El armario de caoba

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Las hermanas de León, Corazón, la mayor, y Alma, hijas de inmigrantes españoles que llegaron a estas tierras huyendo de la guerra civil, habían quedado huérfanas a temprana edad, y heredado una considerable fortuna que les hubiera proporcionado un buen pasar hasta el fin de sus días, si el tutor desalmado y un abogado sinvergüenza no les hubieran rapiñado hasta el último centavo, dejándoles apenas la casa y los muebles. Las hermanas, inútiles en un mundo que es igual de despiadado que el ex tutor y el abogado, acabaron sobreviviendo con lo justo gracias a sus bordados. Arte primoroso aprendido de la madre a la cual le había sido transmitido por la suya cuando, aún niña moza, vivía en Santa María de Benquerencia, a orillas del río Tajo, en el casco viejo de la ciudad de Toledo; arte proveniente de oriente, dejado por los moros como herencia de su exquisita cultura. 

   El destino ingrato de las huérfanas quiso que ningún varón se interesara en ellas cuando nada tenían para ofrecer más que un caserón viejo edificado en una zona sin proyección de futuro (la urbe creció en la dirección opuesta); y para peor de males la belleza las abandonó apenas alcanzaron la adolescencia. Así, las hermanas de León fueron envejeciendo dentro de un mundo que cambiaba para peor, donde sus bordados empezaron a ser considerados obsoletos, fuera de moda, sin interés, por lo tanto cada vez con menos demanda. Con la decadencia envolviendo sus vidas en su tejido miserable, día a día y sin respiro, no tuvieron otro remedio que deshacerse poco a poco de sus bienes, despidiéndose a cada venta con mirada melancólica de las cosas que no se iban simplemente, sino que morían. Primero fueron las vajillas de Triana y Valderomillo de las cuales conservaron lo mínimo indispensable para el uso de las dos; después fueron las pinturas, que si bien pertenecían a autores ignotos, lo retratado, paisajes en su mayoría, era de extrema belleza; a lo anterior le siguió la platería, conformada por piezas provenientes de Castilla, Aragón, de la propia Toledo y del país; los cortinados de varias regiones de España; los hermosos vestidos de su madre y los trajes del padre, que un miembro de una comparsa compró por menos que nada, y por último aquellos los muebles que nunca serían usados. Menos un armario de caoba que se negaron a desprenderse so pretexto de ser el mueble preferido de sus padres. 

   Apenas les llegaron las enfermedades propias de la vejez el lamento de la muerte empezó a rondarlas desde lo invisible, que son todos los lugares a la vez; y como un designio inmutable que había marcado sus vidas haciendo que las mismas cosas le sucedieran casi simultáneamente, como si fueran gemelas, una noche, al fin, la parca les sesgó la vida de un solo guadañazo mientras, sentadas sobre un sillón delante del armario, recordaban tiempos idos (cuando la felicidad era suya) y a la prima Paloma Blanca de la Paz; particularmente por la ocasión del viaje que hiciera desde Madrid, exclusivamente para conocerlas. Por desgracia no había sido en buena hora porque en ese entonces la miseria ya las había alcanzado casi por completo. Por lo tanto su visita más que traerles alegría trajo rencor y envidia. Paloma reflejaba, con atroz antagonismo, sus carencias y desgracias, era hermosa y libre, tenía un buen pasar y, si bien aún era soltera, un apuesto joven la aguardaba en su tierra natal. Malos atributos que las hermanas  interpretaron como burla del destino cuando no tenían más arma para defenderse que aquello que una mente oscura puede concebir. 

   Varios días después de la muerte de las hermanas, la osamenta traspasó las puertas del caserón y alertó a algún vecino que llamó a la policía. Los agentes se quedaron boquiabiertos cuando, al abrir el armario de caoba, encontraron un esqueleto humano vestido de mujer. Entre los huesos de una mano sostenía una fotografía casi borrada de un hombre joven. En el dorso tenía escrito la siguiente dedicatoria: "Para Corazón y Espíritu, con todo mi amor", pero las letras parecían estar superpuestas sobre otras que no fueron debidamente borradas. Debajo de los nombres de las hermanas aún podía leerse: "Para Paloma Blanca, con todo mi amor". 

                                                            Fin. 


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