Cuadros temperamentales

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A pedido de la señora, el dueño del camión de mudanzas, que tenía cierta urgencia por cuenta de un inconveniente de orden bancario, se dispuso a dejarle a su ayudante para que la ayudara con la acomodación de los muebles. 

   "Eso sí, tendrá que darle un extra", le aclaró el hombre. 

   "Sin problema", dijo la señora. 

   El muchacho empezó a acomodar los muebles donde la señora le indicaba, lo que era más pesado lo hacían juntos, el resto lo hacían por cuenta propia. En un cierto momento la señora le pidió al muchacho para que le hiciera el favor de clavar en diferentes lugares de la pared del living los clavos donde pensaba colgar unos cuadros que aún estaban empaquetados. Terminado el trabajo el muchacho, viendo que la dueña estaba atareada en otra habitación, se ofreció a colgarlos. 

   "Bueno, Enrique, te agradezco que me hagas el favor", le dijo y le indicó los lugares de cada cuadro.

   "El del gato lo quiero cerca de la ventana, el de la brujita más acá y el del lustrabotas al lado de la puerta. Eso sí, no repares en ellos porque suelen ser muy temperamentales. Los he pintado yo, de manera que no son grandes obras de arte", le dijo y se fue a terminar de acomodar lo que faltaba en su habitación. El muchacho desenvolvió los cuadros y se dispuso a colgarlos según le indicara la señora. Primero colgó el del lustrabotas, luego el de la bruja y por último el del gato después retrocedió un paso para contemplarlos mejor. La verdad, como le había dicho la señora, no eran gran cosa aunque no llegaban a ser mamarrachos, pero en general les pareció una porquería. 

   "La señora que es tan amable que me disculpe, pero hasta un niñito pintaría algo mejor que esta basura", murmuró por lo bajo. Y dicho esto se dio vuelta y ya iba a llamar a la señora para nuevas instrucciones cuando sintió un ardor en el lado derecho del cuello. Inmediatamente se llevó una mano al cuello y vio que sangraba, entonces se dio vuelta rápidamente y para su sorpresa vio que el gato, amenazante, desde el cuadro le mostraba sus garras. Asustado por lo surrealista de la situación que estaba viviendo se hizo a un lado. En eso sintió un golpe en la nuca que lo dejó medio atontado, pero al volverse para ver quién lo había golpeado con pavor comprobó que había sido la brujita, que aún balanceaba intimidatoriamente la escoba con ambas manos. El muchacho no lo pensó mucho y empezó a correr hacia la puerta, pero el limpiabotas estiró como un elástico una pierna haciéndolo caer. 

   La señora oyó un alarido y salió corriendo de la habitación dejando caer en la cama la ropa que tenía en las manos. No bien llegó al living se encontró que no había nadie. Llamó por el muchacho, pero éste no le contestó. En eso vio pasar una sombra por la ventana y cuando fue a ver de quién se trataba vio que era el muchacho corriendo a toda velocidad por el jardín hacia la salida, a la cual llegó en dos saltos para desaparecer calle abajo. 

   "Pero ¿qué le habrá pasado a ese muchacho?", se preguntó, visiblemente preocupada. Miró alrededor, pero todo estaba en su lugar, apenas unas gotitas de sangre en el piso la llevaron a pensar que el muchacho, que parecía tan fuerte, en verdad era un tremendo cagón para salir corriendo por tan poca cosa. 

                                                                       Fin. 


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