El rescate - parte 2

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III

Durante el viaje de regreso a la tierra, el capitán Slaesh se enteró, por medio de un sobreviviente, que la mayoría de los soldados y los médicos del último relevo se vieron envueltos en una serie de acontecimientos locales fortuitos. Algunos habían sido asesinados y otros, encarcelados, al final, debí­an fingir ser terráqueos y como tales estaban sujetos a las leyes y formas de vida del planeta; con lo que el príncipe quedó, ya sin ninguna ayuda externa, a merced de los designios de los hombres. 

   Por su origen real, el príncipe poseía ciertos poderes que eran inexplicables para los humanos, con lo que le atribuyeron origen divino, pero lo que más ayudó a la propagación de la superstición fue el hecho de que el príncipe empezó, desde muy joven, a hablar sobre ello, haciendo énfasis en que su padre era un dios poderosísimo. Todo esto hizo posible que, a través de los años, fuera venerado y seguido por unos tanto cuanto odiado y temido por otros en la misma medida, lo que terminó siendo brutalmente asesinado por los últimos. 

   El comando de rescate al mando del capitán Slaesh llegó tres dí­as después del hecho, cuando en la ciudad no se hablaba de otro asunto. Pero tenían un problema, un gran problema: su cuerpo había desaparecido y nadie, o pocos, sabían dónde podrí­a estar.

   "Señor, todavía tenemos algunos días más para encontrarlo y revivirlo", le dijo el jefe médico a Slaesh, al notar en su semblante una profunda preocupación.

   Slaesh no quería ni pensar en cómo le daría semejante noticia al rey si no llegaban a tiempo dónde el cuerpo del príncipe. No concebía que tanto sacrificio demandado pudiera terminar en fracaso. 

   "Confío en que unos de los nuestros consiga alguna información rápidamente que nos lleve hasta el cuerpo del príncipe. El tiempo apremia, doctor, y debemos actuar con prontitud", respondió Slaesh. Al poco tiempo Glidash, segundo del capitán Slaesh, que a pedido de éste debí­a acercarse a la madre substituta, apareció trayendo buenas noticias: 

   "Señor, señor, el cuerpo del príncipe se encuentra no muy lejos de aquí­, dentro de una cueva", .

   "Buen trabajo, Glidash. Tú, Arnesh, ponte en contacto con el resto del comando y diles que vuelvan aquí de inmediato", ordenó Slaesh. 

IV 

   "Allí, señaló Glidash, al pie de aquella montaña rocosa". Algunos seguidores del príncipe estaban de vigilia delante de la cueva, entre ellos Slaesh reconoció a la madre terráquea del  príncipe. 

   "¿Qué haremos ahora, señor?", preguntó Glidash. 

   "Vamos a abducirlos y luego tratamos al príncipe y después nos largamos de inmediato", respondió Slaesh, mientras sacaba su arma. El capitán ajustó los controles y luego dio un grito para llamar la atención. Todos se voltearon hacia el lugar de donde provino el grito, en ese momento Slaesh accionó su arma. 

   Pasaron entre las estatuas humanas hasta la entrada de la cueva y luego hicieron rodar la pesada placa de piedra circular que obstruía la entrada. 

   "¡Rápido, empujemos!", ordenó Slaesh y entre todos hicieron rodar la piedra. El cuerpo de príncipe reposaba sobre una piedra rectangular. El médico y su equipo se pusieron inmediatamente a trabajar, inyectándole una substancia revitalizadora que lo hizo saltar inmediatamente sobre la cama de piedra. A seguir le suministraron un potente sedativo.

   "Cuando despierte ya estaremos en Reiser, capitán", le dijo el jefe del equipo médico a Slaesh, que observaba con pesar el estado lastimoso del príncipe provocado por las innumerables heridas sufridas. Luego Slaesh se comunicó con la nave principal, que se encontraba a la espera en el desierto. Dos minutos más tarde aterrizó cerca de la cueva. Slaesh esperó a que todos subieran para deshacer la abducción, luego saltó dentro de la nave que partió como un rayo del lugar. Cuando los seguidores del príncipe dieron por sí la nave ya era una estrella más confundida entre los millones de ellas que tachonaban el firmamento aquella noche. 

                                                               Fin.


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