación:
Lesbianvideos.co - Sólo relaciones íntimas entre mujeres

IDEAFIX KAZAJISTÁN

La sonrisa de Laura era extraña. Tal vez, pensé, tantos años maltratándola me habían hecho olvidar cómo era su sonrisa.

Me miró y empezó a reír, de pie, junto a nuestra cama. Retiré de un manotazo la sábana que me cubría. Al incorporarme sentí un desvanecimiento y un extraño peso sobre mi pecho. Su risa era cada vez más fuerte, hasta ahogarse en un silbido parecido al del llanto.

Me senté en la cama, pensé si seguía dormido. Empecé a recordar que la noche anterior había salido.

Laura conectó el televisor que había a los pies de nuestra cama.

- Esto te va a encantar. Te dejo sola.

¿A quién le hablaba? No entendía nada.

En la pantalla se inició un video. Me vi saliendo de casa la noche anterior. Laura me estaba grabando y oía su voz

–Adiós Gerardo, adiós pedazo de mierda.

La siguiente imagen me trajo a la memoria mi plan para aquella noche. Tenía una cita con una prostituta. Laura había grabado el momento en el que la recogía en mi coche. Lo que vi a continuación ya no lo recordaba.

Estaba solo en una habitación oscura. Podía ver en el video mi rostro con la mandíbula caída y los ojos entreabiertos. Un hilo de baba colgaba de mi boca.

En la habitación entró un hombre cuya cabeza afeitada brillaba al reflejo de la única luz que había en un rincón. Empezó a hablarme.

-Gerardo. Escúchame con mucha atención, vas a repetir conmigo estas palabras: Me llamo Lola.

Sin levantar la mirada, me oí musitar: -Me llamo Lola.

- Muy bien Lola. Te llamas Lola y eres una mujer de veinticinco años. 

De nuevo, como un autómata repetí lo que me decían. Mirando el vídeo empecé a impacientarme y me invadió un extraño temor. 

- Lola, te gustan mucho los hombres. A partir de hoy sólo desearás hacerles mamadas y que te follen por detrás.

Empecé a temblar, sentado en mi cama.

 - Lola vas a coger todo el dinero que tienes y con él vas a transformar tu cuerpo para parecerte a Sofía Vergara.

Me lancé al cuarto de baño, encendí su luz, y en el espejo vi que yo era ella. Joder, qué me habían hecho. Mi cara no era la mía, era como la de una muñeca hinchable. Tenía los pechos y el culo enormes. Sólo entre las piernas conservaba los testículos y el pene, pero noté que estaban reducidos. Me los toqué, me los palpé. No todo estaba perdido.

Desde el baño oía la voz del hombre.

- Lola, ahora empezarás una nueva vida.Tu dueña es Laura, ella tiene la llave para despertarte de esta vida. Cuando lo haga no recordarás nada de lo sucedido.

Volví ante la pantalla del televisor. Laura apareció en ella, sonriendo.

-Capulla, ahora eres mía. Te vas a enterar.

En una secuencia rápida de imágenes vi todo el proceso de operaciones y tratamiento hormonal que me habían hecho. Mi rostro tenía siempre la misma expresión bobalicona y sonriente. 

De nuevo un primer plano del rostro de Laura hablando a la cámara.

- Antes de empezar a convertirte en mujer hice que firmaras una carta a tus empleados y a tus amigos, a tus padres, diciéndoles que habías decidido cambiar de sexo y que querías que te llamaran Lola. Después vendimos la empresa y me ocupé de que cumplieras con tu nuevo trabajo. Has trabajado mucho y muy duro. – Añadió sonriendo.

Siguieron a sus últimas palabras una sucesión con rapidez vertiginosa de imágenes. Tuve que suponer que aquel cuerpo y rostro era yo, vestido con minivestidos brillantes o en ropa interior, haciendo mamadas dentro de coches, en servicios públicos, en un vagón del metro, siendo penetrada en sofás de antros mugrientos.

De nuevo el rostro de Laura apareció en la pantalla.

- ¿Qué te ha parecido Lola? Mucho mejor que Gerardo, verdad.

Empezó un nuevo video. Me vi entrar a una gran sala, contoneándome, con la misma expresión embobada y sonriente. Vestida con una combinación verde oliva bordada con hilo de plata, unas braguitas, un liguero y un sujetador, medias negras y tacones altísimos. Sentados en sillas, en corro a mi alrededor, debía haber no menos de veinte hombres. Uno de ellos se levantó, empujándome de los hombros hizo que me arrodillara. Abrió su bragueta y puso su pene en mi boca. Empecé a lamérselo con delectación. Uno a uno cada hombre fue haciendo lo mismo. Yo no dejaba de sonreír, ¿yo? Yo no, aquella puta no era yo.

Oí que Laura entraba de nuevo en casa. Me abalancé sobre ella, agarrándola por el cuello.

-Qué me has hecho, puta, te voy a matar.

Sin dejar de sonreír, con un susurro, me amenazó.

- Si no me sueltas, si me matas, en cualquier momento oirás de nuevo la palabra mágica y volverás a no enterarte de nada. Y esta vez querrás que te construyan una bonita vagina. No vas a dejar de ser mi zorrita, Lola. Pero ahora te toca vivirlo a ti, eres mi esclava y si crees que puedes librarte de mi estás muy equivocada. Vístete, es tarde y te esperan clientes.

-Pero yo no sé arreglarme, vestirme, ni moverme como una chica.

- Sí que sabes, y muy bien. Aunque hayas estado hipnotizada, este último año tu cerebro ha asimilado toda la feminidad que se te ha inducido. Toma, hoy te pones esto.

Un mono corto de paillettes rosa, unos pantis de rejilla y un par de botas blancas. Me negué, tirándole las prendas a la cara.

- Vas a tener que aprender a obedecerme. No tienes otro remedio. A partir de hoy vas sentir lo que hiciste sentir a tantas mujeres y me hiciste sentir a mí. Te guste o no te guste.

Me levanté, de reojo vi de nuevo mi cuerpo en el espejo del tocador, maquillada, con la lencería adornando mis grandes senos y nalgas. No podía consentirlo.

Me incliné a recoger las prendas que había tirado a Laura, y al levantarme le di un cabezazo en el vientre, derribándola y poniéndome sobre ella a horcajadas, sujetándola por las muñecas.

- Vas a saber Lola qué pasa si no me obedeces. Ideafix.

En mi mente saltó un resorte. Solté sus muñecas, y sin levantarme empecé a gatear por la habitación, imitando la respiración de una perrita, lamiéndole a Laura las mejillas. No podía evitar hacerlo, no conseguía dominarme a mí mismo.

Laura se puso en pie y chasqueó sus dedos. Al instante, dejé de gatear y me incorporé.

-No lo olvides, soy tu dueña. Vístete, ¡ya!

Sonó el timbre de la puerta, Laura la abrió y regresó con un magrebí. Vi que el hombre le entregaba a Laura un fajo de billetes. 

-Ahora te vas con él ahí dentro y cumples con tu deber.

Me puse de rodillas.

-Lo siento Laura, siento mucho todo lo que hice, perdóname, pero no me hagas esto.

Me levantó, tirándome del pelo y me dio una patada en la entrepierna. Caí, presa del dolor, mientras las lágrimas asomaban en mis ojos. 

- No hay perdón Lola. Se terminó. Ahora vas a complacer a nuestro cliente. Te condeno a ser puta el resto de tus días. Oye bien -se acercó a mi oído- Ka, za, jis, tán.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.