QUERIDA EMBUSTERA.

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SU LADRONZUELO. 

En lugares de unos 120- habitantes. (ahora ni veinte) Si unos vecinos no se hablaban con otros, eso lo trasladaban a sus hijos para fomentar odios hacía ambas familias. 

Esto hizo que una muchacha y un muchacho. Tanto por parte de él como de ella no se dirigieran la palabra y huir uno del otro, mirándose con odio sin comprender el motivo. 

El muchacho encontró medio lapicero en la calle. Se lo quedó sin decir nada a nadie. Una vez que lo necesitó lo llevó a la escuela, al verlo la chica lo reconoció y dijo en plena clase que se lo había robado, llamándole ladrón Abochornado ante la clase juró vengarse cuando la pillara sola por tan falsa mentira. 

Ese día llegó. Se enzarzaron en una discusión, ella le escupió a la cara afirmando que se lo había robado, que ella no lo había perdido. Eso ya fue demasiado. Se lanzó sobre ella la tiró al suelo y alguna torta le dio. Ella empezó a llorar como una Magdalena, él la levantó diciendo que si le podía perdón eso estaba olvidado. Se abrazo a él llorando y jurando que jamás lo volvería a decir y quedarían como unos buenos amigos. 

Tenían sobre doce años. (de antes) desde ese día se miraban dirigiéndose alguna sonrisa de vez en cuando. La cosa cambió al encontrarse otra vez en el campo solos. Ella le llamó ladronzuelo está vez. Desconcertado se lanzó sobre ella cayendo los dos al suelo, ella con una sonrisa le abraza diciéndole que era una broma, que no la pegue cosa que él no hace. Su amistad salió muy reforzada de ese trance. 

Eso les gustó a los dos. Desde ese día procuraban encontrarse lo más posible solos y repetir esos juegos como unos cachorros que aprenden por puro instinto No hubo nada de sexo. Él era un pobre pardillo y ella más o menos en ese tema. La vida los separo. Él marchó primero a trabajar, tardó años en volver al pueblo. Ella también se fue, pasarían unos cincuenta años en volver a coincidir con ella en el pueblo. Ella con una garrota, el con rodilla postiza.  

Al verse se les saltaron las lágrimas a los dos, dándose unos abrazos y besos. (de abuelos) Ella le llamó su ladronzuelo, él su querida embustera. La vida cambió mucho ya no hay contactos casi con los de aquella época, ni familias que se odien sin que los hijos sepan el motivo y cada uno va a su bola. Solo quedan recuerdos de una época de miseria, pero con sus pequeñas alegrías que jamás volverán. (Con cariño a mi querida embustera.) 


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