Lo que no haces te lo hacen

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Mientras esperaba el almuerzo miraba la gente pasando por la vereda. De pronto pasaron dos pibes de unos doce o trece años, pasaron despacio y me miraron detenenidamente un momento, pero sin detenerse. Al rato los volví a ver; se apoyaron en un quiosco de revistas abandonado y se quedaron conversando y riendo, pero las veces que desvié la vista hacia ellos no me miraban, si la acción era recíproca, en ese momento lo ignoraba. Después supe que me engañé. Por fin, apareció el mozo con los tallarines y el bife, bien jugoso como me gusta, y la Coca. Iba por el tercer bocado cuando presentí una sombra cerca de la vidriera, uno de los pibes se apoyó en el vidrio, parecía estar pasando mal. De pronto empezó a hacer arcadas y en seguida enchastró el vidrio con un somero vómito, viscoso, blanco y con algunas manchas rojas, como de sangre. Aquella asquerosidad resbalando lentamente sobre el vidrio me quitó el apetito de inmediato. Noté que el amigo se acercó para socorrerlo justo cuando yo agarraba el maletín. Fui directo a la caja, pagué sin decir nada, creo que tanto el dueño del restaurante como el mozo aún no se habían dado cuenta de nada. Cuando salí a la calle el aire fresco me quitó algo de la náusea que sentía. Apenas pisé en la vereda vi una caja de frutillas y algunos envases de yogurt tirados al lado del quiosco, justo donde estaban parados los pibes, y asocié el malestar con aquello, en seguida seguí hacia la esquina donde esperé que el semáforo me habilitara el paso para cruzar a la plaza. Entonces volví a ver a los dos pibes, estaban sentados en un banco riendo como locos, pero no me vieron pasar por ellos. Uno decía, trastabillando las palabras por la risa: "Viste la cara de boludo que puso el tipo, seguro que paró de comer en el acto". En ese momento yo sonreí porque siempre tuve ganar de hacer exactamente el mismo chiste cuando era pibe como ellos, pero finalmente crecí y ya fue demasiado tarde para ese tipo de ocurrencia. 

   Lo que no haces te lo hacen, me dije, mientras seguía a la oficina. 

                                                                   Fin.


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