Los Borges - parte final

Por
Enviado el , clasificado en Cuentos
46 visitas

Marcar como relato favorito
Recomendación:
Deviajeros.es - La página de referencia para planificar tus viajes y vacaciones

VII- HOY COMO AYER 

Toc toc toc. Alguien llamaba a la puerta desde hacía bastante tiempo.

   Pero, qué tipo más porfiado, no ve que nadie atiende, se quejó Rogerio a su esposa .

   ¿Qué nos habrá quedado por pagar este mes?, pregunto Laurete. 

   Todo, desde hace ocho meses. Esta vez batimos nuestro propio record que era de siete meses en la quiebra anterior, aclaró Heidy. 

   ¿Y de cuánto disponemos ahora, Laurete?, preguntó Rogerio.

   No disponemos de nada, ni una moneda. Lata raspada, respondió con tristeza Laurete. 

   Tengo un presentimiento, dijo Baby. 

   Toc toc toc. Continuaban llamando a la puerta.

   Pero ¿quién podrá ser? Sin duda es un acreedor, pero ¿de qué? Insistía Rogerio, no encontrando una respuesta.

   Es muy fácil descubrirlo, papá. Heidy pareció tener una idea. 

   Mmm, musitó el padre.

   Descarta a las tres o cuatro personas en la ciudad a las cuales aún no le has pedido dinero prestado y tendrás a tu cobrador, entre los miles que sobran digo, dijo sarcásticamente Heidy. 

   ¡Heidy! Qué disparate se te ocurre en esta hora, la reprendió Laurete.

   Papá, para que Heidy no piense mal de mí­, empezó a decir Baby, te comunico que no incluí en mi nueva lista de regalos, los faltantes acumulados en los últimos ocho meses, ¿ok? Heidy miró de soslayo a su hermana y pensó que la chiquilla, o estaba entendiendo cómo funcionaba la vida o simplemente estaba dándole una chance a su padre porque pataleara lo que pataleara no conseguiría que le comprara ni un miserable chupetín.

   Gracias, mi amor por tanta generosidad, consideración y desinterés, le respondió su padre.

   Solo te lo recuerdo por si acaso. ¿Ya te he dicho papá, que tengo un presentimiento?, volvió a insistir Baby. 

   Yo también tengo uno, dijo su madre. 

   Y yo, acotó Rogerio. 

   Heidy trató de adivinar los tres presentimientos. Baby presentiría que era la fortuna que volvía a golpear a su puerta. ¿Bajo qué aspecto?, seguramente no lo sabría, pero que sería la fortuna, sería. Ya su madre con certeza debía creer que también era la fortuna insistiendo para entrar. ¿De qué manera?, con certeza lo ignoraba, pero que sería la fortuna, sería. y de su padre pensó que también él esperaba que fuera la fortuna. ¿Con que cara?, no tendría ni idea, pero que sería la fortuna, sería. 

   ¿No es mucha coincidencia que los tres tengamos un presentimiento, Papá?, dijo Baby.

   Por qué no nos cuentas el tuyo, quién sabe coincide con el de papá y mamá. Ya sabes que la unión hace la fuerza, desafió Heidy a su hermanita, solo para confirmar su sospecha.

   Muy bien, yo tengo el presentimiento que es otro mensajero con la noticia de que somos otra vez ricos, dijo Baby. 

   Y tú, papá, ¿cuál es el tuyo?, ahora quería cerciorarse si el padre pensaba igual que Baby. 

   Yo creo que se trata de una segunda herencia, dijo el padre. Baby empezó a estregarse las manos y su padre a dibujársele una sonrisa.

   "¿Y tú, mamá? Faltaba la confirmación de su madre. 

   ¡Basta, Heidy! Deja a tu padre pensar, que no estamos para bromas, dijo Laurete, irritada.

   ¡Vamos gente, abran la puerta y dejen que la fortuna venga a nosotros una vez más!, estalló Baby, que siempre pensaba con positividad.

    Solamente hay que abrir la puerta y ver quién es y qué quiere, papá. Quién sabe vienen a ofrecerte un trabajo, dijo Heidy, que también estaba irritada, solo que su forma más efectiva de irritarse era usando la ironía más cáustica.

   ¡Tuerce la boca hacia otro lado, Heidy! No me quieras tanto, dijo Rogerio, persignándose, mira mis inmaculadas manos, tan delicadas, ¿acaso quieres verlas con callos? Heidy sintió pena de su padre.

   Toc toc toc. El enigma continuaba.

   ¿La familia Borges?, dijo una voz por fin.

   Dijo la familia Borges, mi amor, dijo Laurete, buscando en la mirada de su marido un parecer. Pero quien dio su parecer fue Heidy. 

   Eso significa que es a nosotros a quien busca. 

   Eso ya lo sé hija, gracias por la ayuda, contestó Rogerio, contrariado. 

   Papá, no puede ser ningún cobrador o prestamista, ellos usan otras palabras y emplean otros métodos para hacer que la gente les abra la puerta, dijo Baby, mostrando que sobre ciertos asuntos sabía algo. 

   Shhh. Yo sé lo que tengo que hacer, dijo Rogerio y en seguida se acercó a la puerta y miró a través de la mirilla. El hombre del otro lado vestí­a saco y corbata. Rogerio miró a su hija Baby, los cobradores y los prestamistas no visten así, habí­a dicho ella. Entonces se decidió a responder:

   ¿Sí­?, dijo tímidamente. 

   ¿Aquí vive la familia Borges?, preguntó el hombre. Rogerio esbozó una sonrisa, miró a Laurete, miró a Baby, pensó en los presentimientos y, finalmente, respondió: 

   Depende. 

                                                            Fin. 


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Diseño web para pequeños negocios, rápido y barato Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed