El último tren - parte 2

Por
Enviado el , clasificado en Cuentos
76 visitas

Marcar como relato favorito
Recomendación:
Libros de narrativa y ficción - Consulta las novelas y libros de narrativa (novelas) más populares de Amazon

II 

Francisco volvió a las diez menos diez, se sentó en un banco de afuera y se quedó allí, viendo llegar el tren de las diez y viéndolo partir. Como le diera sueño a eso de las doce se recostó en el banco y se durmió.

   Los silbatos de un tren que se acercaba lo despertaron, venía desde la capital. Consultó su reloj: las dos y media. Entonces estaba cierto y, por lo visto, era el único que lo estaba, porque nadie apareció, ni el jefe de la estación. Pensó en llamarlo para que le explicara por qué le había mentido, pero desistió porque supuso que el hombre tendría sus razones para haber actuado así. Se trataba de un tren de pasajeros; cuando se detuvo vio a través de las ventanillas a algunos pasajeros, sin embargo nadie bajó, solamente el guarda, que al ver a Francisco allí sentado mirando hacia él le preguntó si tomaría el tren o no.

   No, solo vine a ver el tren que nadie parece oír, solo yo, respondió Francisco

   Por algo será, ¿no lo cree así? Dígame, ¿Hacia dónde le gustaría ir?, le preguntó el guarda. Francisco mientras miraba el resplandor del pueblo por encima de las sombras de los paraísos que bordeaban la calle de tierra sobre la margen derecha de la estación, supuso que se trataba de una broma. 

   Como gustarme, me gustaría ir a un lugar lejos de aquí, pero son tantos, le dijo. El guarda, mirándolo fijo a los ojos, respondió: 

   Entonces, tenga el favor de subir que ya vamos retrasados. Francisco dudó un instante, ¿de qué se trataba todo aquello? El guarda insistió:

   Mire, jovencito, es ahora o nunca. Francisco pensó en las palabras del guarda: "es ahora o nunca", entonces sintió como si una fuerza invisible le abofeteara la cara y con ello se le cayera una venda que, sin nunca antes haberla percibido, le había estado cubriendo los ojos desde siempre. 

   No tengo boleto, dijo apenas. El guarda consultó el reloj.

   Eso no es excusa, respondió finalmente. Entonces Francisco se puso de pie, miró por última vez su bicicleta recostada en la pared, junto al banco, y se escuchó decir como se escuchan las palabras cuando son leídas. 

   Tiene usted toda la razón, dijo y de un salto subió al tren. 

                                                                Fin. 


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Diseño web para pequeños negocios, rápido y barato Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed